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2009#1 - Derechos Humanos y Responsabilidades Espirituales
Vivimos en una época en la que los derechos humanos no se consideran algo excepcional, y se ven como la forma más útil de garantizar la moralidad en la esfera pública. Tanto es así que, incluso en países en los que los gobiernos son opresores, siguen sintiéndose obligados a defender su historial de derechos humanos. Es fácil subestimar el avance tan enorme que esto supone. Gran parte del crédito de este hecho se debe a la influencia mundial que la Declaración Universal de los Derechos Humanos ha logrado en sus sesenta años de existencia. Redactada en el período subsiguiente a la segunda guerra mundial, estaba pensada para dar efecto a las provisiones que aparecían en la carta de la ONU sobre los derechos humanos. Se ha convertido en una especie de estándar de oro, contra el cual se mide el comportamiento nacional. Dada su extendida influencia, es normal que nos preguntemos en qué se fundamentan finalmente los derechos. Podríamos enredarnos en cuestiones filosóficas intentando responder. Pero si reconocemos la existencia de una dimensión espiritual, la respuesta es simple: el origen de los derechos reside en el hecho de que cada ser perceptivo es una manifestación de la Vida Una, una expresión del Propósito Divino. Como resultado, cada ser es igual de valioso, de la forma más profunda posible. Esta es la base para la reivindicación, expresada en el artículo 1º de la Declaración Universal de que “ Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…” ( énfasis añadido), en otras palabras, la noción de que los derechos humanos son universales. Este puede ser el elemento más controvertido de la Declaración. Afirmando esta identidad fundamental de todos los seres humanos, elimina todas las diferencias de cultura y religión. Un ponente de Buena Voluntad Mundial lo expresó de la siguiente manera en el Simposio de Nueva York:
Reflexiones como ésta, sobre las implicaciones espirituales de la Declaración Universal, nos dan cierta idea de su verdadera significancia a largo plazo. Sin embargo, al mismo tiempo, somos criaturas impacientes por naturaleza, y ansiamos ver la Declaración puesta en práctica ya, totalmente, en todas partes. Y cuando resulta tan evidente que no es así, podemos desanimarnos e incluso sucumbir a la desesperación. Como pregunta Kimberley Riley, al principio de su presentación La dignidad y los derechos del hombre: una historia del ideal democrático; “¿Cómo vamos a encontrar algo que fomente el progreso humano, cuando los registros históricos y contemporáneos parecen a menudo tan áridos? ¿Podemos ver algún progreso real en la consciencia humana o más bien es cierto, como sugiere el viejo proverbio francés de que: ‘cuanto más cambian las cosas, más parecidas siguen’? (‘Plus ça change, plus c’est la même chose’)”. Prosigue preguntando, “¿Cómo puede ayudarnos el estudio de la historia en general, o el estudio de la historia de la democracia y los derechos humanos ayudarnos a adquirir inspiración para el progreso colectivo de la humanidad? ¿Qué pensamientos desarrollamos a solas y compartimos con los demás como fuente de apoyo…? ¿Qué lenguaje podríamos inventar para este fortalecimiento colectivo? A continuación introduce la relevancia directa de esta cuestión para las democracias contemporáneas reflexionando sobre los pros y los contras de una opinión pública crítica:
Expone el caso de que tendemos a tener una perspectiva demasiado a corto plazo sobre la evolución de la consciencia:
Apoya esta última afirmación examinando la revolución de los sistemas legales, desde los tiempos del emperador babilónico Hammurabi (1760 AC) hasta la Carta Magna (1215 DC). Observa que, mientras que los edictos de Hammurabi incluyen elementos que hoy consideraríamos bárbaros, “si que contienen dos principios básicos que serán eventualmente la base de toda constitución democrática y toda carta de derechos: esto es, que las mismas leyes se aplicarán en todas partes y que deben ser públicamente conocidas”. Investigando la conexión con la Carta Magna, observa que “la organización social humana y el pensamiento filosófico, muy similarmente a la ciencia y la tecnología humanas, construye sobre el pasado, incorporando viejas ideas y añadiendo innovaciones en incrementos”: en la Carta Magna, existe el mismo énfasis en que sus leyes se apliquen igualmente en todas partes. Sin embargo, también hay avances:
Continúa:
Como conclusión, observa:
Una de las dificultades potenciales con el avance de un enfoque del desarrollo humano basado en los derechos es que puede que sea más adecuada a unas culturas que a otras. Así, un distinguido grupo de antiguos jefes de estado, el Interaction Council, ha señalado que, junto con los Derechos Humanos, deberíamos también considerar las responsabilidades humanas, y que ambos son necesarios para formar una imagen completa del comportamiento ético humano (3). Hacen la interesante observación de que, mientras que Occidente se siente cómodo con una descripción basada en los derechos de cómo los individuos deberían relacionarse entre sí en la sociedad, en Oriente es frecuente poner más énfasis en la noción de las responsabilidades que el individuo tiene para con los demás y con la sociedad en general. Podríamos decir que, aunque Occidente apoya firmemente el lado de la libertad del individuo, en Oriente podría haber una tendencia a apoyar el lado de un funcionamiento bien engrasado de la sociedad. Un ejemplo significativo de esta diferencia cultural es China. Durante las últimas Olimpiadas, las autoridades chinas seleccionaron zonas oficiales de protesta en Beijing donde pudieran reunirse quienes quisieran protestar contra alguno de los aspectos de las Olimpiadas o contra cualquier otra cuestión. Para obtener acceso a estas áreas, había que entregar un impreso relleno a las autoridades. El New York Times informó que, a los cinco días de Olimpiadas, ni una sola protesta había tenido lugar, y dio ejemplos de personas que habían entregado los impresos y que subsiguientemente fueron detenidas. Mientras que quienes viven en una democracia occidental podrían ver esto como una violación flagrante de los derechos humanos, podría merecer la pena intentar ver el incidente desde la perspectiva de las autoridades chinas. Habiendo colocado su país, y especialmente Beijing, en el epicentro de la atención mundial, es presumible que quisieran asegurarse de que las imágenes que salían de Beijing fuesen tan positivas y armoniosas como fuese posible –y está claro que múltiples protestas no encajarían en esa prescripción. Incluso podrían pensar que era el deber de todos estos ciudadanos ayudarles en esta empresa. Esto no es para aprobar la acción china, o juzgar la legitimidad o no de los protestadores. Es sencillamente para ilustrar un tipo de mente diferente, que localiza el equilibrio entre armonía social y libertad individual en un lugar bastante distinto al de la democracia occidental. Reflexionando sobre el tema de las responsabilidades, en el encuentro de Londres, Julia Häusermann sugirió que estas responsabilidades se le deben principalmente a la humanidad como totalidad. Observa que su organización Rights and Humanity, “reconocía que tenemos ciertas responsabilidades que compartimos a través de nuestras fes y culturas. Tenemos las responsabilidad de respetar la dignidad humana, tenemos la responsabilidad de pensar y comportarnos con compasión, de actuar con integridad, y de crear paz de manera que podamos todos vivir en unión”.
Discutiendo como puede uno equilibrar los derechos humanos con las responsabilidades, da el siguiente ejemplo:
Volviendo a la situación en Gran Bretaña, comenta:
En los comentarios finales de Nueva York y Londres, esta necesidad de aceptar nuestra responsabilidad por el bien común queda también reflejada. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo se identifica como el grupo que está ayudando a la humanidad a reconocer este sentido de responsabilidad. Concluyendo, en un tiempo de crisis mundial como éste, cuando las formas antiguas y familiares han sido cuestionadas y se han percibido como insuficientes, pero poca claridad ha emergido para iluminar el camino, la meditación grupal puede ser una poderosa forma de servicio (4). Las ideas fundamentales en las que un mundo nuevo y mejor para todos debe basarse pueden aclararse y capacitarse mediante el poder de la meditación, volviéndolas reconocibles a las personas de buena voluntad de todo el mundo. La meditación grupal puede ayudar a estimular el crecimiento de la opinión pública, y aumentar los esfuerzos de los servidores que han pensado hasta labrarse un camino a un nuevo nivel de entendimiento, ayudándoles a mantener su sabiduría como una visión ante los ojos de todo el mundo. 1. Copias impresas de la Declaración están disponibles en Buena Voluntad Mundial. También se está preparando un comentario sobre este tema y debería estar disponible en breve (ver el impreso de pedido). 2. N.B. ‘apoyo’ en este contexto no pretende implicar una animación irreflexiva. A veces la forma más efectiva de apoyar a un gobierno es esforzarse por corregir sus excesos y deficiencias. No hace falte decir que las personas de buena voluntad siempre harían esto de una forma constructiva, y se centrarían en las políticas, y no en las personalidades. 3. Para obtener copias del texto del Interaction Council, A Declaration of Human Responsibilities, vea el impreso de pedido. 4. La meditación Fortaleciendo las manos del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, está disponible aquí.. | ||||||||||||||||||||||||