La Economía Divina
La Economía Divina |
Que los fuegos de la divinidad consuman toda la escoria. Que el oro puro emerja. Denme el oro del amor viviente para derramarlo sobre los hijos de los hombres.1
Apreciado/a colaborador/a:
Las tensiones geopolíticas del siglo XXI están inextricablemente relacionadas con la economía global y el problema de los "objetivos materiales" excesivos y los "deseos adquisitivos" de la humanidad. Pero, ¿cuál es el ideal espiritual en contraste con la realidad actual? ¿Cómo podría ser el futuro lejano cuando la humanidad esté resonando con la demanda espiritual de la Gran Invocación de "Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra"? Mantener una visión para la humanidad es un servicio esotérico importante, por lo que tiene valor construir una imagen de una “Economía Divina” con el ojo de la mente – una visualización sumamente evocadora cuando se utiliza con la Gran Invocación.
Para construir una imagen así, podemos empezar adaptando espiritualmente el significado raíz del término ‘economía’. El diccionario nos da el de “administración del hogar, ahorro”; por eso una economía divina podría definirse como la administración espiritual de una morada a través del ahorro. Esto describe muy bien el funcionamiento de la gran Ley cósmica de Economía, responsable de la materialización del Espíritu. Esta ley emplea la menor cantidad de energía necesaria para lograr sus fines. En los albores de la Creación, ella impartió al espíritu el movimiento rotatorio o circular, dando lugar a que la sustancia se separara y dividiera en una multitud de esferas (siendo la esfera la forma más eficiente de energía en la naturaleza).
Cada esfera es lo que la ciencia llama un átomo - pero en realidad es una diminuta vida espiritual que gira en torno a su propio eje central y circunscribe un área de espacio como su hogar. Grupos de estas vidas se acumulan y resuenan juntos bajo la influencia de otra gran Ley Cósmica de Atracción, que las construye en la multitud de formas de todos los reinos de la naturaleza. Cada forma es una pequeña economía en sí misma, relacionada con la economía mayor a través del flujo circulatorio divino en el que todos están inmersos.
Cada esfera de vida participa en esta circulación: cada vida solar, humana y atómica recibe energía de los reinos internos a lo largo de su eje vertical, y la modifica de acuerdo con su conciencia antes de irradiarla hacia el entorno. Desde una perspectiva espiritual, un ser humano no es menos esfera que un sol, un planeta o un átomo. Los siete chacras principales, o flores de loto de la Filosofía Oriental, en realidad son vórtices de fuerza situados a lo largo de la columna vertebral, a través y alrededor de los cuales circula la sustancia etérea del aura. Y junto con todas las demás unidades de vida en el flujo circulatorio divino, el ser humano recibe y distribuye energía, como se simboliza bellamente en el proceso biológico de la respiración: la inhalación y la exhalación, el consumo y la producción.
El consumo y la producción humanos tienen lugar en todos los niveles, tanto subjetivos como objetivos, y la economía humana debería expresar idealmente las cualidades y capacidades únicas de cada persona, que podrían considerarse como capital espiritual. Todos los seres humanos tienen la responsabilidad de recurrir a este capital para producir lo que es de beneficio espiritual para los demás, mientras que, a cambio, otros hacen lo mismo por ellos. La economía espiritual comienza entonces a responder a la gran Ley Universal de Economía. Quienes están comenzando a responder a esta ley están ‘poniendo su casa en orden’ por medio de la práctica del ahorro espiritual. Esto está bellamente expresado en la nota clave espiritual del signo zodiacal de Cáncer: Construyo una casa iluminada y en ella moro.
El trabajo de reconstrucción espiritual se lleva a cabo desvinculando la conciencia de los sentidos físicos del cuerpo y reorientándola hacia los chacras superiores. El centro de cada chacra define el nuevo hogar, con la conciencia polarizándose constantemente en la cima – en el loto de mil pétalos justo encima de la cabeza. Al mismo tiempo, los centros de loto comienzan a girar sobre sí mismos de una manera espiritualmente radiactiva y multidimensional. Los pétalos de cada loto funcionan ahora principalmente como puertos de distribución para las energías del servicio, mientras que, en el vórtice central – la joya en el loto – está el banco espiritual (en el sentido de dirección y gestión de la energía). Las potencias se reciben en la joya central del loto y se mantienen en un punto de tensión, antes de distribuirse en buenas obras. Esto es ahorro espiritual. A través de la gestión económica de los centros de fuerza o chacras que cualifican el aura humana, el discípulo literalmente se convierte en:
“un punto de luz dentro de una luz mayor… una corriente de energía amorosa dentro de la corriente de Amor divino…un punto de fuego de sacrificio enfocado dentro de la ardiente Voluntad de Dios".2
A medida que continuamos construyendo nuestra visión de una Economía Divina, podemos pensar en el dinero, no solo como un símbolo de valor almacenado, sino como prana cristalizado, una energía potencial que puede transformarse en actividad productiva. Quien medita, almacena valor atrayendo energías cualificadas a su "casa iluminada" antes de transmitirlas a la humanidad en servicio. Para aquellos que están entrenándose para el discipulado con el fin de servir de esta manera, cada día presenta la oportunidad de gestionar la vida personal trabajando con la ley de la oferta y la demanda. A través de la meditación matutina regular, se hace uso de los recursos del alma para acumular capital espiritual, que luego puede distribuirse a lo largo del día en respuesta a la necesidad espiritual de los demás.
Imaginemos una época en la que toda la humanidad trabaje de esta manera y el flujo circulatorio divino, que pasa por todas las cosas, alcance un poder que transforme completamente la civilización humana. A medida que la evolución social avance, tarde o temprano surgirá una nueva comprensión del dinero y la economía, y aquellos que formarán la vanguardia de este pensamiento son descritos en los libros de Alice Bailey de la siguiente manera:
“Se ocuparán del aspecto divino del dinero, considerándolo como un medio por el cual puede llevarse a cabo el propósito divino. Manejarán el dinero como agentes por cuyo intermedio las fuerzas constructoras del universo pueden hacer el trabajo necesario; estas fuerzas constructoras (y aquí reside la clave) se ocuparán cada vez más de construir el Templo subjetivo del Señor, y de materializar lo que satisface los deseos del ser humano. Esta diferencia merece ser considerada”.3
Habiendo explorado la idea de una "Economía Divina", su energía y fuerza, ahora tenemos una imagen mental o "forma mental" que nos ayuda a visualizar la espiritualización de la situación económica global hacia el ideal. Esto es particularmente importante en este momento de cambios significativos. Los principios políticos y económicos constructivos adoptados después de la Segunda Guerra Mundial, estuvieron acompañados por altos ideales que promovían valores democráticos y cohesión social a nivel mundial; sin embargo, está claro que ya no se mantienen estos estándares. El creciente control de la economía global por parte del elitismo ha obstruido, en lugar de facilitar, la ley espiritual que exige la distribución equitativa de los recursos mundiales entre todos los pueblos en todas las naciones.
Como consecuencia de esto, las naciones de Eurasia, junto con los países en desarrollo del sur global, están colaborando para formar un bloque económico – BRICS – con el fin de desafiar la hegemonía de las naciones del G7, que han monopolizado de manera efectiva la política económica global, así como otros asuntos internacionales. Este desarrollo podría ser un factor más significativo en las tensiones globales actuales de lo que comúnmente se comprende o admite en Occidente. Mientras que Estados Unidos ha sido la potencia omnipresente en los asuntos globales con el apoyo de Europa, esta era está avanzando rápidamente hacia una mayor distribución del poder e influencia.
El impulso hacia un mundo multipolar está ganando fuerza a medida que la energía continúa afluyendo a la conciencia humana desde una variedad de fuentes, incluido Shamballa - “el centro donde la Voluntad de Dios es conocida”. A medida que el poder desciende a la Tierra y la Ley de Economía convierte esta energía en expresión material, se espera un aumento correspondiente en los acontecimientos planetarios. Por lo tanto, es vital en este momento de la historia mundial que la visión y el propósito espiritual estén arraigados más firmemente en los asuntos globales para dirigir el flujo de poder espiritual hacia los canales adecuados. La verdad del proverbio “donde no hay visión, los pueblos perecen” se está volviendo cada vez más evidente, y las sociedades corren el riesgo de deslizarse aún más hacia la agitación social y la decadencia moral.
A pesar de la agitación actual, seguimos siendo optimistas, pues la Ley de Economía es el medio a través del cual se materializan las visiones y los planes tanto de los Dioses como de los seres humanos. Esta capacidad universal de trabajar y planificar “garantiza la existencia en el ser humano de la capacidad de responder oportuna y grupalmente al plan de Dios, basado en la visión de Dios”.4
“El instinto de formular planes, que es inherente a todos los seres y tanto predomina en los más evolucionados, debe ceder su lugar a la tendencia a hacer proyectos de acuerdo al plan de Dios, tal como se expresa a través de la Jerarquía planetaria. Con el tiempo, esto producirá el anhelo de crear esas formas que imparten significado, lo cual trasmutará el mal en bien y transfigurará la vida”.5
En el compañerismo del Trabajo Uno,
El Grupo de la Sede
LUCIS TRUST
1. A.A. Bailey, El Discipulado en la Nueva Era, T. I, pág. 480 (ed. inglesa) (adaptado).
2. A.A. Bailey, El Discipulado en la Nueva Era, T. II, p. 175 (ed. inglesa).
3. A.A. Bailey, Psicología Esotérica, T. II, p. 192. (ed. inglesa).
4. Ídem, pág. 241 (ed. inglesa).
5. Ídem, pág. 244 (ed. inglesa).
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