El Materialismo y la Transmutación del Deseo - 17 de enero de 2026

Reunión de Meditación de Luna Nueva, Nueva York
16 de enero de 2026

Michael Galloway

Hola a todos y bienvenidos a esta reunión de meditación de luna nueva.

Capricornio, siendo un signo tanto de profunda materialidad como de alto triunfo espiritual, es un buen momento para reflexionar sobre el hecho de que siempre dentro de lo que podríamos considerar "inferior" yace la semilla para su eventual transmutación y redención. Esta reunión de meditación de luna nueva incluirá una breve presentación específicamente sobre el papel que la transmutación del deseo puede desempeñar en el abordaje del problema del materialismo de la humanidad, tanto hoy como cada vez más a medida que avanzamos hacia la Era de Acuario.

En la luna nueva trabajamos dentro del intervalo inferior del ciclo mensual. Los interludios inferiores están generalmente relacionados con el proceso del espíritu moviéndose hacia la forma, y por tanto con objetividad y expresión. Es un momento para considerar qué significa realmente para el alma ser exteriorizada y/o “hecha carne”, y cómo cada uno de nosotros puede ayudar en la manifestación del Plan Divino en la Tierra.

El intervalo inferior suele ser considerado como un tiempo para enfocarse en la distribución de las energías espirituales, aunque técnicamente el interludio inferior es el período de preparación que precede a dicha distribución. En nuestro trabajo de meditación, la energía es contactada, apropiada, enfocada y luego enviada a su misión. Pero antes de que sea enviada, deben ser visualizados los modos y medios por los cuales ha de salir, y deben prepararse las formas mentales a través de las cuales ha de trabajar. Estas preparaciones finales se realizan en el interludio inferior. La distribución, podríamos decir, sigue al uso científico de ambos interludios como un hábito diario; es el empleo correcto de la energía en servicio.

Al reflexionar sobre los intervalos, nos enfrentamos inmediatamente con la trinidad básica presente en todo trabajo espiritual: lo inferior, lo superior y el agente mediador (el alma) que los vincula. Nuestro trabajo es fundamentalmente un trabajo científico, pero también es un trabajo mágico, lo que significa que es creativo y que tiene que ver con el pensamiento, pues el pensamiento es la base de toda dirección de la energía. El uso correcto de los interludios requiere, antes que nada, polarización mental. El alma opera en el plano mental y desde allí dirige y gobierna mediante el empleo de tres mentes. Nuestro trabajo de meditación en las lunas nuevas y llenas es efectivo en la medida en que seamos capaces de trabajar como almas, en el plano mental, y con los tres aspectos de la mente, tanto en los interludios como en el período de meditación, que podríamos considerar como una actividad de intercesión entre ambos.

Esta luna nueva ocurre en el signo de Capricornio, un signo tanto de profunda materialidad como de elevado triunfo espiritual. Es un momento propicio para reflexionar sobre la naturaleza dual de todas las cosas y sobre el hecho de que la Vida está tan presente en las expresiones más elevadas del espíritu como en las manifestaciones inferiores de la materia y, por supuesto, en todo lo que hay entre ambas.

Esta reunión de meditación de luna nueva incluirá una breve presentación sobre el Problema del Materialismo y la Transmutación del Deseo, seguida de la meditación y del debate grupal.

Mantra del NGSM

Que el Poder de la Vida una fluya a través del grupo de todos los verdaderos servidores.
Que el Amor del Alma una caracterice las vidas de todos los que tratan ayudar a los Grandes Seres.
Que cumpla mi parte en el Trabajo Uno mediante el olvido de mi mismo, la inofensividad y la correcta palabra.

Al considerar el problema del materialismo, nos enfrentamos a un problema básico — quizá el problema básico — de la forma. Es un problema universal y perenne, y está profundamente ligado a la naturaleza misma de la dualidad; por ello podríamos decir, incluso, que es arquetípico.

En la ciencia esotérica, el número es la base de todo lo que existe y, por lo tanto, un medio muy eficaz para comprender la causa y el efecto en un sentido profundamente fundamental.

Toda la Cosmogenia Esotérica puede narrarse a través de la progresión de los números. Del Cero (el Absoluto) emanan el Uno, el Dos y el Tres, punto en el cual los mundos son formados y la creación comienza nuevamente como Tres, luego Siete y, finalmente, el Doce, que simboliza lo múltiple y todos los números subsiguientes. Estos números, al ser la base de toda manifestación, se reflejan una y otra vez en ella.

Dentro de esta cosmogenia tenemos Espíritu-Materia (la dualidad arquetípica básica) produciendo el universo objetivo; lo hace a través de un tercer factor que es siempre y en todo nivel la Conciencia. Por esta razón, esotéricamente se dice que el universo entero está modelado según la forma básica del Triángulo. La Conciencia se extiende desde lo más elevado hasta lo más inferior. Una vez que Espíritu y Materia se unen, no existe dualidad que no sea también una triplicidad.

El problema del materialismo es, en esencia, un problema de deseo y de apego a la forma. La materia en sí misma no es el problema. Lo que llamamos el problema del materialismo es, fundamentalmente, un problema de conciencia, porque se refiere a la relación entre el yo y el no-yo. Esta dualidad básica es el problema espiritual fundamental al que se enfrentan todos los aspirantes cuando recorren el sendero. Hoy en día, este problema es cada vez más reconocido por la Humanidad en su conjunto.

El aspirante promedio o la persona de buena voluntad puede observar alguna de las múltiples expresiones de este problema de apego a la forma y descubrir que se encuentra, en cierto modo, atrapado dentro de esta dualidad: esforzándose por lo superior, por el bien, por la virtud, pero sin ser todavía plenamente capaz de renunciar al deseo o al apego al impulso inferior de la forma. La aspiración está presente, pero aún no existe la capacidad ni la experiencia necesarias para realizarla plenamente.

Todo problema espiritual puede reducirse, en última instancia, a alguna versión de esta dualidad básica de correcta relación entre lo superior y lo inferior, lo correcto o lo incorrecto, lo espiritual y lo material, la personalidad y el alma. Aunque desde un enfoque exotérico esta dualidad pueda parecer simplificada, la solución consiste siempre en introducir el tercer factor que, en todos los casos, es el alma misma.

La manifestación concreta de este factor varía según el contexto. El alma, como “tercer factor”, a menudo parece situarse “fuera” del alcance de la dualidad o del problema que se está considerando y, sin embargo, al mismo tiempo, puede descubrirse “dentro” de ella. En ocasiones, en lugar de resolver la dualidad en una singularidad, el alma preserva la verdad relativa de ambas vías. A veces abre un tercer camino nuevo o una opción diferente. Este tercer camino puede perpetuar la dualidad, abolirla o absorberla, e incluso realizar todas estas funciones simultáneamente. En todos los casos, el alma modela su trabajo conforme al Plan. Las formas y circunstancias exigidas por este Plan no siempre coinciden con lo que creemos.

El alma, como agente del Plan, es el factor perenne que resuelve cada par de opuestos y posee la clave de toda paradoja; y lo hace, paradójicamente, estableciendo la dualidad: la dualidad básica entre el Plan y su expresión en la Tierra. Psicológicamente, el alma es a la vez el asiento de la individualidad y, al mismo tiempo, el grupo mismo. Es simultáneamente Una y Múltiple; es tanto lo superior como lo inferior. El alma está presente dentro de la forma, pero es también aquello que la sustenta o la vela desde lo alto. Sin embargo, el alma no es la forma. No es ni la forma de la derecha ni la forma de la izquierda; el alma es conciencia. Es un agente de enlace, un puente que trae la salvación desde los mundos superiores. Pero este puente solo opera cuando uno “llega a ser” el alma como un hecho viviente. Este “llegar a ser” es lo que entendemos cuando hablamos de servicio. La fuerza redentora de la Jerarquía requiere un medio vivo a través del cual pueda fluir: el alma (el yo) en plena encarnación es ese vehículo.

La conciencia del alma es, esencialmente, el factor del yo o “aquel que sabe que es”. Constituye la base y el fundamento para el descubrimiento de todo lo que es verdadero y real. El ser humano debe conocer la divinidad dentro de sí mismo antes de poder comenzar a conocer a Dios en la naturaleza.

Cuando decimos que la conciencia del alma es algo que debe ser descubierto, lo que esto significa es que se trata de un conocimiento que, en última instancia, se deriva de la propia experiencia. No es algo que pueda aprenderse en un libro, pues está relacionado con la plena objetividad y expresión de la vida subjetiva. A menudo se requieren medidas muy drásticas y transformadoras para facilitar este proceso de exteriorización, proceso que también se denomina la gran reversión de la rueda o el recorrer del Sendero.

En este Sendero, es necesario desplazar de manera drástica el centro de identidad y de polarización desde el cuerpo de deseo hacia la mente. Esto es mucho más difícil de lo que la mayoría imagina.

Existen numerosos conceptos erróneos acerca de lo que es la polarización mental y de cómo se alcanza. Es mucho más que desarrollar la mente inteligente y aprender a controlar las emociones. Se relaciona fundamentalmente con la transferencia de energía y con la transmutación del deseo o de la sustancia astral.

El cuerpo astral o de deseo es un medio entre las facultades mentales del ser humano y las percepciones sensoriales del mundo físico. Blavatsky lo describió como el depósito de todas las iniquidades psíquicas. Absorbe todo aquello que el ser humano ha depositado en él a lo largo de las edades y hoy se asemeja a un gran contaminante que rodea la Tierra, actuando como fuente de profundo sufrimiento moral y físico para la humanidad. En la actualidad es como una gran barrera: un crisol a través del cual todo aspirante a la conciencia del alma debe luchar y pasar. Otro nombre para esta inmensa nube de sufrimiento es “espejismo” (glamour); puede imaginarse como una densa niebla que rodea las formas mentales a través de las cuales opera la mente humana, ocultando así la verdad. Para lograr la verdadera polarización mental, es necesario aprender a identificar esta sustancia glamorosa y observar cómo distorsiona y vela el pensamiento, el habla y la acción humanas. La fuerza del glamour reside en el hecho de que somos ciegos a él: no podemos verlo. La capacidad de percibir el glamour desde la correcta altitud ocultista es la clave para su disipación.

Es el alma la que ve, pero llevar la percepción del alma a la actividad operativa requiere, ante todo, la práctica diaria y constante de la imparcialidad y el discernimiento. También requiere meditación diaria, mediante la cual se establece un puente de conciencia que vincula al alma con todos los aspectos de su forma.

Esta es la base mediante la cual se cultiva el poder dinámico del alma. Este Poder consiste, esencialmente, en la capacidad de ver la realidad y de transformar la forma de manera fundamental. El alma trabaja desde lo alto, percibiendo el Plan, y al mismo tiempo actúa desde abajo, a través de la forma, elevando y redimiendo los mundos inferiores.

Una de las etapas de este proceso redentor — en la que la forma se transforma de manera esencial — se llama transmutación. Esotéricamente, la transmutación es el medio por el cual la fuerza se convierte en energía y aquello que es inferior es absorbido por lo superior. Esto ocurre gracias al efecto magnético del contacto con el alma, inducido de manera científica, consciente y rítmica.

Esto se distingue del enfoque de muchos aspirantes bien intencionados que simplemente intentan establecer la jurisdicción del alma mediante la imposición de la voluntad, en un intento de negar la forma. Oponerse a la forma de este modo no es poder del alma, por el contrario, intensifica la polarización astral ya existente, llevando, básicamente, a la supresión y, en casi todos los casos, al fracaso. Solo el tercer factor (el alma) puede resolver la dualidad, colocando la materia, la forma y el deseo en su debido lugar.

Hoy más que nunca, la humanidad en su conjunto necesita establecer una comprensión científica del alma como fundamento para resolver sus problemas. El esoterismo — que es, esencialmente, la ciencia del alma — ofrece un paradigma de la dualidad y su resolución que tiene el potencial de revolucionar casi cualquier disciplina, si se entendiera y aplicara. Más aún, la conciencia del alma inducida científicamente a nivel colectivo pondría fin al dominio del materialismo y, de este modo, colocaría el aspecto material en su lugar legítimo como vehículo divino para la vida interior. Una conciencia del alma plenamente establecida también limpiaría todo el plano astral del glamour, y permitiría que las formas mentales sobre las cuales se construyen las civilizaciones humanas se mostrarían a plena luz del día, permitiendo que el sustento espiritual de un plano superior se precipite a través de ellas hacia todos, como una lluvia dorada celestial.

Esta expresión mundial de la conciencia del alma es exactamente lo que se entiende cuando se afirma que la solución a cada uno de los problemas de la humanidad es la Reaparición de Cristo. Cristo, el Maestro del Mundo, es el alma del planeta mismo. Debido a que el alma es a la vez Múltiple y Una, tenemos, en la persona de Cristo, el alma planetaria exteriorizada como Una, y ese mismo principio de alma exteriorizado en la Humanidad como Múltiple. En esta yuxtaposición fundamental, encontramos, nuevamente, al alma conectando y resolviendo una dualidad esencial.


DEBATE GRUPAL: El Materialismo y la Transmutación del Deseo

Todos tenemos un periodo de nuestra reunión donde el foro está abierto para que la gente comparta comentarios. Puede ser sobre el trabajo de la Luna Nueva, sobre el trabajo espiritual en general, o sobre el tema que tratamos del materialismo.

Emanuel:

Este materialismo y la transmutación del deseo constituyen un desafío inmediato que el mundo enfrenta; un desafío que, con una potencia creciente, enfrentan los aspirantes, los discípulos y los discípulos avanzados.

Reflexionando sobre este materialismo y la transmutación del deseo, invocaba que podamos hacerlo práctico, de modo que cada uno de nosotros, quienquiera que escuche esto, pueda ir a casa y simplemente renovar sus esfuerzos para provocar esta transmutación. Se afirmó claramente que uno de los enfoques principales es suscitar la necesidad — la necesidad interna — de lograr el mejoramiento de los vehículos para el alma, la personalidad, porque es a través de esos vehículos que la energía del alma se vierte en el triple mundo. Pero se hizo aún más práctico cuando se afirmó que la forma, la forma práctica inmediata, es mediante la práctica del desapego (detachment), luego la desidentificación (dispassion), luego la discriminación a través de la disciplina. Esto es algo que todos podemos hacer todos los días en cada situación posible de la vida.

Esta transmutación está ocurriendo en todas partes. Es un proceso doloroso, como dijiste. No es un proceso fácil. Pero hoy, más que nunca, tenemos claridad sobre el proceso y, de nuevo, ese proceso se da a través del desapego en el aspecto emocional; luego la discriminación, distinguiendo lo correcto de lo incorrecto, la luz de la oscuridad y las dualidades sucesivas; luego la desidentificación para seguir lo que es correcto. Y lo que los une a todos es la disciplina diaria de la meditación: el proceso a través del cual la energía del alma se pone a disposición.

Michael G.:

Gracias. Muy bien dicho. Estoy de acuerdo. Creo que la gente subestima lo que realmente es el desapego, lo difícil que es realmente. Quiero decir, hay un nivel en el que básicamente estás controlando tus emociones o incluso lo has logrado totalmente, pero luego está el verdadero desapego. Esto implica que, en medio de toda perturbación astral en la vida, en cualquier entorno, no importa cuán estresante sea, las aguas astrales permanecen totalmente quietas, imperturbables. Es una hazaña casi impensable realmente desde el ángulo de la forma. Solo el alma puede hacer eso.

Emanuel:

Sí, yo añadiría solo una cualidad más al desapego, a la desidentificación y a la disciplina: la inofensividad. Pienso que, para poder vivir en este mundo como una personalidad libre e infundida por el alma, utilizamos esas herramientas que acabas de mencionar para vivir inofensivamente. Y una vez que creamos esa visión para nosotros mismos, esta irradiará y afectará a los demás.

Catherine Crew:

Gracias. Gracias, Michael. Gracias por esta maravillosa presentación y la claridad de lo que estamos intentando hacer energéticamente. Emanuel, estaba pensando mientras hablabas en la idea de la divina indiferencia, que creo que, hasta donde la entiendo, es otra forma de no perturbar las aguas astrales y no estoy segura de cómo se hace eso, excepto seguir practicando.

Pero Michael, cuando levanté la mano, realmente quería hablar sobre la Gran Invocación porque creo que es tan importante para nosotros ahora mismo reconocer que es una gran invocación y que el llamado invocativo de la humanidad inevitablemente recibe respuesta, evoca lo divino. Entonces entonamos la Gran Invocación con sinceridad, con enfoque, recordando qué es lo que estamos invocando —el propósito divino expresándose a través del plan para la humanidad—. Recientemente, en Buena Voluntad Mundial nos enfocamos en la Esperanza. Y para mí, ese es el centro de la Esperanza: que tú y yo, como personas comunes y corrientes, tenemos la oportunidad de traer energía para la realización del Plan para la Humanidad. Asique, amigos, hagámoslo. Gracias. Eso es todo lo que tengo que decir.

Maya:

Mis pensamientos se sintieron realmente atraídos esta noche, Michael, por lo que estabas compartiendo en términos del deseo. Creo que cuando deseamos servir, estamos creando un campo de deseo completamente diferente. Creo que es por eso que nos dicen que el Amor tiene que estar presente antes de que se pueda trabajar con la Voluntad, porque tenemos que estar realmente en contacto con las necesidades de los demás, y desear marcar una diferencia, ayudar de alguna manera y servir, este hecho desbloquea la orientación correcta porque, cuando estamos meditando estamos tratando de crear un canal, pero tenemos que tener el deseo correcto, la orientación correcta.

Michael G.:

Esa es realmente la clave, la llave…

Kathy N.:

No puedo recordar las palabras exactas, pero se nos dice que la Jerarquía está de alguna manera esperando que tengamos el deseo suficiente de prestar servicio y brindar ayuda de algún modo conforme al Plan; que realmente establezcamos y creemos ese canal. Logramos penetrar a través del enfoque, de la concentración en un problema, continuando con la meditación y la contemplación sobre el mismo hasta que logramos penetrar. Entonces podemos ser iluminados por el pensamiento jerárquico para luego, idealmente, hacerlo descender, ser inspirados y expresarlo.

El trabajo de servir desinteresadamente, sin desear nada para el yo personal, sino tratando de resolver problemas para ayudar a otros, es realmente la clave. Es un aspecto del trabajo en términos de disipar el espejismo (glamour), que fue un tema central. Esto involucra el aspecto etérico y, a veces, pienso que es un tema que siempre necesitamos traer a colación, porque, en cierto modo, el cuerpo etérico es neutral. Puede haber una afluencia de deseos inferiores y actuar a través de los chacras inferiores, pero a medida que trabajamos de manera más eficaz con el Alma, esta estimula los chacras superiores por encima del diafragma. Entonces el centro del corazón se abre, el centro de la cabeza se abre y también el centro de la garganta. Pienso, que eso es lo que siempre debemos tener en cuenta al meditar: que es un proceso energético y que a medida que la mente asume el control, esta dirige las energías a través del vehículo etérico; los reinos devicos son, en gran medida, parte de ese proceso.

Esto nos permite convertirnos en vehículos —como grupo, como un colectivo— para el Alma a través de la Red etérica que el trabajo en Triángulos siempre nos recuerda y esa red puede ser estimulada a través de nuestra práctica diaria, todas nuestras prácticas diarias con las energías del Yo Superior, o, a través de ella irradian nuestras vidas, la vida de nuestro grupo y la vida del planeta. El cuerpo etérico es lo que estamos construyendo con el antakarana: visualizando un puente etérico que produzca la afluencia de energía jerárquica. Por lo tanto, estas lunas nuevas y lunas llenas son siempre una oportunidad para realmente, trabajar juntos en esa irradiación a través de, y hacia el interior del cuerpo etérico del planeta.

Emanuel:

Bueno, hoy el materialismo — o uno de los reconocimientos en el mundo de hoy sobre el materialismo — es el producto de nuestras mentes. La misma mente que discrimina y nos ayuda a recolectar la tremenda cantidad de conocimiento que nos ha ayudado a resolver tantos problemas como humanidad separada. Y esa separatividad, está socavando casi todas las estructuras mundiales hoy en día.

Entonces el deseo, el deseo egoísta, entra y desea todo lo que las tendencias separativas producen; los beneficios a corto plazo son resultado de las tendencias separativas. Y luego, realmente se precipita en el plano físico y vemos guerras, luchas, malentendidos, sospechas y demás. Y como dijiste, la necesidad de inofensividad, inclusividad y la recta palabra no pueden ser enfatizadas demasiado porque, a través de la palabra, el mundo entero está generando una tremenda cantidad de tendencias malvadas. Pero es a través de la palabra que podemos sanar; por eso la necesidad de la recta palabra para sanar los problemas del mundo es un deber de cada aspirante, discípulo y discípulo avanzado. Así es como vamos a transmutar el materialismo en un materialismo iluminado en el que la unidad grupal sea vista como algo importante, porque cuando esa unidad está plenamente desarrollada, esa unidad va a contribuir al grupo. Así que esa unidad se convierte en un activo grupal. Gracias.

Michael G.:

Gracias, Emanuel. Fue una nota hermosa para terminar.