Las Artes Espirituales (Bol. Triángulos 235)
No podemos hablar de arte sin hablar también de belleza. La búsqueda de la belleza y su expresión en la forma es una de las principales razones de la existencia del arte. A nivel materialista y superficial, el arte se utiliza a menudo para distraer y entretener, pero a lo largo de la historia descubrimos que el arte también se ha empleado conscientemente como una herramienta espiritual para despertarnos a la belleza del alma subyacente en el corazón del cosmos, y también a la belleza de cada alma humana.
Quizá sea cierto que los mayores logros artísticos del pasado han florecido como expresión del impulso religioso. Pero la espiritualidad abarca un panorama mucho más amplio de pensamiento, aspiración y actividad humana que lo puramente religioso. La belleza puede percibirse en todo, y los artistas de todo tipo siempre lo han sabido. Ya sea que consideremos la música, la pintura, el teatro, la poesía o la danza, abundan ejemplos de compositores, artistas, actores, escritores y coreógrafos cuyo trabajo está inspirado en el alma. Han tomado los acontecimientos míticos que expresan eternamente los grandes arquetipos de la psique humana, encarnándolos en una forma que les ha dado un significado y poder para su propio tiempo. Gracias a sus propias sensibilidades, nos han permitido a todos volvernos más sensibles a las maravillas de nuestro entorno. También han lidiado con el misterio del plan divino en desarrollo y, a través de su trabajo, han podido enfocar nuestros pensamientos en un uso constructivo de las nuevas energías que constantemente hacen impacto en los corazones y mentes humanas.
Un ejemplo maravilloso de esto es la colaboración del artista Nicholas Roerich, el compositor Igor Stravinsky y el bailarín y coreógrafo Nijinsky en la creación del famoso ballet “La consagración de la primavera”. Esto provocó un motín cuando se produjo por primera vez en París en 1913. Sin embargo, ahora, muchos años después, podemos verla como una encarnación arquetípica de la energía entrante del orden, el ritual y la regeneración, con el potencial de aportar nueva vida, comprensión y nueva civilización a una humanidad que estaba a punto de ser devastada por la Primera Guerra Mundial en 1914.
El gran arte, inspirado espiritualmente, nunca es insípido. Siempre abre nuevos caminos a ideas, con frecuencia al estilo y en especial a la evocación y percepción de la belleza. Por ello, a menudo tiene un efecto inicialmente disruptivo, ya que rompe las actitudes convencionales y estándares aceptados del gusto. Pero si es realmente grande, y por tanto espiritual, también podrá revelar aspectos aún no reconocidos de la belleza y la verdad encarnadas en la mente universal.
Lo mejor del drama televisivo hace precisamente eso. Cuando murió el guionista y periodista británico Dennis Potter, los comentaristas hablaron de su estatus como artista. Su obra siempre había sido controvertida, a veces mostrando el lado más turbio de la vida. Sin embargo, como dejaron claro los críticos, usó su arte con intensidad e integridad como un espejo para que pudiéramos vernos tal y como somos, almas inmersas en un mundo material con personalidades que a veces pueden alcanzar los ideales más nobles y transmitir con pureza las cualidades del alma, pero que en otras ocasiones pueden bloquearlas.
La vida artística de la humanidad es inmensamente rica y variada. Para hacerse una idea de su alcance, pensemos por un momento en la larga tradición de la narración imaginativa, la pintura renacentista italiana, el arte de los pueblos indígenas, la tragedia griega, la danza de templos indios, Beethoven – ese gran apóstol musical de la búsqueda y realización de la libertad por parte de la humanidad, y los muchos experimentos contemporáneos sobre nuevas formas de expresión de la belleza.
No obstante, podemos ver que desde un punto de vista espiritual el propósito del arte es sin duda algo muy sencillo. Este algo es el reconocimiento de que la belleza puede revelar poderosamente las verdades profundas de la existencia; de hecho, más que esto – de una manera misteriosa la belleza es una verdad profunda. Como escribió Khalil Gibran en El Profeta: “La belleza es la vida cuando la vida revela su cara sagrada. Pero ustedes son la vida y ustedes son el velo. La belleza es la eternidad mirándose en el espejo. Pero ustedes son la eternidad y son el espejo”.