El Puente de los Pensamientos (Bol. Triángulos 236)


De acuerdo con las enseñanzas espirituales, llegamos a conocer todas las cosas en este mundo como reflejos de sucesos internos que están velados. Siglos atrás se construyeron puentes en el mundo exterior hechos de troncos, cuerdas o pesadas estructuras de hormigón. Hoy tenemos trenes de alta velocidad que atraviesan pasos de montaña y tecnología de comunicaciones que puede conectarnos cara a cara con otros en lugares al otro lado del mundo. Estas manifestaciones externas son paralelos del trabajo de establecer el puente que tiene lugar dentro de la conciencia, dejando que la realidad se precipite y difumine los límites entre los mundos.

En tiempos anteriores, tender puentes dentro de la conciencia era competencia de muy pocos, mientras que las masas quedaban en la ignorancia y sin ningún acceso a lo esencial de la educación. Hoy en día, la gente en todo el mundo tiene acceso a instalaciones educativas y, gracias a la tecnología, con solo tocar una pantalla, muchos pueden acceder a enormes recursos del conocimiento humano adquirido a través de la mente inferior. Construir sobre esta base ofrece a la humanidad la oportunidad de desarrollar el poder de pensamiento capaz de penetrar en los reinos espirituales internos donde ninguna máquina puede penetrar. Por supuesto, todas las oportunidades presentan desafíos y hacen contrapeso a las tendencias anteriores. El atractivo de la tecnología podría fácilmente hacer que la humanidad se vuelva perezosa y quede atrapada en el espejismo irreflexivo de lo no esencial, perdiendo así la enorme fuente de energía de luz y buena voluntad que puede proporcionar la movilización del pensamiento humano.

A lo largo del tiempo, las tradiciones de los misterios han utilizado el simbolismo del puente como vehículo de iluminación. El Buda comparaba su enseñanza con un puente o balsa que permitía a los estudiantes cruzar desde la orilla de este mundo externo hasta la orilla interna, un puente que debe dejarse a un lado una vez se llegue a la otra orilla. Patanjali enseñó que, apartándose de los sentidos, podemos crear ese “puente sagrado” que nos conecta con la fuente. En su trabajo con la sección esotérica de la Sociedad Teosófica, Helena Blavatsky sacó a la luz la antigua enseñanza sobre “Los peldaños de oro”. Estos “peldaños” consistían en directrices de antiguas tradiciones esotéricas orientales que se idearon para guiar al estudiante paso a paso en el camino a convertirse en un servidor eficaz. La enseñanza sobre el antahkarana o instrumento interno de la luz, que se dio hace menos de 80 años, ofrece los medios por los cuales puede realizarse la promesa guardada en los recovecos de la mente. Quienes permanecen en el corazón del nuevo grupo de servidores del mundo utilizan colectivamente este puente para tejer líneas de relación—estableciendo el puente hacia arriba, hacia abajo y alrededor para circunnavegar la Tierra. En el corazón de este trabajo de puente se encuentra la red de Triángulos.

*          *          *

Debemos resignarnos ante el hecho de que el único modo para encontrar la clave de [ciertos misterios esotéricos], reside en el estudio de la Ley de Correspondencias o Analogías. Es el único hilo capaz de guiarnos a través del laberinto y el único rayo de luz que brilla en la oscuridad de la ignorancia circundante. H. P. Blavatsky lo expresó en La Doctrina Secreta, pero hasta ahora los estudiantes no han aprovechado esa clave. Al estudiar esta Ley debemos recordar que la analogía reside en su esencia y no en los detalles exotéricos, según creemos desde nuestro actual punto de vista. Por un lado, nos desvía el factor tiempo y erramos cuando tratamos de establecer tiempo y límites fijos; todo en la evolución progresa por la unión y por un constante proceso de fusión, superposición y mezcla. Para el estudiante común, sólo pueden darse amplias generalidades y el reconocimiento de los puntos fundamentales de la analogía. En cuanto intenta reducir a diagramas y clasificaciones detallados, entra en reinos donde está sujeto al error y entonces tambalea a través de la niebla que, finalmente, lo abruma.

Iniciación, Humana y Solar, A. Bailey págs.6-7 ed. ingl.