Revelar el Plan Divino (Bol. Triángulos 232)


Sublimes emanaciones de lo Divino derraman constantemente potencias de luz y amor en las mentes y corazones de la humanidad. Los Grandes Seres del lado interno de la vida (los Santos, Rishis, Ángeles, Ancestros y Señores de la Compasión reconocidos por las enseñanzas espirituales a lo largo de los siglos) organizan, dirigen y guían este flujo de fuego espiritual.

La historia humana es un registro de la tensión entre las creencias existentes y las inspiraciones, intuiciones y energías que fluyen hacia la conciencia desde los reinos divinos. El fuego se encuentra con el fuego, y en ese proceso, los seres humanos, las culturas y las épocas transitan por los ciclos de nacimiento, madurez y muerte.

En este momento, en nuestros tiempos (que podríamos considerar como los cien años entre 1950 y 2050), la tensión es alta, ya que una nueva época está en proceso de nacer mientras la anterior se desvanece. Todo en nuestras vidas personales, todo lo que hacemos en nuestras profesiones y lugares de trabajo, todo lo que ocurre en nuestras comunidades y naciones, en nuestros lugares de culto, escuelas, hospitales, laboratorios, galerías de arte, bancos, campos y asambleas políticas —todo refleja este conflicto entre el fuego divino y el fuego de la respuesta humana.

Y así, en el núcleo más silencioso y profundo de nuestro ser, nos alineamos con nuestros compañeros de Triángulo y afirmamos: Que se realice el Plan de Amor y de Luz. Este plan es el Plan de Dios —una visión divina en la que el futuro de la humanidad y de la Tierra, la posibilidad de lo que estamos llamados a ser, se presenta silenciosa y potentemente ante nosotros y dentro de nosotros. No nos corresponde conocer los detalles ni los tiempos de ese futuro. Será, después de todo, un proceso viviente, determinado por la dinámica impulsora del estímulo espiritual que fluye desde lo Divino. Lo que sí percibimos es que el plan divino contempla un futuro para la humanidad centrado en relaciones que expresen los principios de síntesis, totalidad e inclusividad. A medida que estos principios se revelen y desplieguen en las vidas de millones de personas de buena voluntad en todo el mundo, emergerá una nueva civilización que expresará exteriormente la unidad en la diversidad, tal como fue prevista y diseñada por todas las Potestades, Ángeles y Deidades de los mundos internos.

En la futura época, la humanidad habrá elegido vivir en equilibrio con la Tierra, creando una infinita variedad de expresiones políticas, religiosas, económicas, educativas y científicas basadas en la síntesis. En este momento, los problemas dolorosos, absorbentes, de vida o muerte, nos han llevado hasta este lugar de elección. Está divinamente ordenado —y, sin embargo, la historia de nuestra respuesta al espíritu de Dios dentro de nosotros se escribe con incontables pequeños actos de buena voluntad.

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Las Escrituras mundiales acentuaron muy poco a Dios como aspecto Amor, hasta que vino Cristo y vivió una vida de amor y de servicio y dio a los hombres el nuevo mandamiento de amarse los unos a los otros. Después de su venida como el Avatar de Amor, Dios llegó a ser conocido como amor supremo, amor como meta y objetivo de la creación, amor como principio fundamental de las relaciones y amor que actúa en todo lo manifestado, que se dirige hacia un Plan motivado por el Amor. Cristo reveló y acentuó esta divina cualidad, que alteró el vivir, las metas y los valores humanos.

A. Bailey, La Reaparición del Cristo, pág. 12 (ed. en inglés)