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La Reaparición de Cristo

La Reaparición de Cristo

La Reaparición de Cristo

En la hora actual numerosas religiones esperan la venida de un Avatar o Salvador. Esta nueva venida de Cristo como Instructor mundial para la era de Acuario es presentada en esta obra como un acontecimiento inminente, inscribiéndose de manera lógica y práctica en la continuidad de la revelación divina a lo largo de las edades. Cristo pertenece a la humanidad entera. Es preciso reconocerlo y comprenderlo como "la misma gran entidad en todas las religiones del mundo".

Rústica, 84-7808-253-0 / 978-84-7808-253-7, 206 páginas

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"Para la salvación de los justos y la destrucción de aquellos que hacen el mal, para el firme establecimiento de la Ley, Yo vuelvo a nacer edad tras edad." Así dice el conocido pasaje del Bhagavad Gita (traducción de Prabhavananda e Isherwood), expresando la eterna esperanza del corazón humano. En este libro, la reaparición de Cristo se reconoce como inevitable dentro de la continuidad de la revelación divina. No sólo la Deidad jamás se ha quedado sin testigo, sino que en períodos definidos en la historia de la evolución humana, la "palabra de Dios", la potencia proyectada de Su existencia vital, se ha manifestado en la forma con el propósito de establecer los principios a ser demostrados durante el próximo ciclo.

En todas las épocas, ha habido tales mensajeros, manifestándose a través de una u otra de las grandes religiones mundiales o siguiendo una nueva forma de religión basada en la nueva revelación. Sin embargo, la revelación Divina y la aparición periódica de mensajeros, o Avatares, ocurre según la ley cósmica, cuando existen ciertas condiciones en el esquema entero afectado, y afectando cada parte, grande y pequeña. Entonces una cadena de acontecimientos, que deben actuar bajo la ley en el futuro, se pone en marcha.

La parte que nuestro pequeño planeta Tierra juega en este intrincado y fluido sistema de interrelaciones parece ser de vital importancia en este momento. En este libro, se sugiere la trascendencia esotérica y planetaria de la reaparición de Cristo como causa subyacente para Su servicio Acuariano a la humanidad. Éste es el principio y el fin de una era -- el principio de Acuario y el fin de Piscis – indicando también un punto crucial trascendental en la evolución de la conciencia humana, de la necesidad individual a las necesidades de la humanidad entera, de la salvación personal al servicio mundial, y del materialismo a la espiritualidad. Parece que esta transición culminante debe estar "marcada" en ambas fases, principio y fin, por Cristo mismo, y un principio anclado en la conciencia humana, que incluye no sólo el amor de Dios establecido durante la era de Piscis, sino también la nueva potencia del futuro, la "Voluntad" de Dios, en la que sólo Cristo fue absorbido completa y perfectamente.

La inminencia de la reaparición del Cristo es percibida y esperada por muchos, perteneciendo como representante a toda la humanidad sin tener en consideración el credo y la doctrina religiosa. "Él a quien todos los hombres esperan" determinará la forma y el momento de Su aparición y el campo de su trabajo, de modo que no cree divisiones o separaciones, religiosas, sociales o ideológicas entre los hombres. Él viene no sólo como el Primogénito de Dios, sino como Cabeza de la Jerarquía espiritual, el gobierno interno del planeta. Por consiguiente, Él es un dirigente mundial, representando el Reino de Dios, y cumpliendo una función definida en el mundo de los hombres. Él viene para establecer a través del precepto y el ejemplo en el servicio mundial, los principios en los que un mundo unido, interdependiente e interactivo puede crear sus nuevos sistemas materiales e instituciones espirituales para la nueva civilización. La preparación para la segunda venida es responsabilidad de la humanidad; a aquéllos que saben y aceptan el retorno inminente de Cristo, les corresponde preparar las mentes y los corazones de los hombres para reconocerLo y recibirLo, y para crear esas condiciones de equilibrio y alineamiento espiritual que finalmente Le atraerán entre nosotros. No importa qué mensaje o revelación pueda personificar Cristo cuando venga, no importa qué principio o energía pueda fijar en la Tierra para uso humano, Él no viene para salvar a la humanidad de los resultados de sus propios pecados, sino una vez más para mostrar a la humanidad cómo salvarse en las nuevas condiciones y las nuevas oportunidades con las que el mundo se enfrenta.