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086-089

[86] Humildad,
[87] Ideas e Ideales,
[88] Identidad,
[89] Iluminación

[86]

HUMILDAD

(1). También puntualizaré con toda la claridad y la fuerza de que dispongo, la grande y profunda necesidad de humildad y su expresión constante. No me refiero aquí al complejo de inferioridad, sino a ese ajustado sentido de correcta proporción, que da a su poseedor un equilibrado punto de vista respecto de sí mismo, a sus responsabilidades y al trabajo de su vida. Si posee tal humildad, le permitirá con desapasionamiento observarse a si mismo y a las oportunidades ofrecidas. Sin duda todos los discípulos, ustedes entre ellos, han especulado acerca de su estado y posición en el sendero, como el de sus condiscípulos. Después de todo, ello es natural y humano. Algunos de ustedes son demasiado humildes en el sentido personal, pero no en el sentido de la verdadera humildad. Con esto quiero significar que temen tanto al orgullo, al envanecimiento y a la sobrestimación de sus capacidades, que no son veraces acerca de la realidad, empequeñeciendo el poder de sus almas. (5 - 101)

(2). Debe también cultivar esa verdadera humildad que lo obligará a dar todo lo que tiene para servir altruistamente y luego olvidar lo que dio de sí mismo. No debe considerarse un factor indispensable. Sólo cuando el desapego y la humil­dad están presente, puede un discípulo servir en realidad. (5 - 387)

(3). Piense humildemente, hable sabiamente y trabaje incesantemente. (6 - 477)

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[87]

IDEAS E IDEALES

(1). En el reino de las ideas la humanidad no tiene libertad de acción...Una vez que la idea se convierte en ideal, la humanidad puede aceptarlo o rechazarlo libremente, pero las ideas provienen de un origen superior y son impuestas a la mente racial, quiérase o no. Del uso que se haga de esas ideas (emanaciones divinas, encarnando el plan divino para el progreso planetario) dependerá la rapidez el progreso humano o su demora, por falta de compren­sión. (9 - 10)

(2). Aunque todavía prevalece el materialismo, hay pocas personas que no están animadas por ciertas aspiraciones idealistas y definidas, por las que estarían dispuestas a sacrificarse si fuera necesario. Este es un fenómeno relativamente nuevo que debería ser cuidadosamente observado. En el tras­curso de las edades, grande hijos de Dios han estado dispuestos a morir por una idea; hoy existen masas enteras de hombres igualmente dispuestos a morir y lo han hecho, ya sea por la idea de un estado, imperio o nación superhumanos, por una respuesta a una necesidad mundial o fundamental, o por una marcada adhesión a alguna ideología actual. Esto indica una extraor­dinaria realización racial y el destacado éxito de la Jerarquía al trasladar la atención humana al mundo de donde surgen las ideas, elevándola hacia valores más altos y menos materialistas. (9 - 85)

(3). Para nuestro propósito, la ilusión puede entenderse como la reacción de la mente indisciplinada al mundo de las ideas con el cual ha hecho recientemente contacto, que se efectúa desde el momento en que el hombre ha logrado el alineamiento y ha puesto en contacto la naturaleza inferior con la superior. Las ideas nos llegan del plano de la intuición. El alma ilumina los planos de la mente y de la intuición para que se revelen uno al otro y se evidencie su mutua relación. La mente del hombre (que está lentamente llegando a ser el centro de su conciencia y la mayor realidad de su existencia) se hace consciente de este nuevo e inexplorado mundo de ideas, se apodera de alguna idea o conjunto de ideas y trata de apropiarse de ellas. Al principio, en la mayoría de las personas y especialmente en el tipo místico común, la comprensión de las ideas es vaga y nebulosa y, frecuentemente, llega a ellas mediante la comprensión de otro. La iluminación, producida por el débil contacto con el alma, es considerada por el inexperto neófito como una maravilla suprema y de vital importancia. Las ideas con que ha hecho contacto le parecen portentosas, excepcionalmente insólitas y vitalmente necesarias para la humanidad.

Pero la mente está todavía autocentrada, el contacto es débil y el alinea­miento inseguro. Por lo tanto, las ideas son captadas sólo tenuemente. Lo excepcional de la experiencia, en el contenido realizado en la mente del discípulo, lo hace introducir profundamente en el reino de la ilusión. La idea o las ideas con las cuales ha hecho contacto son, si pudiera comprenderlo, sólo un fragmento de un Todo mucho mayor. Lo que aporta para su interpre­tación es inadecuado. La idea que ha surgido en su conciencia, por el parcial despertar de su intuición, será distorsionada de distintas maneras al descend­er a la conciencia cerebral. Su contribución, para materializar la idea y transformarla en un programa práctico y activo, es todavía completamente inadecuada. El equipo aún es deficiente e inexacto. (10 - 49)

(4). La ilusión se presenta por lo general de siete maneras:

1. Por errónea percepción de una idea. El discípulo no puede distinguir entre una idea y un ideal, entre una idea y una forma mental o entre un concepto intuitivo y un concepto mental.
La causa se debe a una mente no entrenada ni iluminada.
La solución consiste en aprender la disciplina de Raja Yoga.

2. Por errónea interpretación.
La causa se debe a la sobreestimación de los propios poderes menta­les. El pecado por excelencia de los individuos de tipo mental es el orgullo, y colora todas las actividades en las primeras etapas.
La solución consiste en el desarrollo de un espíritu cauteloso.

3. Por incorrecta apropiación de la ideas. La falsa apropiación de una idea está basada en la facultad de dramatizar y en la tendencia de la personalidad hacia la autoafirmación del pequeño yo. Esto hace que el hombre se apropie de una idea, la formule y, por lo tanto, le dé indebida importancia porque la considera suya.
La causa se debe a la sobreestimación de la personalidad y a la incorrecta impresión de las reacciones de la personalidad sobre la idea presentida y sobre quienes tratan de hacer contacto con la misma idea.
La solución se funda en un firme intento para descentralizar la vida de la personalidad y centrarla en el alma.

Quisiera aclarar un punto aquí. Las ideas muy raras veces llegan a la conciencia mundial y a la mente humana, directamente desde niveles intuiti­vos. La etapa actual de desenvolvimiento humano no permite aún hacerlo. Sólo pueden venir de los niveles intuitivos cuando existe un contacto con el alma, altamente desarrollado, un potente control de la mente, una inteligen­cia entrenada, un cuerpo emocional purificado y un buen equipo glandular, como consecuencia de los requisitos anteriores. Reflexionen sobre este con­cepto.

La mayoría de las ideas de orden muy elevado son atenuadas e introduci­das en la conciencia de un discípulo, por un Maestro, que las imparte por telepatía mental... Ciertas grandes ideas con las cuales se puede hacer con­tacto, forzándolas a corporificarse por medio de la entrenada atención de los discípulos, prevalecen como corrientes de energía en el plano mental. Dichas corrientes de energía mental, matizadas por una idea básica, son puestas allí por la Jerarquía. Cuando se la descubre y se establece contacto con ellas el neófito se siente inclinado a considerar su logro corno algo personal, atribu­yendo esta idea a su propia sabiduría y poder.

4. Por errónea orientación de las ideas. Esto se debe a que todavía el discípulo no ve el panorama tal como es. Su horizonte es limitado y su visión miope.
La causa se debe a una pequeña y no incluyente mentalidad.
La solución consiste en entrenar la mente a fin de que sea incluyente, bien equipada y desarrollada, desde el punto de vista de la inteligencia moderna.

5. Por errónea integración de una idea. Cada discípulo tiene un plan de vida y un campo de servicio elegido. Si éste no existe, no es un discípulo... Las ideas percibidas, con las cuales se hace contacto, no son necesariamente ideas con las que debe trabajar todo discípulo, y el discípulo no siempre comprende esto. Capta la idea e intenta integrarla a sus planes, procurando trabajar con energías para las que temperamentalmente no está preparado. Impone una corriente de energía sobre su cuerpo mental y no puede manejarla, produciéndose el consiguiente desastre.
La causa es la captación egoísta por parte del yo inferior, y, aunque el discípulo no se dé cuenta de ello, la idea de su propio desinterés le produce el espejismo.
La solución es un espíritu de humildad.

6. Por errónea corporificación de las ideas. Esto se refiere principalmente a las dificultades que encuentran esas almas desarrolladas que hacen contacto con el mundo de la intuición...Se establece contacto con la idea, pero es erróneamente revestida de materia mental y, por consi­guiente, incorrectamente lanzada a la materialización.
La causa se debe a la falta de entrenamiento esotérico en la actividad creadora.
La solución consiste en aplicar los métodos de quinto rayo, los méto­dos aplicables al plano mental.

7. Por errónea aplicación de las ideas. ¡Cuántas veces esta forma de ilusión desciende sobre un discípulo! Hace contacto intuitiva e inteli­gentemente con una idea... y la aplica mal. (10 - 51/6)

(5). De este modo los pensamientos desempeñarán su parte, y el problema de las ideas será comprendido cada vez más, hasta que llegue el momento que los intuitivos y pensadores entrenados sean capaces de trabajar directa­mente en el mundo de los conceptos y revelar (para que la raza las emplee) las ideas arquetípicas sobre las cuales se debe construir. Al decir esto podrán acusarme de iluso, de que digo cosas imposibles, pero el tiempo comprobará la verdad de mis predicciones. (12 - 126)

Ver también: (6 - 247/9)

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[88]

IDENTIDAD

De una cosa podemos estar seguros y es que la identidad siempre perma­nece.

Cada uno de nosotros, durante el proceso de evolución, forma parte de uno de los Hombres celestiales, quienes a su vez forman los siete centros en ese Hombre celestial mayor, el Logos. Sin embargo, aunque estemos sumergidos en el todo, no perdemos nuestra identidad, sino que permanecemos siempre como unidades separadas de conciencia, aunque somos uno con todo lo que vive o es. De la misma manera nuestro Logos no pierde Su identidad, aunque forme parte de la Conciencia del Logos de Sirio. A su vez, el Logos de Sirio es uno de los siete grandes Hombres celestiales, centros a su vez en el cuerpo de AQUEL SOBRE QUIEN NADA YUEDE DECIRSE. (3 - 468)

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ILUMINACIÓN

(1). Por iluminación no me refiero a la luz de la cabeza. Ella es incidental y fenoménica; muchas personas verdaderamente intuitivas desconocen por completo esta luz. La luz a que me refiero es la que ilumina el Camino, "la luz del intelecto" que significa realmente lo que ilumina la mente y puede reflejarse en el mecanismo mental cuando ella se mantiene "firme en la luz". (10 - 13)

(2). La iluminación revela primeramente la existencia del espejismo; propor­ciona los angustiosos contrastes con los cuales luchan los verdaderos aspirantes y luego inunda gradualmente la vida a tal punto que, en su oportunidad, el espejismo se desvanece por completo. Entonces los hombres ven las cosas tal como son, una máscara que oculta lo bueno, lo bello y lo verdadero; los opuestos son resueltos y la conciencia es reemplazada por una realización, realización del Ser para la cual no tenemos un término adecuado. La técnica de la LUZ se convierte en un estado permanente. (10 - 184)

(3). La mayoría de los estudiantes avanzados llegan a sentir únicamente ocasionales destellos de iluminación, pero, mas tarde, sentirán una constante irradiación. (2 - 90)

(4). Con constancia, dedicación, elevado esfuerzo y persistente y paciente adaptación a las reglas establecidas, llega un momento en que el estudiante de pronto es consciente, en su cerebro físico, de ciertos acontecimientos inesperados y de una iluminación y percepción desconocidas hasta entonces. Es algo muy real y, sin embargo, momentáneamente muy sorprendente, de que ya nada podrá negarle la realidad de que él vio, hizo contacto y sintió. (2 - 211)

(5). El mundo de los significados y de las causas se convierte gradualmente en el mundo donde éste encuentra la felicidad; la selección de aquello que más le interesa y en lo que decidió emplear su tiempo y poder, estará finalmente condicionado por los verdaderos valores espirituales. Entonces se hallará en el sendero de iluminación. (14 - 268)

(6). Los esfuerzos que realiza el hombre durante la meditación le han abierto una puerta a través de la cual puede pasar la voluntad (y eventualmente con facilidad) a un nuevo mundo de fenómenos, de actividad dirigida y de ideales distintos. Ha abierto una ventana por la cual puede entrar la luz, revelando lo que es, siempre ha sido y existe en la conciencia del hombre, iluminando los lugares oscuros de su vida, de otras vidas y el ambiente en que actúa. Ha liberado dentro de sí mismo un mundo de sonidos e impresiones, tan nuevos al principio y tan diferentes, que no sabe qué pensar de ellos. Su situación llega a ser tal que requiere mucho cuidado y equilibrado reajuste.

Será evidente que si tenemos un buen equipo mental y un sólido entrena­miento cultura¡, habrá entonces un equilibrado sentido de proporción, capa­cidad interpretativa y la paciencia para esperar hasta ver desarrollada la correcta comprensión y un feliz sentido del buen humor. Sin embargo, donde están ausentes, habrá (de acuerdo al sujeto y a su visión) confusión, incom­prensión de lo que sucede, indebido énfasis sobre las reacciones de la personalidad y de los fenómenos, orgullo por lo realizado, pronunciado complejo de inferioridad, excesiva charla; un ir de un lado a otro pidiendo explicaciones, ayuda, aliento y buscando compañerismo, o quizás un comple­to derrumbe de las fuerzas mentales, o la desintegración de las células cerebrales debido a la tensión a que han sido sometidas.

A veces, el regocijo es resultado de un fuerte estímulo mental y de haber hecho contacto con un nuevo mundo. La depresión constituye frecuentemen­te el resultado de una reconocida incapacidad para estar a la altura de la oportunidad conocida. El hombre ve y conoce demasiado. No puede estar satisfecho con los antiguos ritmos de vida, idealismos y satisfacciones. Ha hecho cierto contacto y ahora anhela captar en mayor medida las nuevas y vibrantes idea y una visión más amplia. El modo de vivir del alma lo ha aferrado y atraído. Pero su naturaleza, medio ambiente, equipo y sus oportu­nidades, parecen frustrarlo continuamente, y siente que no puede seguir adelante ni penetrar en ese nuevo y maravilloso mundo. Siente la necesidad de contemporizar y de vivir en el mismo estado mental que hasta entonces, y eso cree y decide.

No es necesario que las expansiones sufridas, como resultado de una meditación exitosa, sean de índole religiosa, ni se producen por la así llamada revelación oculta. Pueden llegar a través de la actividad que el hombre ha elegido en la vida, pues no hay actividad, vocación, ocupación mental, ni condición, que no pueda proporcionar la llave para abrir la puerta del amplio mundo que ha deseado, o que lo conducirá a la cima de la montaña, desde la cual pueda ver un horizonte más amplio y captar una visión mayor. El hombre debe aprender a reconocer que su escuela de pensamiento elegida, vocación particular, ocupación especial en la vida y su tendencia personal, son sólo parte de un todo mayor, y su problema radica en integrar conscientemente su pequeña actividad de la vida en una actividad mundial.

A esto lo denominamos iluminación a falta de una palabra más apropiada. Todo conocimiento es una forma de luz, pues arroja luz en las zonas de percepción de las cuales hemos sido inconscientes hasta ahora. Toda sabidu­ría es una forma de luz, porque nos revela el mundo de significados que está detrás de la forma externa. Toda comprensión es una evocación de luz, pues hace que nos demos cuenta, o seamos conscientes de las causas que producen las formas externas que nos rodean (incluyendo la nuestra) y que condicionan el mundo de significados del cual son la expresión. Pero cuando por primera vez se observa y capta este hecho y ha llegado la revelación inicial, cuando se presiente el lugar que le corresponde a la parte, en relación con el todo, y cuando se ha establecido el primer contacto con ese mundo que incluye a nuestro pequeño mundo, existe siempre un momento de crisis y un período de peligro. Entonces, a medida que nos familiarizamos y entramos y salimos a través de la puerta que hemos abierto, acostumbrándonos a la luz que afluye por la ventana abierta a nuestro pequeño mundo del diario vivir, pueden surgir otros peligros sicológicos. Estamos en peligro de pensar que lo que hemos visto es todo lo que hay por ver, y así ‑en una vuelta más elevada de la espiral y en un sentido más amplio‑ repetimos los peligros (ya considera­dos) del indebido énfasis, del enfoque erróneo, de la creencia hermética y de la idea fija. Nos obsesionamos con la idea del alma; olvidamos la necesidad que tiene de un vehículo de expresión; empezamos a vivir en un mundo desapegado y abstracto del ser y del sentimiento, y dejamos de hacer contacto con la vida real del plano físico de expresión. Así repetimos ‑nuevamente en una vuelta más elevada de la espiral‑ la condición que hemos considera­do, en la cual el alma o ego no estaba presente, invirtiendo dicha condición, de manera que no está realmente presente forma alguna de vida en la conciencia enfocada del hombre. Existe sólo el mundo de las almas y el deseo de realizar alguna actividad creadora. El manejo de la vida diaria en el plano físico desaparece bajo el umbral de la conciencia, y el hombre se convierte en un místico ambiguo, impráctico y visionario. Estos estados mentales son peligrosos si se les permite subsistir. (15 - 356/8)

Ver también: "Luz".

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