El Cambio Transformador (Bol. Triángulos 234)


El cambio es una parte esencial de la vida. Es la dinámica que nos mueve a través del presente, alejándonos del pasado y llevándonos hacia el futuro. Sus ciclos de crecimiento son naturales, al igual que las distintas etapas por las que atraviesa el feto en el útero que conducen a la crisis del nacimiento. Pero el cambio también puede estimularse mediante una planificación activa y segura para avanzar en un camino directo hacia un futuro deseable revisando nuestro comportamiento, leyes o programas sociales.

La voluntad de cambiar también puede orientarse hacia algo más espiritual con la intención de transformar y elevar las cualidades internas de la mente o el corazón con el fin de expresar mejor el alma en nuestra vida cotidiana. Respondiendo a un sentido más profundo de propósito colectivo dentro de una organización, pueden iniciarse las adaptaciones para mejorar las relaciones laborales que permitan un impacto más útil y positivo sobre las necesidades mundiales. Los cambios transformadores que fluyen desde el nivel espiritual del alma hacia el mundo material del tiempo y el espacio, por naturaleza son causales, afectando profundamente los comportamientos externos y las normas sociales y revitalizando e irradiando la sustancia de muchas vidas.

La oración, la meditación y la invocación que practicamos dentro de la red de Triángulos apoyan este tipo de transformación, apelando a las energías del alma y el espíritu para que inicien y guíen la elevación de las cualidades de la relación y el ser. Esta iluminación no ocurre solo dentro de nosotros mismos y de nuestros triángulos individuales, sino que también aporta luz al entorno más amplio de comportamientos sociales y relaciones económicas. Esto se amplifica porque la unidad de la Humanidad, tal como ha sido expresada en las enseñanzas esotéricas, se está reconociendo cada vez más externamente. Este desarrollo parece de importancia crucial en el contexto de la agitación social y la constante mutabilidad en la vida cotidiana de los ciudadanos de todo el mundo.

Tanto la comprensión de la naturaleza humana como el aumento evolutivo de la conciencia forman la base necesaria para el cambio transformador. Porque solo con esa comprensión podemos comenzar a observar el mundo del tiempo y el espacio desde un punto de identidad espiritual estable y fijo, independiente del tiempo y el espacio. Solo desde la perspectiva desapegada del alma, sabia y amorosa, podemos reconocer que estamos viviendo un ciclo en el que el espíritu de unidad está remodelando la conciencia. De toda la angustia actual, la humanidad está en un proceso de reorientación y puede experimentar un renacer. 

El arte de la transformación es un trabajo en progreso: alterar la sustancia de nuestra naturaleza requiere tiempo, ritmo y una persistencia silenciosa. Al ver nuestras vidas y nuestras comunidades como lugares de transformación, ayudamos a lo que es un proceso natural de nacimiento.