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123-129

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MÓVIL

(1). El desarrollo del móvil correcto es un esfuerzo progresivo; continua­mente cambiamos el enfoque de nuestro incentivo a medida que nos descu­brimos a nosotros mismos, entonces la Luz brilla más firmemente en nuestro camino y constantemente surge un móvil nuevo y superior. Permítanme dar otro ejemplo: Un aspirante en las primeras etapas es, por lo general, un devoto. Para estar a la altura de las normas establecidas por un amigo o por un instructor amado, lucha, se esfuerza y gana posición. Más tarde este objeto de su devoción y ardiente esfuerzo, es reemplazado por la devoción hacia uno de los Grandes Seres, los Hermanos Mayores de la raza. Vuelca todos sus poderes y las fuerzas de su naturaleza en Su servicio. Este incentivo, a su vez, es segura y firmemente sustituído por un amor vital hacia la humanidad, y el amor hacia un individuo (por más perfecto que sea) se pierde en el amor hacia todos los hombres. A medida que el alma controla cada vez más su instru­mento y su naturaleza se manifiesta incesantemente, esto también es reem­plazado por amor al ideal, al Plan y a los propósitos que subyacen en el universo mismo. El hombre llega a conocerse a sí mismo como un canal por el cual pueden trabajar los agentes espirituales, y se da cuenta que es parte integrante de la Vida Una. Entonces ve a la humanidad como algo relativo y fragmentario, y se sumerge en la gran Voluntad. (4 - 155/6)

(2). Los estudiantes se asombrarían si pudieran ver sus móviles como los vemos nosotros, los que guiamos el aspecto subjetivo de la experiencia. La mezcla de móviles es universal. Móvil puro es raro, y donde existe, hay siempre éxito y realización. Tal móvil puro puede ser totalmente egoísta y personal o altruista y espiritual, y ambos están mezclados, en diversos grados, en lo que al estudiante concierne. De acuerdo sin embargo a la pureza de intención y unidad de propósito, así será la potencia. (4 - 402)

(3). Por esta razón tienen tanto valor e importancia el estudio y la compren­sión de los móviles, pues tal estudio determina intelectualmente (si es inves­tigado con propiedad) qué factor o factores inspiran la vida diaria. Esta afirmación es digna de una cuidadosa consideración. Les preguntaría: ¿Cuál es el principal móvil que los hace actuar? Cualquiera que sea, condiciona y determina la tendencia predominante en su vida.

A muchas personas, particularmente la masa ignorante, sólo les inspira el deseo ‑material, físico y momentáneo. El deseo animal por satisfacer los apetitos animales; el deseo material por los bienes y las comodidades de la vida material; el deseo de obtener "cosas", comodidades y seguridad ‑ eco­nómica, social y religiosa ‑ controla a la mayoría... Otros están impulsados por cierta forma de aspiración o ambición, aspiración por algún paraíso material (la mayoría de las religiones pintan al cielo de esta manera), ambi­ción de poder, deseo de satisfacer los apetitos emocionales o estéticos y poseer realidades más sutiles, tranquilidad emocional, equilibrio mental y seguridad de que los deseos superiores serán cumplidos. (10 - 116/7)

(4). Ha llegado el instante en que los hombres de todas partes deben comprender que el ingreso en el Ashrama de un Maestro depende de la Inteligencia, además del móvil y servicio correctos. (13 - 548)

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MUERTE

(1). Como conozco el tema, tanto por la experiencia en el mundo externo como por la expresión de la vida interna, diré que: La muerte no existe. Como bien saben, hay una entrada en una vida más plena. Hay liberación de los obstáculos del vehículo carnal. El tan temido proceso de desgarramiento no existe, excepto en los casos de muerte violenta o repentina, entonces lo único desagradable es la sensación instantánea y abrumadora de peligro y destruc­ción inminentes, y algo que se parece a un shock eléctrico. Nada más. Para los no evolucionados, la muerte es un sueño y un olvido, porque la mente no está bastante despierta para reaccionar, y el archivo de la memoria está prácticamente vacío. Para el ciudadano común y bueno, la muerte es la continuidad en su conciencia del proceso de la vida, y lleva a cabo los intereses y tendencias de esa vida. Su conciencia y sentido de percepción son los mismos e invariables. No percibe mucha diferencia, está bien cuidado, y a menudo no se da cuenta que ha pasado por la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y esos pocos que viven únicamente para el aspecto material, se produce esa situación denominada "atados a la tierra". Los vínculos, que han forjado con la tierra, y la atracción hacia ella, de todos sus deseos, los obliga a permanecer cerca de la misma y de su último medio ambiente terreno. Tratan desesperadamente por todos los medios posibles, de ponerse en contacto y volver a penetrar en él. En contados casos, un gran amor personal por quienes han dejado, o el incumplimiento de un deber reconocido y urgente, mantienen a quienes poseen bondad y belleza, en semejante situación. Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio y de expresión a que está muy acostumbrado, perci­biendo enseguida que no es nueva. En las horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio activo y de aprendizaje. Ahora sencillamente funciona en él durante las veinticuatro horas (hablando en términos de tiempo del plano físico) en lugar de las breves horas de sueño en la tierra. (4 - 219)

(2). La mente del hombre está tan poco desarrollada que el temor a lo desconocido, el terror a lo no familiar y el apego a la forma, han provocado una situación en la que uno de los acontecimientos más benéficos en el ciclo de vida de un encarnado Hijo de Dios, es visto como algo que debe ser evitado y postergado el mayor tiempo posible.

La muerte, si sólo pudiéramos comprenderlo, es una de las actividades que más hemos practicado. Hemos muerto muchas veces y moriremos muchas más. Muerte es, esencialmente, cuestión de conciencia. En cierto momento estamos conscientes en el plano físico; en otro, nos retraemos a otro plano y estamos allí activamente conscientes. En la medida en que nuestra conciencia se identifica con el aspecto forma, la muerte continuará manteniendo su antiguo terror. Tan pronto nos reconozcamos como almas y hallemos que somos capaces de enfocar a voluntad nuestra conciencia y sentido de percep­ción en cualquier forma o plano, o en cualquier dirección dentro de la forma de Dios, ya no conoceremos la muerte.

Las personas olvidan por lo general que todas las noches, durante las horas de sueño, morimos en lo que respecta al plano físico y vivimos y actuamos en otro lugar. Olvidan también que han adquirido ya la facilidad de dejar el cuerpo físico, porque aún no pueden conservar en la conciencia del cerebro físico los recuerdos de esa muerte y el consiguiente intervalo de vida activa, y no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo, la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano físico; nos vamos "al exterior" por un período más largo. Pero el proceso del sueño diario y el proceso de la muerte ocasional son idénticos, con la única diferencia que en el sueño el hilo magnético o corriente de energía, a través de la cual corren las fuerzas vitales, se mantiene intacto, y constituye el camino de retorno al cuerpo. Con la muerte, este hilo de vidas se rompe o corta. Cuando esto ha acontecido, la entidad consciente no puede volver al cuerpo físico denso, y al faltarle a ese cuerpo el principio de coherencia, se desintegra. (4 - 358/9)

(3). La juventud olvida, y con derecho, la inevitabilidad de ese último desprendimiento simbólico que llamamos Muerte. Pero cuando la vida ha desempeñado su parte y los años han cobrado su tributo en intereses y fuerza, el hombre cansado y agotado no teme al proceso de desprendimiento ni trata de aferrarse a lo que anteriormente deseaba. Da la bienvenida a la muerte y abandona voluntariamente lo que antes acaparaba su atención. (15 - 70)

(4). Muerte, dolores y tristezas, pérdidas y desgracias, alegrías y aflicciones, tal como lo comprende la conciencia humana, existen porque el hombre todavía se identifica con la vida de la forma y no con la vida y la conciencia del alma, el ángel solar ... El momento en que el hombre se identifica con su alma y no con su forma, comprende el significado de la Ley del Sacrificio; espontáneamente está regido por ella, convirtiéndose en aquel que premeditadamente elegirá morir. Pero no hay dolor ni tristeza y tampoco verdadera muerte. (15 - 84)

(5). El destino del hombre es morir, pues todo hombre debe morir al requerimiento de su propia alma. Cuando el hombre ha alcanzado una etapa superior en la evolución, deliberada y definidamente elegirá el momento en que conscientemente se retirará de su cuerpo físico, el cual permanecerá silente y sin alma, desprovisto de luz, sin embargo, ileso e íntegro; entonces se desintegrará de acuerdo con el proceso natural, y los átomos que lo ' constituyen volverán "a la reserva de los entes que esperan", hasta ser nuevamente requeridos para que los empleen las almas encarnantes. Enton­ces se repito el proceso en el aspecto subjetivo de la vida, pero muchas almas ya han aprendido a retirarse del cuerpo astral sin someterse a ese "impacto en la niebla", una forma simbólica de describir la muerte de un hombre en el plano astral. Luego pasa al nivel mental y deja su carcasa astral para aumentar la niebla y acrecentar su densidad. (17 - 31/2)

(6). La muerte ha estado presente en nuestro planeta desde la noche misma de los tiempos; las formas han venido y desaparecido; plantas, árboles, animales y las formas de los seres humanos han muerto durante incontables eones y sin embargo nuestro planeta no es un osario, como muy bien podría serlo a la luz de estos hechos; pero no obstante sigue siendo motivo de belleza, que no ha sido envilecida ni siquiera por el hombre. El proceso de morir y de disolución y disipación de las formas continúa en todo momento sin producir contaminación contagiosa ni desfigurar la superficie de la tierra. Los resultantes de la disolución son de efectos benéficos. Reflexionen sobre esta actividad benefactora y la belleza del plan divino de muerte y desaparición. (17 - 186)

(7). El cielo que ahora vivimos ha sido testigo de la más grande destrucción de formas humanas, en toda la historia de nuestro planeta. No hubo destrucción de seres humanos. Quisiera que observaran este enunciado. Debido a esta destruc­ción total, la humanidad ha ido adoptando rápidamente una actitud más serena respecto a la muerte. Esto no es muy evidente todavía pero ‑dentro de pocos años‑ tal nueva actitud comenzará a destacarse y el temor a la muerte empezará a desaparecer del mundo. En gran parte también se deberá a la acrecentada sensibilidad del mecanismo humano de respuesta, que conduce a una interna o nueva orientación de la mente humana, con imprevisibles resultados. (17 - 318/9)

(8). Si analizaran algo más la cuestión, verían que la muerte libera la vida individualizada, llevándola a una existencia menos restringida y confinada, y eventualmente ‑cuando el proceso de la muerte haya sido aplicado a los tres vehículos en los tres mundos‑ a la vida de la universalidad. Este es un estado de inexpresable bienaventuranza. (17 - 319)

(9). Un asesinato en realidad constituye un pecado, por el hecho de que interfiere los propósitos del alma y no por haber dado muerte a determinado cuerpo físico humano. Frecuentemente, la muerte parece no tener ningún propósito: ello se debe a que no se conoce la intención del alma; los aconte­cimientos pasados, a través del proceso de la reencarnación, continúan siendo un enigma; son ignoradas las antiguas herencias y medio ambientes y aún no se ha desarrollado en forma general el reconocimiento de la voz del alma.

Estas cuestiones no obstante están en vísperas de ser conocidas; la revelación está en camino, y para ello estoy sentando las bases. (17 - 321)

(10). La muerte para el hombre común reflexivo constituye un punto de catastró­fica crisis. Es la cesación y el fin de todo lo amado, lo familiar y lo deseado; es una brusca entrada en lo desconocido, en la incertidumbre, y la abrupta terminación de todos los planes y proyectos. A pesar de toda la fe, puesta en los valores espirituales, de cuán lúcido sea el razonamiento de la mente acerca de la inmortalidad, y cuán concluyente sea la evidencia de la supervivencia y la eternidad, aún queda una duda, el reconocimiento de que existe la posibilidad de una completa extinción y negación y el fin de toda actividad, reacción cardíaca, pensamiento, emoción, deseo y aspiración y de las intenciones enfocadas alrededor del núcleo central del ser humano. El ansia y determinación de sobrevivir y el sentido de continuidad, todavía descansan, hasta para el más ferviente creyente, sobre una probabilidad, una inestable base y el testimonio de otros los cuales en realidad nunca han vuelto para contar la verdad. (17 - 323), (18 - 94)

(11). Quizás algunas líneas extraídas de El Manual de la Muerte, que existe en los archivos jerárquicos, podrían explicar y ayudar a adquirir una nueva perspectiva acerca de la muerte.

A este descenso y ascenso los hombres le llaman vida, existencia y muerte; a esto Nosotros, que hollamos el Camino Iluminado, le llamamos muerte, experiencia y vida.

La luz que desciende se ancla en el plano de la apariencia temporaria. Extiende siete hilos, y siete rayos de luz pulsan a lo largo de estos hilos. De allí son irradiados veintiún hilos menores, haciendo que los cuarenta y nueve fuegos fulguren y ardan. En el plano de la vida manifestada surge la palabra: He aquí, ha nacido un hombre.

A medida que la vida prosigue, aparece la cualidad de la luz; puede ser tenue y brumosa, o radiante, clara y brillante. Así los puntos de luz dentro de la Llama pasan y repasan, vienen y van. A esto los hombres lo denominan vida, la verdadera existencia. Así se engañan ellos mismos, sin embargo cumplen el propósito de sus almas y se adaptan al Plan mayor.

Entonces es emitida una Palabra. El descendente y radiante punto de luz asciende, respondiendo a la apenas perceptible nota de llamada, atraído a su fuente de donde emanó. A esto el hombre le llama muerte y el alma le llama vida". (17 - 344/5)

(12). La muerte es ahora el resultado de la voluntad del alma. Eventualmente debe ser el resultado de las voluntades unidas del alma y de la personalidad y, cuando ello suceda, no habrá temor a la muerte. (5 - 612)

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MUERTE: EL ARTE DE MORIR

El problema de la muerte o el arte de morir, ‑ Esto es algo que todas las personas gravemente enfermas deben inevitablemente encarar, y los que poseen buena salud deben prepararse para ello mediante el recto pensar y la sensata anticipación. La actitud morbosa que adopta la mayoría de la gente hacia el tema de la muerte y su negativa a considerarla cuando gozan de buena salud es algo que debe ser alterado y cambiado deliberadamente. Cristo demostró a Sus discípulos la correcta actitud cuando se refirió a Su venida e inmediata muerte en manos de Sus enemigos, y a Su reprensión cuando los vio acongojados, recordándoles que El iría al Padre. Siendo un iniciado de alto grado, quiso significar, esotéricamente hablando, que haría "la restitu­ción a la Mónada"; la gente común y los que no han alcanzado el tercer grado de iniciados hacen "la restitución al alma". El temor y la morbosidad que el tema de la muerte comúnmente evoca y la poca disposición para encararlo con comprensión, se debe a que la gente pone excesivo énfasis sobre el cuerpo físico, a la facilidad de identificarse con él y a que está basado en el temor innato a la soledad y a la pérdida de las cosas familiares. Sin embargo, la soledad que acontece después de la muerte, cuando el hombre se encuentra a sí mismo sin un vehículo físico, no tiene comparación con la soledad del nacimiento. Al nacer, el alma se halla en un nuevo ambiente, sumergida en un cuerpo que al principio es totalmente incapaz de valerse por sí mismo o de establecer un contacto inteligente con las condiciones circundantes, du­rante un largo período. El hombre viene a la encarnación sin recordar la identidad, o lo que para él significa el grupo de almas en esos cuerpos con quienes está relacionado; esta soledad desaparece gradualmente, y sólo cuando establece sus propios contactos personales, descubre a los que con­genian con él y eventualmente reúne a su alrededor a quienes considera sus amigos. Después de la muerte no sucede lo mismo, porque el hombre encuentra en el más allá a quienes conoce y se vincularon con él en la vida del plano físico, y nunca está solo, como el ser humano entiende la soledad; también es consciente de los que poseen aún cuerpos físicos; puede verlos, captar sus emociones y también sus pensamientos, pues no existiendo el cerebro físico no actúa como un obstáculo. Si la gente tuviera mayor conoci­miento, temería a la experiencia del nacimiento y no a la de la muerte, porque el nacimiento encierra al alma en la verdadera prisión y la muerte física es sólo el primer paso hacia la liberación. (17 - 290/1)

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MUERTE: ELIMINACIÓN DESPUÉS DE LA

Consideraremos ahora la actividad del hombre espiritual interno que ha descartado sus cuerpos físico y etérico y permanece en el cascarón del cuerpo sutil, un cuerpo compuesto de sustancia astral o sensoria, y mental. Debido a que el hombre común es fuertemente emocional y está polarizado en los sentidos, prepondera la idea de que él se retira, después de la verdadera muerte, primero a su cuerpo astral y luego a su vehículo mental. Pero en realidad no es así. La base de esta idea consiste en que un cuerpo está construido predominantemente de materia astral. Muy pocas personas han llegado a tal grado de evolución que el vehículo en el cual se encuentran después de la muerte, está compuesto en su mayor parte de sustancia mental. Sólo los discípulos e iniciados que viven por lo común en sus mentes, se encuentran inmediatamente después de la muerte en el plano mental. Muchas personas descubren que están en el plano astral revestidas de un cascarón de materia astral y obligadas a pasar un período de eliminación en la zona ilusoria del plano astral.

Como he dicho anteriormente, el plano astral no tiene existencia real, es una creación ilusoria de la familia humana.

Sin embargo, de ahora en adelante (por la derrota de las fuerzas del mal y el revés sufrido por la Logia Negra) el plano astral lentamente se convierte en una creación que va muriendo, y en el período final de la historia humana (en la séptima raza raíz) dejará de existir, pero ahora no es así. Con la sustancia sensoria que constituye el plano astral, se construyen formas iluso­rias, siendo todavía una barrera en el sendero del alma, que busca la libera­ción. Aún "mantiene aprisionada" a innumerables personas que hasta el momento de la muerte su principal preocupación es el deseo, los pensamien­tos ambiciosos y la sensibilidad emocional, constituyendo ellas una gran mayoría.

El arte de la eliminación puede por lo tanto clasificarse en tres tipos:

1.Tal como lo practican esas personas cuya cualidad y constitución son puramente astrales; se las denomina "kámicas".

2. Tal como lo practican las personas equilibradas que ya son persona­lidades integradas; se las denomina kama‑manásicas".

3. Tal como lo practican las personas evolucionadas y los discípulos de todos los grados, cuyo "enfoque vital" es principalmente mental; se las denomina "manásicas".

Todas están regidas por las mismas reglas básicas, pero el énfasis difiere en cada caso. Les pediría tener presente que allí donde no existe un cerebro físico y la mente no se ha desarrollado, el hombre interno está prácticamente sofocado en una envoltura de materia astral y durante largo tiempo sumergido en lo que llamamos plano astral. La persona kama‑manásica posee lo que se llama "la libertad que otorga la vida dual", y es dueña de una forma dual que le permite hacer contacto a voluntad con los niveles superiores del plano astral y con los niveles inferiores del plano mental. Recordaré nuevamente que no hay en ese momento cerebro físico para registrar estos contactos. La conciencia del contacto depende de la actividad innata del hombre interno y de su peculiar estado de captación y apreciación. La persona manásica posee un vehículo mental transparente cuya tenue densidad está en proporción con la liberación del deseo y de la emoción.

Estos tres tipos de personas emplean un proceso eliminador de naturaleza similar, pero utilizan una técnica diferente en el proceso. En bien de la claridad podría decirse que:

1. El individuo kámico elimina su cuerpo astral mediante la atrición y lo abandona mediante la analogía astral del centro plexo solar. Esta atrición se debe a que todos 'los deseos innatos y las emociones inherentes están, en esta etapa, relacionados con la naturaleza animal y el cuerpo físico, que ninguno de los dos existen ya.

2. El individuo karna‑manásico emplea dos técnicas. Esto sucede lógi­camente porque elimina, primeramente, su cuerpo astral y luego su vehículo mental.

a. Elimina el cuerpo astral por el creciente deseo de llevar una vida mental. Se retira gradual y constantemente al cuerpo mental y el cuerpo astral esotéricamente "se desprende" y finalmente desa­parece. Esto sucede por lo general en forma inconsciente y quizás necesite bastante tiempo. Sin embargo, cuando el hombre está por encima del término medio y al borde de ser un individuo manásico, la desaparición se produce súbita y dinámicamente, y el hombre queda liberado dentro de su cuerpo mental, lo cual sucede en forma consciente y rápida.

b. Destroza el cuerpo mental por un acto de voluntad humana, y además porque el alma comienza a ser lentamente consciente de su sombra. El hombre interno es atraído hacia el alma, aunque muy tenuemente. Este proceso es relativamente rápido y depende de la extensión de la influencia manásica.

3. El individuo manásico, enfocado ahora en su cuerpo mental, tiene dos cosas para realizar para:

a. Disolver y desembarazarse de cualquier sedimento astral que pudiera empañar su transparente cuerpo mental. El denominado cuerpo astral ya no existe prácticamente como factor de expre­sión. Esto lo logra haciendo afluir mayor luz desde el alma. En esta etapa la luz del alma disuelve la sustancia astral, así como la luz combinada del alma de la humanidad disolverá finalmente el así llamado plano astral.

b. Destruir el cuerpo mental empleando ciertas Palabras de Poder, las cuales son comunicadas al discípulo por intermedio del As­hrama de su Maestro y hacen afluir el poder del alma en gran medida, produciendo en consecuencia tal expansión de concien­cia dentro del cuerpo mental, que es despedazado y no constituye ya una barrera para el hombre interno. Ahora puede ser un liberado hijo de la mente, dentro del Ashrama de su Maestro, de donde "no saldrá más". (17 - 357/9)

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MUERTE: RESTITUCIÓN

(1). Después de todo, la muerte es en sí un trabajo de restitución. Implica la tarea de devolver la sustancia a los tres mundos de sustancia, haciéndolo voluntaria y gozosamente; implica también la restitución del alma humana al alma de la cual emanó, haciéndolo con el gozo de la reabsorción. Todos deben aprender a considerar la muerte como un acto de restitución; cuando puedan hacerlo, se obtendrá nueva luz y verdadero significado sobre la muerte, y se convertirá en parte integrante ‑reconocida y deseada‑ de un constante proceso viviente.

Si se me preguntara cuál es la principal tarea de todos los grupos de curación, tal como la Jerarquía quisiera que actuaran en el futuro, diría que consiste en preparar a los seres humanos para lo que podríamos considerar el aspecto restaurador de la muerte, dando así un nuevo y más feliz significa­do, del dado hasta ahora al temible enemigo del género humano. Hallarán que cuando trabajan en estas líneas indicadas de pensamiento, se repite constantemente el tema de la muerte, y el resultado de ello será la adopción de nuevas actitudes hacia la muerte y se inculcará una gozosa expectativa, cuando ocurra ese inevitable y tan familiar acontecimiento. Los grupos de curación deben prepararse para encarar esta condición básica de todo lo que vive, y la mayor parte de su trabajo consiste en elucidar el principio de muerte. Se dice que el alma debe retornar a quien la dio. Hasta ahora ello constituye una restitución obligada y temida, que engendra temor y hace que hombres y mujeres de todas partes clamen por la curación del cuerpo físico, sobresti­mando su importancia, y los induce a considerar que la prolongación de la existencia terrenal es el factor más importante de sus vidas. En el próximo ciclo, tales actitudes erróneas deben llegar a su fin; la muerte se convertirá en un proceso normal y comprensible, tan normal como el proceso de nacer, aunque menos doloroso y temible. Este comentario es una profecía y como tal debe ser considerado. (17 - 288/9)

(2). Las palabras 1a tierra a la tierra, y el polvo al polvo", tan familiares en los rituales funerarios de Occidente, se refieren a este acto de restitución y significan el retorno de los elementos del cuerpo físico al depósito original de la materia, y de la sustancia de la forma vital al depósito general etérico; las palabras "el espíritu que Dios otorgó volverá a Él" es una referencia distorsionada de la absorción del alma por el alma universal. Sin embargo los rituales comunes no acentúan que el alma individualizada, en proceso de reabsorción, instituye y ordena, por un acto de la voluntad espiritual, esa restitución. (17 - 320)

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MUERTE: SECUENCIA DE ACONTECIMIENTOS

(1). Creo que lo mejor que puedo hacer, a fin de esclarecer más ese tópico, es describir la secuencia de los acontecimientos que suceden en el lecho mortuorio, recordándoles que los puntos de abstracción final son tres: la cabeza, para los discípulos e iniciados y también los tipos mentales avanzados; el corazón, par los aspirantes, las personas de buena voluntad y todos aquellos que han logrado cierta medida de integridad de la personalidad y están tratando de cumplir, hasta donde les es posible, con la ley del amor, y el plexo solar, para las personas no desarrolladas y emocionalmente polarizadas. Todo lo que puedo hacer es clasificar las etapas del proceso, dejando que las acepten como posibles e interesantes hipótesis que esperan ser verificadas; que crean en ellas sin duda alguna, porque confían en mi conocimiento, o bien, las rechacen como fantásticas, inverosímiles y sin importancia alguna.

Recomiendo lo primero, porque les permitirá mantener la integridad mental e indicará una mente abierta que los protegerá al mismo tiempo de la credulidad y la estrechez mental. Estas etapas son:

1. La orden del alma de retirarse de su propio plano, e inmediatamente se produce un proceso interno y se evoca una reacción interna en el hombre, en el plano físico:

a. Tienen lugar ciertos sucesos fisiológicos donde se halla asentada la enfermedad, vinculados con el corazón, afectando también a los tres grandes sistemas que tan poderosamente condicionan al hombre físico: la corriente sanguínea, el sistema nervioso en sus diversas expresiones, y el sistema endócrino.

b . Una vibración corre a lo largo de los nadis. Los nadis son, como bien saben, la contraparte etérica de todo el sistema nervioso y subyacen en todo nervio del cuerpo físico. Son los agentes por excelencia, de los impulsos directrices del alma, reaccionando a la actividad vibratoria que emana de la contraparte etérica del cerebro. Responden a la Palabra directriz, reaccionan a la "atrac­ción" del alma, y entonces se organizan para la abstracción.

c . La corriente sanguínea es afectada en forma oculta peculiar.

d. Se produce el temblor síquico cuyo efecto es aflojar o romper la conexión entre los nadis y el sistema nervioso; por ello el cuerpo etérico se desprenderá de su envoltura densa, aunque todavía interpenetre cada una de su partes.

2. Se produce frecuentemente una pausa en este punto, de corta o larga duración. Esto es permitido a fin de que el proceso de aflojamiento se lleve a cabo lo más suavemente posible y sin dolor. Dicho afloja­miento de los nadis comienza en los ojos. Este proceso de desprendi­miento a menudo se demuestra en el relajamiento y falta de temor que el moribundo demuestra a menudo; evidencia una condición de paz y la voluntad de irse, más la incapacidad de hacer un esfuerzo mental. Parecería como si el moribundo, conservando aún su conciencia, reuniera todos los recursos para la abstracción final.

3. El cuerpo etérico organizado, desprendido de toda relación nerviosa, debido a la acción de los nadis, comienza a recogerse para la partida final. Se retira de las extremidades hacia la requerida "puerta de salida", enfocándose en la zona alrededor de esa puerta, esperando el "tirón" final del alma directriz. En esta etapa se lleva a cabo un proceso dual de atracción:

a. El cuerpo vital se está preparando para irse.

b. El cuerpo físico responde a la disolución.

Podría agregarse que hay también una tercera actividad, aquella en que el hombre consciente, retira su conciencia, constante y gradualmente, dentro de los vehículos astral y mental, como preparación para lo total abstracción del cuerpo etérico en el momento apropiado. El hombre se va despegando cada vez más del plano físico, retrotrayéndose en sí mismo. En el caso de una persona evolucionada este proceso se lleva a cabo conscientemente, y el hombre retendrá su interés vital y la percepción de sus relaciones con los demás, aunque vaya perdiendo su aferramiento a la existencia física. En la vejez este desapego puede observarse más fácilmente que en la muerte por enfermedad, y con frecuencia puede observarse que el alma o el hombre viviente interno, pierde su aferramiento sobre lo físico y, por lo tanto, sobre la realidad ilusoria.

4. Nuevamente se produce una pausa. En este punto el elemental físico puede a veces recobrar su aferramiento sobre el cuerpo etérico, si el alma lo considera deseable y si la muerte no es parte del plan interno, o si el elemental físico es tan poderoso que puede prolongar el proceso de la muerte. Esta vida elemental a veces libra una batalla que dura días y semanas. Sin embargo, cuando la muerte es inevitable, la pausa en este punto será excesivamente breve y a veces durará segundos. El elemental físico pierde su aferramiento y el cuerpo etérico espera el "tirón" final del alma, actuando de acuerdo a la Ley de Atracción.

5. El cuerpo etérico sale del cuerpo físico denso en etapas graduales y por un punto escogido de salida. Cuando ha terminado de salir, el cuerpo vital asume entonces los vagos contornos de la forma que energetizó, haciéndolo bajo la influencia de la forma mental que el hombre ha construido de sí mismos durante años. Esta forma mental existe en el caso de cada ser humano, y debe ser destruida antes que la segunda etapa de eliminación se haya completado. Me referiré a esto más adelante. Aun­que liberado de la prisión del cuerpo físico, el cuerpo etérico no está aún libre de su influencia. Existe todavía una pequeña relación entre ambos, la cual mantiene al hombre espiritual cerca del cuerpo recién aban­donado. Debido a ello los clarividentes pretenden a menudo haber visto el cuerpo etérico flotando alrededor del lecho de muerte o del ataúd. Interpenetrando todavía al cuerpo etérico se hallan las energías integradas que llamamos cuerpo astral y vehículo mental, y en el centro existe un punto de luz que indica la presencia del alma.

6. El cuerpo etérico se dispersa gradualmente a medida que las energías que lo componen se reorganizar, y retiran, dejando únicamente la sustancia pránica que se identifica con el vehículo etérico del planeta mismo. Estos procesos de dispersión, como dije anteriormente, son grandemente ayudados por la cremación. En el caso de una persona no evolucionada, el cuerpo etérico puede permanecer durante largo tiempo en la cercanía de su cascarón externo en desintegración, porque la atracción del alma no es potente y el aspecto material lo es. Cuando es una persona evolucionada y su pensamiento está desligado del plano físico, la disolución del cuerpo vital puede ser excesivamente rápida. Una vez que esto se ha realizado, el proceso de restitución ha concluido; el hombre está libre, temporalmente al menos, de toda reacción provocada por el tir0n atractivo de la materia física; perma­nece en sus cuerpos sutiles preparado para el gran acto que he denominado "El Arte de la Eliminación".

Al finalizar esta inadecuada explicación de la muerte del cuerpo físico, en sus dos aspectos, surge un pensamiento: la integridad del hombre interno. Permanece siendo él mismo. Queda intacto, sin trabas; es un agente libre en lo que concierne al plano físico, y ahora responde únicamente a tres factores predisponentes:

1. La cualidad de su equipo astral‑emocional.
2. La condición mental en la que habitualmente vive.
3. La voz del alma, a menudo poco conocida, pero a veces muy conocida y amada.

La individualidad no se pierde, es la misma persona que se halla todavía en el planeta. Sólo ha desaparecido lo que fue parte integrante de la aparien­cia tangible de nuestro planeta. Lo que ha sido amado u odiado, lo que ha sido útil o inútil para la humanidad, quien ha servido a la raza o ha sido ineficaz, aún persiste, está en contacto con los procesos cualitativos y menta­les de la existencia, y permanecerá eternamente, individual, cualificado por el tipo de rayo, parte del reino de las almas y un alto iniciado por propio derecho. (17 - 347/51)

(2). El proceso oculto de la MUERTE es el siguiente:

a. La primera etapa consiste en retirar la fuerza vital del vehículo etérico del triple cuerpo físico... y la consiguiente “ corrupción", siendo "dispersado en los elementos". El hombre objetivo desa­parece y el ojo físico ya no lo ve aunque se halla en su cuerpo etérico. Cuando la visión etérica esté desarrollada la idea de la muerte asumirá proporciones muy diferentes. Cuando la mayoría de la raza pueda ver a un hombre actuar en su cuerpo físico etérico, el abandono del cuerpo denso será considerado como una liberación".

b. La segunda etapa consiste en retirar la fuerza vital del cuerpo etérico y en desvitalizarlo.

c. La tercera etapa consiste en retirar la fuerza vital de la forma astral o emocional, para que ésta sea desintegrada en forma similar y la vida centralizada... en cualquier otra parte. Ha adqui­rido una acrecentada vitalidad por medio de la existencia en el plano físico, y le ha dado color por medio de la experiencia emocional.

d. La etapa final para el... ser... humano consiste en ser retirado del vehículo mental. Las fuerzas vitales, después de esta cuádruple abstracción, son centralizadas totalmente... en el alma... (17 - 306), (3 - 590/1)

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LA NUEVA ERA

(1). La nueva era con su civilización y cultura peculiares, entrará en mani­festación por la colaboración de muchas personas bien intencionadas que responden acrecentadamente al bien del todo y no del individuo, que son idealistas, pero prácticos pensadores, influidos por el canon de las cosas venideras y por los discípulos mundiales, impresionados por los planes e instruidos por la Jerarquía, que controla y dirige todo. (9 - 26)

(2). Cuando la humanidad esté segura de su divinidad e inmortalidad y haya adquirido conocimiento sobre la naturaleza del alma y el reino en el cual funciona el alma, su actitud hacia la vida y los asuntos cotidianos sufrirán tal transformación que veremos surgir en verdad un nuevo cielo y una nueva tierra. (14 - 96)

(3). Observarán que el trabajo de eliminar el aislamiento y la separatividad grupales es tan arduo que requiere las energías unidas de tres grupos de trabajadores para lograr los resultados deseados. Por lo tanto, siete grupos de trabajadores están organizados así:

1. Sector político ............................ Primero, sexto y séptimo rayo.

2. Sector religioso .......................... Segundo y cuarto rayo.

3. Sector educativo ......................... Tercero y quinto rayo.

Recuerden que, si bien el trabajo se lleva a cabo en tres campos del pensamiento y actividad humano, el resultado neto es un esfuerzo realizado para producir una síntesis y una gran campaña preparatoria a fin de revelar maravillas que aún no puedo detallar. El reconocimiento de su veracidad depende del crecimiento e iluminación interno; crecimiento que se está acelerando y conducirá a que se reconozca más fácilmente lo que está en camino. Recuerden también que la revelación raras veces viene de donde se espera. La luz afluirá sobre la humanidad y modificará sus condiciones de vida, cambiará sus perspectivas sobre los asuntos mundiales e inaugurará una nueva era que se caracterizará por su aptitud para la síntesis y la colaboración grupales, mediante los nuevos poderes mentales que conducirán a una reo­rientación de la mente, a fin de que pueda funcionar con igual facilidad en dos direcciones. Podrá dirigirse externamente al mundo de las formas mani­festadas, e internamente al mundo de la síntesis, de la unidad y del espíritu. Se adoptará una nueva actitud hacia la vida, que se evidenciará en un mayor sentido de los valores, porque la vida tendrá un significado hasta ahora desconocido, y habrá una interpretación de ese significado que enriquecerá nuestra experiencia diaria. Para este fin los verdaderos trabajadores dedican hoy todo su esfuerzo. (14 - 152)

(4). Escribo para la generación que, al finalizar este siglo, vendrá a expresar activamente el pensamiento, iniciará el armazón, la estructura y la trama de la nueva era, la cual comenzará con ciertas premisas que hoy constituyen el sueño de los más exaltados soñadores y que desarrollará la civilización de la era acuariana. Está era futura será predominantemente de interacción, idea­lismo y conciencia grupales, así como la era pisciana fue de desarrollo y énfasis de la personalidad, de enfoque y conciencia de la personalidad. El egoísmo, tal como lo entendemos hoy, desaparecerá gradualmente, porque la voluntad del individuo se fusionará voluntariamente en la voluntad grupal. Por lo tanto, es evidente, que ello podría muy bien acarrear una situación aún más peligrosa, porque el grupo constituiría una combinación de energías enfocadas y, a no ser que dichas energías estén dirigidas hacia el desarrollo del Plan (que coordina y hace factible el propósito divino), tendremos la consolidación gradual de las fuerzas del mal o del materialismo sobre la tierra. No hablo por hablar; estoy tratando de demostrar la necesidad de consagrar­se indefectiblemente, a quienes están espiritualmente orientadas a la tarea de desarrollar la voluntad al bien en la tierra y también demostrar la absoluta importancia de fomentar la buena voluntad entre las masas. Si esto no se hace al terminar la terrible depuración global, llevada a cabo hasta ahora, la etapa final será peor que la primera. El egoísmo individual será reemplazado por el egoísmo grupal, que en consecuencia será más poderoso por su dedicación, enfoque y resultados malignos. (18 - 100)

(5). Un gran trastorno en todos los reinos de la naturaleza ha caracterizado al actual día y generación; la enorme destrucción de todas las formas de vida divina en cada reino, ha sido la nota más destacada de este trastorno. Nuestra moderna civilización ha recibido un golpe mortal del cual nunca se recuperará, pero algún día será reconocido como el "golpe de liberación" y la señal para que aparezca lo nuevo, mejor y más apropiado para el espíritu en evolución. Grandes y penetrantes energías y sus fuerzas evocadas han entrado en conflicto y, figura­damente hablando, han elevado el reino mineral a los cielos, haciendo descender el fuego desde las alturas. Hablo de hechos reales y no simbólicos. Los cuerpos de hombres, mujeres y niños y también de animales, han sido destruidos; las formas del reino vegetal y las potencias del reino mineral, han sido desintegradas, diseminadas y devastadas. La coherente vida de las formas planetarias ha sido llevada momentáneamente a un estado de incoherencia.

El trastorno producido en el "suelo" del mundo - espiritual, sicológico y físico -, la desintegración de las formas y de los familiares contornos de nuestra vida planetaria, debieron producirse, antes del surgimiento de la Jerarquía, en la conciencia humana; todo ello debía realizar su trabajo sobre las almas de los hombres antes del advenimiento de la nueva era, trayendo la Restauración de los Misterios y la rehabilitación de los pueblos del mundo. Ambos hechos van unidos. Este es uno de los principales puntos que trato de inculcar. La disolución, desintegración y las condiciones extremadamente caóticas que han existido en los reinos de la naturaleza, durante los últimos quinientos años, se han abierto camino hasta desarrollar condiciones físicas paralelas. Esto es bueno y deseable; marca el preludio de una más hábil construcción de un mundo mejor, de la creación de formas más adecuadas de vida y la adopción de actitudes humanas más correctas, además de una orientación de mayor sensatez hacia la realidad. Todavía debe llegar lo mejor.

Todo va surgiendo rápidamente a la superficie (lo bueno y lo malo, lo deseable y lo indeseable, el pasado y el futuro ‑pues ambos son uno‑ ); el arado de Dios casi ha terminado su tarea; la espada del espíritu ha separado el maligno pasado del radiante futuro, y el Ojo de Dios ve a ambos como contribuyentes; se verá a nuestra civilización materialista cediendo rápida­mente su lugar a una cultura más espiritual; nuestras organizaciones eclesiás­ticas, con sus limitadoras y confusas teologías, cederán en breve su lugar a la Jerarquía, con sus enseñanzas emergentes, claras, actuales, intuitivas y sin dogmas. (18 - 120/1)

(6). ¿No pueden ver acaso la belleza de este plan y su sintetizadora y culminante utilidad? ¿Percibirán que la crisis actual sólo indica el éxito de los ciclos evolutivos anteriores, donde la humanidad aprendió ciertas lecciones? Todos los proyectos de posguerra, la difundida reacción a los ideales (a pesar de los esfuerzos del mal y de las fuerzas reaccionarias), las agitadas pertur­baciones que alcanzan a todos los niveles de la conciencia humana, más el acicate del desastre y el sufrimiento, están abriendo explosivamente zonas hasta ahora selladas en las mentes de los hombres, permitiendo que llegue la iluminación y arrase las malas y antiguas condiciones. Tenemos su símbolo en la destrucción de viejas ciudades y en la mezcla de razas, debido a los procesos de la guerra, lo cual también significa progreso y preparación para grandes expansiones de conciencia. Estas grandes expansiones de la com­prensión humana alterarán completamente, durante los próximos ciento cincuenta años, la forma de pensar de los hombres; cambiarán las técnicas religiosas y harán factibles la captación y la fusión. Cuando se haya realizado este trabajo tendremos una paz mundial que simbolizará el estado del espíritu humano. Los hombres se dedicarán entonces a la gran tarea que nos enfrenta a todos en la nueva era ‑ la tarea de disipar el espejismo e iluminar con más claridad el plano astral; del mismo modo se habrán establecido mejores condiciones físicas en el plano físico. Todo está ya planificado y ordenado y disponibles las energías y fuerzas correspondientes, pues la Jerarquía actúa siempre de acuerdo a la Ley de Ciclos o de Compensación Cíclica. Los Maestros saben con toda exactitud lo que debe hacerse mediante la correcta programación y lo que es denominado "crisis de extensión espacial". (18 - 201)

(7). La liberación de la energía del átomo puede ser considerada como la inauguración definitiva de la Nueva Era; cambiará tan completamente nues­tro modo de vivir que muchos de los proyectos formulados hasta ahora será de carácter provisorio; ayudarán a la humanidad a hacer la gran transición del sistema materialista que hoy predomina, a otro sistema que tendrá como característica básica las correctas relaciones humanas. (7 - 87)

(8). Si la energía atómica se aplica a obras constructivas y se mantiene resguardada en manos de hombres sensatos, el sistema capitalista está con­denado a desaparecer. El mayor problema del trabajo será entonces la desocupación, palabra muy temida y que no tendrá significado alguno en la futura edad de oro. Entonces las masas enfrentarán el problema de cómo ocupar su tiempo libre, problema que cuando sea enfrentado y resuelto liberará la energía creadora del hombre hacia canales hasta ahora no soñados.

La liberación de la energía atómica es, en todos los reinos de la naturaleza, la primera entre muchas grandes liberaciones; la gran liberación que le espera a la humanidad hará expresar los poderes creadores de la masa, las potencias espirituales y los desarrollos síquicos, que demostrarán y pondrán de mani­fiesto la divinidad y la inmortalidad del hombre. (7 - 88/9)

(9). La nueva era está muy cerca y somos testigos de los dolores del parto de una nueva cultura y civilización. Lo viejo e indeseable debe eliminarse, y de estas cosas indeseables, los primeros que deben desaparecer son el odio y el espíritu de separatividad. (5 - 82)

Ver también: (6 - 240)

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