DEL SACRIFICIO AL GOZO (Bol. Triángulos 229)


En una carta a los Corintios, San Pablo les exhorta como ministros de Dios a ser “como doloridos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”.1 Al resonar estas palabras y llenarnos de su poder - intacto incluso después de dos milenios - comprendemos la exhortación a desatender las experiencias temporales de tristeza o escasez y a motivarnos solo por lo que es real y eterno: la gracia de Dios.

A medida que profundizamos en las muchas capas de significado dentro de estas palabras y alcanzamos lo que puede ser la más profunda, nos encontramos ante algo más que una exhortación; nos enfrentamos al sacrificio.

Sacrificio, del latín Sacrificium, del verbo “hacer sagrado”; históricamente, un ritual religioso para arrepentimiento o expiación; en términos más modernos y seculares, renunciar a nuestro tiempo y energía o posesiones por otra persona o por una causa. En una capa aún más profunda de significado: soltar los apegos de la personalidad y rendirse a la luz del alma; renunciar a nuestro falso sentido de ser una entidad separada y abrazar la realidad de ser una pequeña parte del todo mayor. 

La práctica diaria de Triángulos es una magnífica oportunidad para realizar este sacrificio diario, este acto sagrado. La alineación con el Triángulo Divino, la fuente de poder, luz y amor, permite el desapego de las distorsiones de la personalidad, la separatividad y las polaridades. Este no es un acto común de renuncia. Es un acto voluntario de rendición. Entonces nosotros podemos identificarnos con nuestra naturaleza más profunda como partes esenciales de la luz, el amor y el fuego sacrificial de lo Divino; entonces permanecemos en verdadera humildad, abrazando nuestra pequeñez y aceptando la responsabilidad de nuestra grandeza. Pues somos puntos de distribución de esta luz, amor y fuego, para que toda la humanidad pueda recibirla y despertar a esta, su verdadera identidad. Así es como “no teniendo nada”, sin apegos a la personalidad, terminamos “poseyéndolo todo”: luz, amor y poder divinos. Y así es como “enriquecemos a muchos”. 

Triángulos es una práctica diaria de identificación con el alma, de fusión grupal y de unión con el todo, en verdad, un acto sagrado. Cuando somos capaces de llevar una pequeña semilla de esta experiencia a nuestras actividades diarias y servicio y dejar que florezca allí, toda nuestra vida se convierte en un acto sagrado que nutre al grupo y es nutrido por él, sostenido por el poder inclusivo del todo.

El Triángulo Divino busca expandirse a Sí Mismo a través de los sacrificios que abrazamos. Es entonces cuando el Camino del Sacrificio se convierte en el Camino del Gozo. “El Camino del Sacrificio es eternamente el Camino del Gozo, el cual conduce al Lugar de la Paz. La paz de Dios se logra perdiendo de vista al yo, viendo únicamente lo que debe ser hecho y hacerse hoy”2.

1. 2 Corintios 6:10
2. El Discipulado en la Nueva Era, vol. 1, pp. 365-6 (ed. en inglés)iscipleship in the New Age, vol.I, A.A. Bailey pp. 365-6