El Perdón: El Camino hacia la Renovación - Marzo de 2020
La sustancia del Alma es luz y la esencia del Alma es amor; la experiencia del Alma es alegría y la dimensión del Alma es eterna. Estas cualidades esenciales generan la actividad del Alma en los mundos materiales la cual se puede resumir con la conocida frase “He aquí, hago todas las cosas nuevas”. Esta experiencia de renovación es la realidad espiritual del Alma que perciben todos los conocedores y místicos a través de los tiempos incluyendo a los de esta época y, con el tiempo, será la experiencia directa de todos.
Pero un problema que muchas personas enfrentan cuando se dan cuenta de este efecto del Alma es que muchos pensamientos y mucha distorsión emocional interfieren entre nuestra conciencia individual y la realidad interna que buscamos encontrar. Un obstáculo incluso mayor proviene de que nos negamos a “soltar las cosas”. Podemos quedar atascados a un mundo donde sólo la memoria es real, y aferrarnos al pasado ya que tememos al abismo de la incertidumbre que llamamos futuro y estar consternados ante la pequeñez del fugaz momento presente. Pero en realidad es este punto infinitamente pequeño en el tiempo el que constituye la puerta hacia nuestra expansión en la presencia del divino Ahora que es el único lugar donde pueden tener lugar la verdadera creatividad y la transformación.
Un obstáculo particular para esta toma de conciencia es nuestro apego a todo lo malo que se nos ha hecho. Esto puede convertirse en cadenas que nos atan al pasado y nos impiden vivir y servir plenamente en el presente. Todas las tradiciones espirituales reconocen este problema y se refieren a él en una forma dual. En primer lugar se nos urge a cultivar el desapego. Esto actúa sobre nuestra reacción emocional a las heridas – tanto accidentales y, especialmente, intencionales. Una vez logrado el auténtico desapego, éste nos liberará de estos “lazos que atan”.
En segundo lugar, se nos pide perdonar. Perdón no quiere decir que “todo está bien”; sino que significa penetrar hasta un nivel más profundo de percepción donde se llega a aclarar algo de la cadena causativa de los hechos y empezamos a ver la verdad del dicho: “comprenderlo todo es perdonarlo todo”. Porque desde esta comprensión iluminada, uno puede captar ahora la oportunidad del momento presente para redirigir todas las energías y fuerzas involucradas hacia canales positivos.
De este modo el perdón transmuta la ley de causa y efecto del círculo vicioso de la venganza, del “ojo por ojo”, en la espiral creativa del bien progresivo. Por esta razón, el perdón es el gran agente de liberación, transformación y renovación para todos, inmersos como estamos en las imperfecciones de la condición humana. Los actores que se están iniciando en esta práctica, son auténticos ejemplos de personas que están absorbiendo las consecuencias kármicas de situaciones específicas con amor sacrificado, y como consecuencia elevan a toda la humanidad acercándola a la luz en el espíritu de renovación.