El Ritmo Espiritual (Bol. Triángulos 232)
Los diccionarios definen ritmo como un patrón fuerte, regular y repetido de movimiento o, en la música, como la disposición de los sonidos, generalmente considerada como una alternancia ordenada de elementos contrastantes. Parece inevitable, entonces, que para tener sentido del ritmo también debamos tener sentido del tiempo, ya que debemos ser capaces de notar que los patrones se repiten, se colocan o se ordenan en alternancia dentro de algún tipo de estructura basada en esta noción.
En la vida humana, no podemos eludir la presencia del ritmo. El universo lo impone gentilmente a través de las revoluciones de la Tierra alrededor del Sol y las fases de la Luna. El mundo natural lo expresa mediante los ciclos constantes de las estaciones. Y nuestros cuerpos físicos deben alinearse con él si han de vivir en equilibrio. Enmarcamos los movimientos rítmicos dentro de la construcción del tiempo para poder medirlos y relacionarnos con ellos. Así, en alineamiento con el funcionamiento del universo, del mundo natural y de la naturaleza humana, creamos diferentes expresiones rítmicas para cada aspecto de nuestras vidas, generando así rituales. Nos sería imposible desligarnos de los múltiples niveles del ritmo y de su manifestación como rituales.
¿Y qué hay del ritmo espiritual? En un nivel —y aún dentro de la noción de tiempo— podríamos entenderlo como el ritmo de nuestra práctica espiritual, manifestado como un ritual. En nuestro trabajo con Triángulos, tenemos un ritual diario en el que funcionamos como un grupo unificado con una intención común, y cada día nuestro trabajo crea un campo fuerte de conciencia que se convierte en un medio para que la luz, el amor y el poder ingresen a la red planetaria accesible para toda la humanidad. Este ritual es nuestra disciplina y nuestro servicio.
También podemos concebir el ritmo espiritual como algo que trasciende estas actividades rituales, como algo que aún no sabemos nombrar, pero a través de lo cual el universo busca manifestar un plan divino interno. Las enseñanzas espirituales nos revelan que la propia vida respira rítmicamente, y que todo en el universo se ve impulsado por este ritmo. También se dice que el amor pulsa a través del universo en un ritmo divino. Al reflexionar sobre estas afirmaciones, intentamos rozar algo completamente inefable… el pulso divino… el pulso de la vida tal como late a través del cuerpo etérico del universo.
Tenemos la oportunidad de usar nuestro ritual diario para energizar aún más el campo de conciencia que creamos juntos, enfocando nuestra intención en ser agentes para que las energías sanadoras de la luz, el amor y el poder pulsen a través de la red de Triángulos en un ritmo divino. Se trata de intentar penetrar en la esencia misma de la vida.
Entonces, estamos utilizando el ritmo de nuestra práctica espiritual y trabajando juntos como uno solo con el ritmo espiritual de la vida.