
Christine Morgan, en su discurso inaugural, subrayó que la voluntad es un poder benéfico y dinámico en la gobernanza, la política y el derecho:
Hoy en día, el crecimiento de la gobernanza mundial proporciona un contrapeso a las atrocidades humanas y a las infracciones de las libertades civiles que siguen produciéndose en todo el mundo. Buena Voluntad Mundial pretende desempeñar un papel vital en la evocación de la voluntad-al-bien expresada a través del pensamiento y las relaciones humanas. Tenemos que “invocar, evocar”, ser receptivos a las ideas de los reinos superiores de la sabiduría. Éstas son vitales para replantear las relaciones internacionales y progresar interiormente hacia una nueva Realidad compartida.
Nos acercamos a una época en la que podemos percibir la divinidad «inherente al todo» y la unidad dentro de la diversidad. La humanidad es más importante que las naciones, al igual que su esplendor interior es más que su forma exterior.
Andrew Strauss, experto y profesor de Derecho Internacional, habló sobre la intersección entre espiritualidad y Derecho Internacional:
El crecimiento espiritual es una especie de descentralización de nuestros propios puntos de vista, perspectivas y pensamientos egocéntricos. La meditación se presta a ver el mundo a través de la lente de lo que es más grande que el yo separado. El esfuerzo por intentar crear un sistema global más armonioso a través del derecho internacional forma parte de ese mismo esfuerzo.
Existe una enorme necesidad y deseo entre la gente de una visión positiva que surja de nuestro sentido de humanidad compartida. En última instancia, puede que consigamos algunas cosas a corto plazo y otras a más largo plazo. Puede haber retrocesos reales, pero no podemos permitirnos el lujo de decir simplemente que podría haber una reacción, así que no vamos a hacerlo. Lo hacemos lo mejor que podemos.
Liliane Nkunzimana, Representante de la Oficina de la Comunidad Internacional Bahaí ante la ONU en Nueva York, habló sobre el potencial transformador de la gobernanza mundial:
El papel de la religión y la relación de la humanidad con lo divino puede verse en la creciente conciencia de la totalidad de la vida. Continuamente en la ONU tienen lugar conferencias y conversaciones profundas sobre cómo relacionar la separatividad consagrada en la soberanía nacional con el hecho de que nosotros, nuestro entorno y todo lo que rodea nuestras vidas es interdependiente. No se trata sólo de esperanza, sino de ver las cosas como realmente son. Es la primera vez que la comunidad humana se ve empujada a este grado de comprensión de nuestra interdependencia fundamental. Está más cerca que nuestro corazón: está dentro de nosotros.
La Cumbre del Futuro no es explícitamente espiritual, pero pretendía integrar principios espirituales en una serie de cuestiones. Era una forma de replantearse lo que significa ser una nación de éxito. Parte de ello involucra reconceptualizar el poder y lo que éste significa ante una interconectividad sin precedentes y el rápido avance de la tecnologías.
El panel que siguió debatió la transformación de las relaciones mundiales y cómo facilita una mayor expresión de la voluntad-al-bien. La forma en que concebimos las relaciones internacionales ha cambiado significativamente en los últimos 10-20 años, al igual que la forma en que concebimos el poder. El poder ya no es sólo el que surge del cañón de un arma; un poder basado en la buena voluntad también está creciendo en el mundo, pero nuestros sistemas todavía están actualizándose. Para transformar realmente las relaciones internacionales será necesario que cambiemos, no sólo nuestro comportamiento, sino también cómo percibimos al otro.
Complicando esta transformación, aunque forma parte de ella, tenemos una crisis epistemológica simultánea: la ciencia y la filosofía por sí solas no nos han aportado una dirección moral clara. El papel que deben desempeñar la religión o la espiritualidad, y cómo influye en ello la cuestión política, es importante. El futuro de nuestra forma de gobernar el mundo tiene que proceder de fuentes de conocimiento que sean a la vez científicas y religiosas, algo que se base en pruebas, pero que también se nutra de la naturaleza de lo que somos.
El seminario de Nueva York concluyó con un panel en el que se debatió el estudio de los problemas de la humanidad como práctica espiritual. Dicha práctica ayuda a extender la atención sobre uno mismo y su ser interior, a la comprensión de ese mismo ser en los demás y en el mundo que nos rodea. La meditación afina la mente; se aprende a centrar la indagación en la causa de los problemas en las relaciones nacionales e internacionales, profundizando en el conocimiento del mundo; y se aprende a pensar los propios pensamientos en lugar de hacerse eco de los pensamientos de los demás.
Los estudiantes espirituales tienen un papel especial que desempeñar en el esfuerzo mundial para reflexionar sobre los principales problemas del mundo hasta encontrar una solución. Los expertos tienen conocimientos, pero no necesariamente sabiduría o buena voluntad. Las personas de buena voluntad actúan, hasta cierto punto, como la conciencia moral de la humanidad. Cuanto más informada esté esa conciencia moral, más fuerte y consecuente será.
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