Los Arco Iris de Luz

Las siguientes observaciones se transmitieron en el webinar de Triángulos del 31 de julio de 2017:
Vivimos en un mar de energías. Estas energías fluyen incesante y rítmicamente a través de todas las cosas y proporcionan la base espiritual para la realidad de las relaciones. Todas las cosas están relacionadas a través de este flujo etérico: los seres humanos, los mundos animal y vegetal, el planeta como un todo, así como las redes sistémicas y cósmicas mayores de las cuales somos una diminuta parte. Trabajar dentro de esta red de las energías, a medida que nos involucramos en nuestro trabajo de Triángulos, nos ayuda a tomar distancia del mundo de los efectos en el que vivimos diariamente y a entrar en esa realidad subjetiva más sutil. Mediante nuestra participación en este trabajo, obtenemos una perspectiva más amplia, una visión más sintética del mundo. Esta perspectiva nos recuerda que la rueda de la vida avanza lenta e irrevocablemente en inmensos ciclos dentro de ciclos, que son inimaginables para nosotros. Se dice que la nota clave de nuestro Logos, el gran Anciano de los Días, el Señor del Mundo, es relación. Por lo tanto, vemos cómo el trabajo de Triángulos seguramente de alguna manera está ayudando al Logos a anclar su nota clave en la Tierra, una nota clave que seguramente encontrará una resonancia más profunda dentro del reino humano a medida que avanzamos en la era de Acuario, porque Acuario es uno de los signos sobresalientes de relación.
Sin embargo, seríamos miopes si pensáramos que esta actividad de Triángulos que compartimos es exclusiva de nuestra vida planetaria; porque todos los planetas, todas las constelaciones y las estrellas se componen esencialmente de estas formas etéricas, igual que todos nosotros. Y seguro que dentro de este marco cósmico hay redes que abarcan no sólo otros planetas, sino también totalidades mayores como sistemas solares y también grupos de sistemas y galaxias. Más cerca de casa, por ejemplo, todos los planetas que son sagrados ya están rodeados por redes de Triángulos. Aquellos sistemas que no son sagrados, sabemos que están rodeados por una red de cuadrados. Esotéricamente hablando, se dice que dentro de nuestro sistema, nuestro planeta ya es sagrado, pero en el plano de la realidad material probablemente estamos en algún punto entre el estado de red triangular y uno compuesto de cuadrados. Pero quizás lo particular de nuestro planeta en este momento, es la aceleración del proceso que se está llevando a cabo con la participación activa de la humanidad en la creación de esta red. Porque aquí se está llevando a cabo un experimento de desarrollo evolutivo acelerado, y los trabajadores de Triángulos son parte integral de esto.
Las energías de los siete rayos son quizás las energías más potentes que condicionan la red etérica en la cual trabajamos. Los rayos fluyen a través y condicionan todas las formas de vida – las constelaciones, pero también las grandes estrellas y los planetas. Todas las cosas están coloreadas por estas siete corrientes y cada una tiene su color, nota y cualidades particulares. Cada uno de los rayos emana, por lo menos para el sistema del cual somos parte, de las siete estrellas de la Osa Mayor, una estrella para cada influencia de rayo.
Estas energías de rayo que fluyen desde una fuente distante, constituyen el puente arco iris macrocósmico, una clase de antakarana cósmico que fluye a través de todos los planos y todos los estados del ser. Cada uno de nosotros recibe las influencias que nos son propias – influencias que nos condicionan a nivel del alma y de la personalidad –, y tejen un patrón que nos conecta con nuestro yo superior. Y a medida que construimos este puente iluminado junto con otros que también están trabajando, se convierte en un medio por el cual las influencias de la Jerarquía espiritual, compuestas de los numerosos tipos de rayo, pueden verterse en el mundo. Este esfuerzo cooperativo es nuestro verdadero servicio.
Los arco iris son interesantes de muchas maneras. Se dice que en el momento de su muerte, los grandes santos se convierten en un arco iris radiante y la forma física se desintegra. Hay muchos ejemplos de este hecho anotados en los registros históricos de la India y China, que han sido investigados por el Instituto de Ciencias Noéticas. Se han encontrado 160.000 documentos de dichos sucesos.
Pero hay otros ejemplos entre los verdaderamente grandes maestros donde aparecieron arco iris en el entorno durante sus períodos de mayor expansión de conciencia. El Lama Govinda, un buscador alemán, en su libro El Camino de las Nubes Blancas, cita un interesante ejemplo de esto. Habló de un gran yogui del Tibet que vivió en la última parte del siglo XIX y principios del siglo XX, que llegó a ser conocido como Tomo Geshe Rinpoche – “La Sabia Joya del Valle del Trigo”.
Tomo Geshe pasó doce años meditando en una cueva y alcanzó gran sabiduría. Cuando salió de su cueva para tomar el sol y tocar un instrumento musical, un pastor que llegó a él lo convenció para salir de la cueva. Como el pastor reconoció la sabiduría de este hombre, lo convenció para salir de allí y comenzar otro tipo de trabajo como jefe de varios monasterios en Tíbet. Tomo Geshe pasó el resto de su vida viajando a través de Tíbet y la India dando su inspiración a los corazones de la gente, sanando a los enfermos y enseñando a quienes estaban listos para recibir la enseñanza del Dharma. Su intención principal era preparar al pueblo para el regreso del Buddha Maitreya.
El Lama Govinda transmitió un relato de una experiencia de contacto superior logrado por Tomo Geshe al principio de su trabajo público. Se le pidió dirigirse a un lugar elevado en la meseta del Tíbet, cerca de la frontera norte de Sikkim, un lugar que era amplio y abierto, con picos de nieve. El Lama Govinda escribió: “Es un lugar donde el cielo y la tierra se encuentran en igualdad de condiciones, donde el paisaje tiene la amplitud y el ritmo del mar abierto y el cielo la profundidad del espacio universal”. Tomo Geshe experimentó aquí visiones de grandes santos flotando en el cielo. Estas visiones parecían “tejidas de luz, brillando con todos los colores del arco iris, mientras se movían lentamente desde el este hacia el horizonte occidental. Al principio, la visión sólo era visible para [Tomo Geshe], pero a través del poder creativo de su imaginación era capaz de hacerlas aparecer a los presentes”. No todos vieron las visiones con la majestuosidad de la visión de Rimpoché, pero vieron lo suficiente como para inspirarlos. Los que pudieron ver fueron llevados a un maravilloso estado de paz porque la visión duró varias horas.
La liberación de los colores del arco iris durante grandes periodos de iluminación o de la muerte, puede darnos una idea de la realidad de la belleza y el color de la vida interna. Seguramente nuestro trabajo conjunto de Triángulos nos da la oportunidad de aprovechar esta gran red de luz que existe en el alma planetaria y liberarla como iluminadas olas de color vertidas sobre todos los mundos. Así, en nuestro camino, como chelas en otro tiempo y lugar, trabajando dentro de la red de triángulos, también podemos participar de un fragmento de la belleza y la alegría que apareció a los que participaron indirectamente hace muchos años en la iluminación de Tomo Geshe, en ese tranquilo valle en los recodos de esa “Ciudad de la Luz del Sol”, esa “Ciudad Santa”, que es el Tíbet.
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