La Corriente Eterna (Bol. Triángulos 235)


La vida eterna fluye incondicionalmente desde el corazón de nuestro sol hacia toda existencia en nuestro sistema solar. Sus efectos físicos, calor y luz, nutren la multitud de formas de nuestro planeta. Su correspondencia superior fomenta el desarrollo de la conciencia y la capacidad de cada planeta, centro planetario, reino y vida individual para revelar su naturaleza espiritual. Al comprender el flujo y reflujo de la energía divina en nuestro esquema planetario, como ocurre en las lunas llenas y nuevas, surge una responsabilidad creciente de trabajar con estas energías espirituales disponibles para renovar el divino flujo circulatorio y vincular los mundos superior e inferior.

La Sabiduría Eterna enseña que la familia humana ocupa una posición única, ubicada entre lo espiritual y lo material. La humanidad se erige como un reino intermediario, que eventualmente transmitirá el propósito amoroso de Dios a todas las diversas formas de vida que encarnan los niveles inferiores de conciencia embrionaria y, en consecuencia, las impulsará a un nuevo ciclo de desarrollo espiritual.

¿Qué interrumpe entonces el flujo divino de vida espiritual en todo el planeta, que emana desde el Lugar Secreto del Altísimo hasta la materia atómica estudiada por la ciencia? El hecho de que la humanidad sea tanto la causa como la solución a este dilema planetario es una idea difícil, pero que invita a la reflexión. Si la humanidad quiere cumplir su papel destinado como puesto de avanzada de la conciencia de Dios sobre el planeta, entonces uno de los muchos requisitos previos que conducirán a este desarrollo trascendental será el florecimiento de las correctas relaciones.

En nuestro trabajo de Triángulos, se nos ofrece una oportunidad profunda para actuar como un grupo intermediario, como puntos de transmisión de energía, relacionando a la humanidad con su fuente divina. Cada vez que participamos diariamente en nuestros Triángulos, es como si completáramos un circuito eléctrico divino que permite que la vida y la luz de la esencia espiritual se conecten con la familia humana, contrarrestando la resistencia producida por el materialismo. Y, al hacerlo, ayudamos a elevar las vidas en desarrollo que constituyen los reinos animal, vegetal y mineral, porque ellos también tienen un propósito profundo que cumplir para el bien del Todo.

Todos reconocemos que el mantenimiento de una forma saludable requiere del libre flujo de energía vital por todos los órganos del cuerpo. De igual manera, el bienestar de toda la vida en nuestro pequeño planeta depende de que la humanidad despierte a su propósito divino, para que en última instancia la Voluntad de Dios pueda avanzar sin impedimentos de un punto a otro, de una esfera a otra y de una gloria a otra.