La ciencia ha concluido que detrás de los sistemas aparentemente caóticos, parece haber majestuosos trasfondos de patrones de orden. Sistemas complejos que tienen detalles infinitos y formas geométricas que se conocen como ‘fractales’ y se considera que se encuentran en todas partes en la naturaleza, como en las costas, montañas y hasta en las agrupaciones de galaxias. La teoría del caos trata de explicar el orden dentro del desorden y para comprender que todo cambio sutil afecta a todo lo demás. Es imposible determinar a dónde lleva este pensamiento científico pero, sin embargo, la ciencia empieza a reconocer las interconexiones entre aparentemente sucesos al azar. Hasta este punto, la ciencia había predicado un universo relativamente ordenado donde las leyes físicas operaban universalmente. La teoría del caos cambiaría esto para siempre. Para explicarlo más fácilmente, el pensamiento científico moderno ha evolucionado de un universo mecánico a uno que es infinitamente más complejo, aunque muy posiblemente interconectado.
Los descubrimientos de la ciencia nos han proporcionado un entendimiento valioso en cuanto a la naturaleza del universo físico. El hecho de que la ciencia nos haya revelado un tanto la naturaleza de la luz, la energía y la electricidad sea, posiblemente, indicativo de que un avance importante en los reinos etéricos, de los reinos protiles, no esté demasiado lejos. Si es así, esto anunciará un nuevo capítulo en los anales de la ciencia moderna, posiblemente tan innovador como cualquier cosa que haya ocurrido antes. Este descubrimiento permitirá que la ciencia y la filosofía esotérica estén más ligadas la una a la otra.
Fue posiblemente Platón que declaró ‘Dios geometriza’, que hay un patrón y un orden en el universo, y que hay un diseño en la naturaleza, aunque las complejidades de estos patrones parecen imposibles de interpretar. Solamente el ojo entrenado de un vidente puede empezar a apreciar la majestuosidad de la interrelación de la vida, y como las leyes universales juegan sobre el caleidoscopio cambiante de las galaxias, sistemas solares, rayos, jerarquías, planetas, planos, vidas humanas e infrahumanas.
Si, entonces aceptamos que sí hay un patrón, una gobernabilidad, un orden y una dirección en la vida entonces debemos también aceptar, si tan sólo hipotéticamente, que hay una Vida central que informa a la infinidad de vidas que abarca el universo manifiesto.
Desde tiempos inmemoriales las ciencias esotéricas han aludido a un despliegue de un patrón universal de belleza infinita gobernada por una ley espiritual en la que la Deidad otorga su beneficencia a través de ‘la gran Jerarquía del Ser’. La Sabiduría Eterna habla de ‘la gran Jerarquía de Ser’ como un mundo viviente de Vidas supremas, inteligentes y espirituales, conectando galaxia con galaxia, estrella con estrella, sistema con sistema, y planeta con planeta a través de la interacción eléctrica de la energía. El Cristianismo, el Judaísmo y las escrituras Cabalísticas también hablan de grandes jerarquías angélicas realizando ciertos papeles en las esferas celestiales.
A través de esta coherencia, la gobernabilidad de Dios se administra dentro del Todo. Y, por este vasto e inimaginable sistema, fluye el Aliento viviente de Dios impulsando todo hacia delante y hacia arriba a expansiones más grandes de la conciencia. Porque, a la larga, la ley del universo es el bien de todos para toda la eternidad.
La verdad es que, hay poco que alguno de nosotros podamos verdaderamente articular sobre un tema tan profundo, inmenso e impenetrable como la gobernabilidad de Dios. Hay mucho que debe permanecer velado. El peligro de demasiado conocimiento es mucho peor que el de demasiado poco. Pero, en el uso de la ley de analogía, pueden emerger unos pocos vislumbres tenues sobre la verdad del Altísimo y la interrelación universal de la vida.
Por tanto, según desarrollamos el conocimiento más allá de los muros de confinamiento de la personalidad, empezamos a comprender el concepto de las relaciones de grupo, y desde este punto nos movemos continuamente a una apreciación de nuestro pequeño lugar dentro del todo planetario y más allá, hasta que, finalmente, ‘escapamos’ del sistema solar en sí y nos movemos progresivamente hacia una conciencia universal. Y, como el filósofo-poeta Robert Browning en su poema ‘Paracelsus’, reconocemos que:
“La verdad está dentro de nosotros mismos; no nos eleva.
De las cosas exteriores, sea lo que sea en lo que creáis.
Hay un centro íntimo en todos nosotros,
Donde la verdad habita en plenitud, y alrededor,
Pared sobre pared, la carne bruta encierra,
Esta perfecta, clara concepción que es la verdad.”
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