Directores Espirituales - Marzo de 2022


Los trabajadores de Triángulos enfocan y dirigen la energía del alma para llevar luz, amor y poder a todas las formas de vida de nuestro planeta. La práctica diaria de Triángulos, la vinculación mental con los compañeros, la visualización de la red y la entonación de la Gran Invocación, son los medios por los cuales se focaliza y se sostiene esta energía grupal.

Cada trabajador se erige como un punto de luz dentro de la red, tendiendo un puente entre el alma y el mundo del pensamiento y la vida humana. Cada trabajador de Triángulos es un punto de distribución, un agente director a través del cual fluye la luz a las mentes humanas y, por lo tanto, a todos los reinos de la naturaleza. A través de estos puntos, se dirige la energía de la red en servicio.

Tiempos de cambios internos y externos muy rápidos, como los que enfrenta la humanidad de hoy, pronto revelan las áreas de la vida humana que permanecen sin la iluminación del alma. Sin embargo, la revelación de la oscuridad siempre precede a la luz. Esto presenta una oportunidad para que la red de Triángulos “dirija un haz de luz enfocada ... revelando una luz mayor que ilumina el camino hacia el centro de luz”. La luz revela lo que aún no se conoce, y a medida que “la luz desciende a la Tierra” se revela el área iluminada del ser dentro de todas las cosas. Esta luz es la luz del alma, y reside dentro del centro de cada forma. A través de su luz, el punto de luz dentro de la Mente de Dios llega a la Tierra. La tarea de los trabajadores de Triángulos es dirigir esta luz para que se revele dentro de una multitud de formas diferentes que abarcan toda la gama de actividad y pensamiento humanos.

En la actualidad, un velo de espejismo e ilusión pende como una niebla alrededor de la humanidad y opaca esta luz. Para disipar estas nieblas de espejismo e ilusión, se nos desafía a trabajar con la forma más elevada y pura posible de amor. Este amor debe ser dirigido por la mente con sabiduría o Razón Pura. Las formas más elevadas de amor llegan a ser posibles cuando uno entra en un estado de perfecta inofensividad, cuando la voz ha perdido el poder de herir y la mente sólo piensa en lo verdadero y lo bueno. Este amor es dirigido por el alma y desde el plano de la mente, porque el alma, el observador, ve todas las cosas en la proporción correcta. La actitud del observador se cultiva ejerciendo las facultades de desapego y discriminación. Con el tiempo esto conduce al Correcto Equilibrio, a una verdadera divina indiferencia, por la cual el alma puede entonces amansar las numerosas fuerzas que constituyen la naturaleza inferior de la personalidad. Esto trae la negación de todo espejismo e ilusión, un canal puro a través del cual puede fluir la luz de la red.