La Alegría (Bol. Triángulos 233)
La alegría es una cualidad especial que proviene de lo más profundo de nosotros. Es una luz radiante que eleva la conciencia humana, trayendo fuerza, amor y compasión a los demás. En los escritos del Agni Yoga se describe como la manifestación del Poder del Creador, iluminando un mundo en tinieblas.1 Y en los escritos de Alice Bailey encontramos consejos para reflexionar sobre el gozo, la felicidad, la alegría y la dicha, ya que estos liberan los canales de la vida interna y alcanzan, en un amplio círculo, a muchos otros. Sanan y limpian el cuerpo físico y pueden ayudar a los servidores a hacer su trabajo “sin mucho esfuerzo; les otorgarán un adecuado sentido de los valores y un desapego basado en el amor y no en el aislamiento”.2
En términos espirituales, hay una diferencia entre felicidad y alegría. La felicidad concierne a la vida física con sus deseos, acontecimientos y construcciones mentales. La felicidad va y viene; hay un flujo y reflujo constante. La alegría no se trabaja desde abajo como un objetivo o meta, sino que es una manifestación espontánea del amor y la luz del alma. Es una cualidad universal que trasciende los prejuicios y las barreras creadas por el hombre. La alegría no depende del estatus o la posición mundana, ni es una recompensa por los servicios prestados o por los honores otorgados. Paradójicamente, en medio de la angustia y la infelicidad de la personalidad, la alegría del alma puede ser sentida y reconocida.3 Cuando la simplicidad del alma guía la vida y las relaciones en un espíritu de olvido de sí mismo, cuando menos se espera puede surgir la alegría como una luz iluminadora que revela lo bueno, lo bello y lo verdadero, que tan a menudo quedan velados por la ilusión y el espejismo.
La alegría eleva el espíritu, y diariamente podemos sintonizar con esta cualidad especial de muchas maneras. No solo se puede encontrar en los espacios sagrados de las catedrales, iglesias, mezquitas y templos del mundo, sino que también puede llegar a nosotros a través del arte y la música, a través de la belleza del mundo natural, en las montañas con sus arroyos brillantes y en las mareas de los océanos. Se puede sentir en la inocencia de los niños que juegan, en las relaciones con los seres queridos o cuando nos asombramos ante la belleza y la grandeza del oscuro cielo nocturno y reflexionamos sobre el significado de la vida y nuestro lugar en el cosmos. La alegría nos rodea en el silencio y la soledad de los mundos internos.
“La alegría se posa como un pájaro en el corazón,
pero ha levantado el vuelo desde el lugar secreto dentro de la cabeza.
Yo soy ese pájaro de la alegría,
por lo tanto, sirvo con alegría”. 4
- Hojas del jardín de Morya, Libro Uno, La Llamada, S.240
- Alice Bailey, El Discipulado en la Nueva Era 1, p.170 ed. inglesa
- Alice Bailey, Tratado sobre Magia Blanca, p.370 ed. inglesa
- Alice Bailey, Discipulado en la Nueva Era, Vol.1, p.158 ed. inglesa<
Procure alcanzar las alturas del alma, y una vez que haya buscado y encontrado ese pináculo de paz y las altitudes del gozo donde su alma permanece inamovible, entonces mire al mundo de los vivos – un triple mundo donde se hallan todos los que han encarnado y desencarnado. Descubra allí lo que su alma puede reconocer y reconocerá. El espejismo de la propia angustia y el maya del pasado distorsionan nuestro punto de vista. Sólo el alma permanece libre de toda ilusión y ve las cosas tal como son. Ascienda, por lo tanto, hacia el alma.
A. Bailey, Discipulado en la Nueva Era,1, pág.463 ed. inglesa