UN PROGRESO ABSTRUSO Y ENIGMÁTICO (Bol.Triángulos 228)
Cuando observamos nuestro desarrollo espiritual, percibimos una tendencia natural a sentirnos impulsados por la necesidad de estar avanzando constantemente. Lo mismo puede decirse de nuestra observación de la transición del mundo hacia una nueva civilización. Desde esta perspectiva, el ‘progreso’ se convierte en una cuestión urgente, y su aparente ausencia es vista como un ‘fracaso’ o una insuficiencia.
Sin embargo, el verdadero progreso no puede medirse sólo por lo que está en el primer plano de las experiencias y acontecimientos. La transición y la transformación requieren tiempo. La evolución actúa en ciclos y estaciones, no es un proceso lineal y no se puede forzar. Cuando estamos inmersos en el proceso de desarrollo, a menudo no vemos el panorama general como lo ve el alma. Esto es tan cierto para nuestro propio desarrollo individual como para el de las naciones y para el mundo de las naciones. Las cualidades no aparecen de la noche a la mañana, ni en nosotros mismos ni en el mundo. Deben ser ‘probadas’, imaginadas, valoradas, investigadas, cultivadas y apoyadas si se quiere que echen raíces. Las cualidades que existen en el alma deben ser evocadas en los mundos de la materia. El tiempo produce los desafíos y pruebas necesarias antes de que las cualidades puedan crecer y convertirse en partes maduras y estables de nuestro ser, llegando directamente a la sustancia de nuestras vidas. Y esto mismo ocurre con las cualidades que condicionan las relaciones en un grupo, una cultura o una nación.
Debido a esto, la paciencia es una cualidad esencial de cualquier enfoque más profundo para el progreso, el desarrollo o el cambio. Aunque a menudo no lo veamos, la paciencia es realmente una cualidad de la voluntad. Depende de la comprensión de que un propósito superior está actuando, y que lo importante es persistir y mantenernos firmes frente a los desafíos y las fuerzas opuestas, confiando en los procesos más profundos que se desarrollan en y a través del yo y en el mundo.
La acción paciente no espera resultados inmediatos. Persiste en las prácticas que anclan las cualidades superiores en la mente y en el corazón, en las relaciones y en la sociedad. La capacidad y la voluntad de esperar son más mesuradas, y están diseñadas para apoyar un buen resultado de lo que temporalmente puede estar fuera de nuestro alcance. Esta puede ser la visión a largo plazo sostenida por el alma o el Plan mantenido en la Mente de Dios, cada uno de los cuales vale la pena esperar como parte de la preparación para una actividad apropiada y dinámica cuando sea el momento adecuado.
Estas refinadas cualidades de la paciencia y la persistencia no sólo son importantes a la hora de formar y mantener un Triángulo individual, sino también a la hora de estabilizar y fortalecer toda la red. Con cada Triángulo que irradia buena voluntad iluminada, esta red se mantiene como un campo eléctrico de relaciones, cuya plena expresión es la distribución de energías curativas para toda la humanidad y para un mundo en transición.
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Muchos aspirantes carecen del sentido del humor y lo toman demasiado en serio. Dejan de lado el sentido común al penetrar en un nuevo campo de fenómenos. Es útil registrar y luego olvidar lo que se ve y oye, hasta empezar a actuar en el reino del alma, pues entonces no les interesará recordarlo. Deben evitarse también los personalismos y el orgullo, pues no tienen cabida en la vida del alma, la cual se rige por principios y por amor a todos los seres. Cuando estas cualidades se desarrollan, no hay peligro de desvío o demora para quien estudia la meditación, pues inevitablemente penetrará algún día en ese mundo del cual se dice que "nadie ha visto ni oído las cosas que Dios ha revelado a quienes Lo aman". Ese momento depende de su persistencia y paciencia. Del Intelecto a la Intuición, págs. 253-54 ed. inglesa