El Instructor Mundial - Junio de 2019
A medida que los Tres Festivales Espirituales avanzan hacia su conclusión, nosotros permanecemos dentro de sus potencias colectivas y reflexionamos sobre una de las características más destacadas, aquella de la activa, vital y omnipresente esencia del Cristo, el Instructor Mundial. El Cristo es la Luz del Mundo, la Encarnación del Amor y el Indicador del Propósito divino. Él produce la luz y la energía que inunda el mundo de conciencia humana en este punto álgido en el ciclo anual.
A través de los siglos maestros de otros mundos han venido a elevar a la humanidad y a iluminar la oscuridad de sus tiempos, y entre estos grandes avatares, en el centro de toda vida planetaria, destaca el Cristo. Su radiación continúa, y su anclaje de Amor Divino abre el camino de desenvolvimiento para todos. A causa de la posición que el Cristo ocupa en la evolución de nuestra Vida planetaria, Él es el punto focal de toda misión, el “Camino” del desarrollo espiritual. Él pertenece a toda la humanidad independientemente de la religión, nacionalidad, raza, o la procedencia cultural o social. Él es “la misma gran Identidad” reconocida por diferentes nombres en las diversas tradiciones y creencias religiosas.
El papel central del Cristo representa la síntesis de las dualidades Dios-hombre, humano-divino, una fusión del camino vertical de la interiorización y del camino horizontal del servicio. Él es la relación entre la vida y la forma, el espíritu y la materia, la conciencia interna de toda la creación esperando la revelación. Él es la experiencia humana fusionada con la fuerza de la vida interior que da coherencia, inteligencia y propósito a la vida. El Cristo, como Maestro del Mundo, es una Persona, una Presencia y un Principio que une en un continuo flujo de energía el manantial cósmico, la manifestación planetaria y la expresión humana. Él es poder y vitalidad, amor y sabiduría, luz y comprensión.
La conciencia que Él trae es innovadora, la quintaesencia de la creatividad requerida para la construcción de un mundo mejor para todos, anunciando la nueva era; Suya es la fuerza impulsora en el corazón y la mente humana que refresca todas las formas de vida e informa la civilización venidera. Él es la fuerza atractiva y magnética que eleva y redime la densidad del materialismo. Él enciende la chispa de divinidad en cada ser humano. Él es el amor ardiente de Dios para el Hombre que inspira sacrificio y renunciación.
El Cristo es el arquetipo del auténtico Acuariano que es cooperativo, inclusivo, inteligente y activamente preocupado por el bienestar de los otros. La motivación del Cristo es el amor de la humanidad; Su nota clave es el servicio. Él es el Camino, la Verdad y la Vida de toda la humanidad. Él es luz en la oscuridad, la esencia de la verdad y realidad divina, el garante del logro espiritual último porque “como es Él así podemos ser nosotros en este mundo”.