Todos aquellos que caminan el sendero espiritual tienen que enfrentar la diferencia – muchas veces una diferencia muy marcada – entre el estado insatisfactorio de las cosas tal y como están y la visión de cómo podrían estar. Ir del uno al otro, puede decirse, realmente, que es la definición del sendero. En teoría es simplemente una cuestión de suplantar los viejos hábitos egoístas con las cualidades del alma, del amor abnegado y una creatividad práctica que sirve y eleva todo en nuestro entorno a mejores entendimientos y relaciones. Pero en cuanto nos empeñamos a conseguirlo, la magnitud de la tarea se hace evidente rápidamente. Estamos teniendo que tender un puente a lo que es en efecto un abismo en la conciencia. Se hace claro que nos hemos puesto un objetivo que solamente se puede conseguir cuando continuamente manifestamos lo mejor de nosotros mismos. En concreto, debemos desarrollar una persistencia que persevere en cualquier circunstancia o contratiempo que pueda surgir, así como esforzarnos en expresar lo mejor de nosotros mismos, también tenemos que enfrentar y transmutar lo peor, porque esto yace dentro de cada uno de nosotros esperando a que resbalemos o que nos apartemos de nuestro propósito espiritual.
Normalmente pensamos sobre esta situación en términos de la experiencia del discípulo individual, pero es, ahora cada vez más obvio, una clara descripción de la situación en la que se encuentra la humanidad entera. Por todas partes y en cada campo de actividad humana estamos enfrentados a diario con la dolorosa yuxtaposición de lo inaceptablemente malo y lo (aparentemente) inalcanzablemente bueno. Sin embargo, un breve repaso de la historia reciente nos enseñará rápidamente que se han dado pasos gigantes en el mejoramiento de la humanidad y que el ideal de mejorar las relaciones humanas en el mundo es uno para el cual las ONGs, las Agencias Internacionales de las Naciones Unidas, muchos gobiernos nacionales y millones de personas trabajan incansablemente y con éxito.
Al frente de este trabajo hay un grupo de dedicados servidores que han surgido desde dentro de los rangos de la humanidad, que están generalmente ya han logrado apartar las preocupaciones de la personalidad y que consecuentemente pueden, como grupo, mediar la luz del alma y la arquitectura radiante del Plan al pensamiento exterior y en la vida de deseos de la familia humana. Por tanto, ellos pueden reunir la gran demanda humana contemporánea de luz y dirección espiritual. Necesitamos la luz de la sabiduría para comprender y beneficiarnos del pasado; necesitamos la antorcha del pensamiento claro para disipar las nieblas de ilusiones y espejismo del presente. Y, sobre todo, necesitamos la luz de visión para que, como especie, podamos guiar nuestro camino hacia delante a un futuro preferido. En conjunto estos tres aspectos de luz espiritual es lo que yace detrás de la iniciativa de servicio de Triángulos. Su invocación diaria del grupo mundial de Triángulos puede ayudar a transformar la conciencia humana y permitirnos a todos juntos, verdaderamente, dar la talla al punto de referencia de los valores del alma.
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