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PANORAMA MUNDIAL – La Buena Voluntad en el Espejo Eléctrico

“La Buena Voluntad es la piedra de toque que transformará el mundo”. “La Buena Voluntad es amor en acción”.

Estos son aforismos familiares para los lectores de Buena Voluntad Mundial. Pero como la mayoría de aforismos, tienen varias capas de significado y de importancia. Se dice que la buena voluntad es la llave para la transformación de la conciencia humana; es también la expresión más profunda de amor divino que la humanidad ha sido capaz de alcanzar hasta ahora en su historia evolutiva. La buena voluntad es una expresión que crece rápidamente en todo el mundo (es “contagiosa”, como se nos dice), y esto es importante, porque significa que la conciencia humana está empezando a adaptarse al gran principio cósmico de amor.

Este principio cósmico tiene su origen en lo que esotéricamente se llama el plano astral cósmico –un plano astral que es varias espirales superior que nuestro propio nivel astral/emocional humano. El amor cósmico -que podría considerarse como el amor universal expresado por Dios- es en la actualidad, bastante más allá de nuestra limitada comprensión de amor. Principalmente es una vasta energía eléctrica, atractiva y dinámica. Y es este principio universal, dinámico, el que la humanidad está destinada a expresar en la tierra en un futuro lejano. Pero nuestra actual, muy distorsionada expresión de amor y buena voluntad astrales, es sin embargo, el vínculo de conexión con este principio cósmico.

Es importante saber –basándonos en lo que podemos absorber de las enseñanzas esotéricas- que el contenido del plano astral humano está formado en su mayor parte por formas-pensamiento creadas o “productos de la imaginación” construidos durante los millones de años de la historia humana. Esto se aclara en una significativa afirmación en Los Rayos y las Iniciaciones: “se debe tener en mente que la razón por la que el espejismo predomina y la ilusión funciona en los tres mundos [naturaleza física, astral y mental] se debe al hecho de que los hombres se identifican con el cerebro físico denso, e interpretan la vida en términos de experiencia en los tres mundos. No hay un verdadero plano astral desde el ángulo de las identificaciones de la personalidad, sino solamente lo que podría considerarse como producto de la imaginación; sin embargo, fundamental y sustancialmente lo que conocemos como plano astral es el reflejo del principio cósmico de amor” (pp. 357-358 ed. Inglesa- pág 295-6 ed. Española).

La palabra “reflejo” contiene la llave de la comprensión del problema del espejismo en la conciencia humana. Cuando te pones ante un espejo, ves un reflejo de ti mismo, pero con la imagen al revés; la izquierda y la derecha están opuestas a ti, la forma original. Y la imagen en el espejo no tiene vida propia; al reflejo le falta una realidad básica. La única vida que la imagen parece tener, es la vida que tú le das –se mueve cuando tú te mueves. La forma como el espejo expresa tu imagen es similar a lo que hace el plano astral al principio original de amor cósmico –invierte el flujo de energía. La intención original del amor cósmico, dinámico, es invertida a medida que su energía fluye dentro de la densa conciencia del cerebro humano. En el proceso de rebajar el nivel desde lo cósmico a lo humano, el amor universal se invierte y es expresado como un amor personal y centrado en uno mismo, justo lo opuesto a la intención divina.

Esto no quiere decir que nuestra distorsionada y muy personal expresión del amor glamoroso, es necesariamente equivocada; es simplemente inevitable, dado el estado limitado de nuestro desarrollo evolutivo. Y así como un espejo refleja invertidamente, así lo hace nuestra naturaleza astral/emocional. El plano astral es donde la mayor parte de la humanidad está enfocada en el momento actual. La energía sigue al pensamiento. Sin embargo, a medida que el foco mental de la humanidad se vuelve más sensible a impresiones superiores, es capaz de trascender el nivel astral completamente y traer atravesándolo, una imagen más exacta del principio de amor cósmico, es decir, buena voluntad y hermandad universal. Esto es lo que está comenzando a suceder actualmente en todo el mundo. Se dice que la buena voluntad es la expresión inferior del amor divino; es lo que casi toda la humanidad es capaz de expresar en estos momentos. Pero es un importante paso adelante hacia nuestra meta de destino. A medida que nos movemos hacia arriba y nos expandimos en conciencia, la imagen en el espejo astral se vuelve menos distorsionada. Si extiendes tu imaginación, puedes ver un momento en el futuro en que la imagen ya no está invertida. Esto sucederá cuando te des cuenta de que todos estos fenómenos astrales son irreales y deberían ser dejados atrás, consumidos por falta de uso.

Es importante darse cuenta de que cada ser humano es esencialmente una unidad eléctrica, que nuestra vida es parte del circuito de vida eléctrica de Dios –una esencia eléctrica que anima todas las formas, incluyendo las formas humanas en este planeta. El espejo astral es también eléctrico; está esencialmente hecho de formas-pensamiento humanas distorsionadas que –debido a que están hechas por humanos- vibran a un ritmo mucho más lento que la del amor cósmico. Afortunadamente, la energía de buena voluntad vibra a un ritmo más estrechamente en sincronización con nuestra conexión cósmica, la fuente original del amor humano. Este es el porqué la buena voluntad es una expresión más refinada que la del amor centrado en uno mismo, y por qué finalmente transformará el mundo. La buena voluntad está re-direccionando el libre albedrío humano para que se corresponda más estrechamente con la divina Voluntad de Dios. Y la imagen en el espejo eléctrico reflejará entonces la verdadera intención del principio cósmico de amor. La energía refinada de la buena voluntad actúa como una lente correctora que invierte la imagen astral distorsionada en el espejo. La buena voluntad activa es una evidencia de que una reorientación del deseo humano está transformando lentamente pero con seguridad, la conciencia humana. Es necesario que este proceso continúe, de forma que la humanidad esté adecuadamente preparada a medida que entra en una nueva y dinámica era.