El Fuego Cantante
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Tres Festivales Espirituales 2025 |
Apreciado/a colaborador/a:
Desde la perspectiva esotérica, la vida biológica es un fuego musical: el sonido, junto con el fuego, son las características fundamentales de la sustancia de la que está hecha toda criatura viviente. El origen de esta sustancia es un reino de fuego sonoro, y la Tierra, junto con sus habitantes, está compuesta de materiales que pueden sintonizarse con los sonidos ígneos que emanan de estas alturas celestiales. El ser humano, en esencia, es un fuego cantante.
El continuo descenso del "fuego y sonido celestiales" a la Tierra tiene un efecto expansivo en el pensamiento humano. Es un proceso que, de manera gradual, libera la conciencia humana de su aprisionamiento en los planos inferiores de la Tierra, pero que requiere un “tiempo adecuado” debido a los riesgos asociados. La Gran Invocación, por ejemplo, es un instrumento excepcional para evocar el descenso del sonido ígneo en la conciencia humana, pero la Jerarquía Espiritual de nuestro planeta tuvo que llevar a cabo una extensa planificación y un trabajo preparatorio antes de darla a conocer al público en general; sin ello, el uso prematuro de una Palabra de Poder tan grandiosa podría haber provocado una crisis que distorsionara, en lugar de enriquecer, la percepción de la realidad por parte de la humanidad. Incluso con las precauciones necesarias, ciertos riesgos acompañaron su difusión:
“El principal resultado del empleo correcto de la Gran Invocación (en lo que a la humanidad concierne) es la aceleración de los acontecimientos. Como ya señalé, tal aceleración lleva consigo sus propios riesgos y, en consecuencia, aparecieron problemas verdaderamente difíciles y los terribles acontecimientos que durante muchos años abrumaron a los aspirantes y discípulos del mundo.” 1
En el mundo actual, el descenso del fuego y el sonido celestiales en la conciencia humana está provocando un aumento dramático en la velocidad de los acontecimientos. Hay una sensación de que el tiempo vuela y las cosas se salen de control. Las crisis se acumulan implacables a nivel nacional e internacional; el karma mundial se intensifica, y tanto los aspectos superiores como los inferiores de la naturaleza humana se ven estimulados como nunca antes. Acompañando todo esto, y posiblemente causándolo en gran medida, está el enorme problema de la contaminación sonora. Se sabe que el entorno sonoro que habitan las sociedades modernas tiene un efecto perjudicial en el bienestar de las personas. Un investigador pionero en este campo fue el compositor y educador musical Ray Murray Schafer, quien promovió estudios en ecología acústica y fundó el World Soundscape Project, o “Proyecto Paisaje Sonoro Mundial”. En su libro, titulado “El Paisaje Sonoro: Nuestro Entorno Sonoro y la Sintonización del Mundo”, escribió:
“La Revolución Industrial introdujo una multitud de nuevos sonidos con consecuencias desafortunadas para muchos de los sonidos naturales y humanos, los cuales tendieron a quedar opacados; y este desarrollo se extendió a una segunda fase cuando la Revolución Eléctrica añadió nuevos efectos propios e introdujo dispositivos para empaquetar sonidos y transmitirlos esquizofónicamente a través del tiempo y el espacio, para existencias amplificadas o multiplicadas en vivo. Hoy, el mundo sufre de una congestión de sonidos; hay tanta información acústica que poca de ella logra emerger con claridad… Si tenemos alguna esperanza de mejorar el diseño acústico del mundo, será realizable solo después de recuperar el silencio como un estado positivo en nuestras vidas. Silenciar el ruido en la mente: esa es la primera tarea; después, todo lo demás seguirá en su debido tiempo…
… toda investigación sobre el sonido debe concluir con el silencio, no el silencio de un vacío negativo, sino el silencio positivo de la perfección y la plenitud. Así, del mismo modo que el hombre aspira a la perfección, todo sonido aspira a la condición del silencio, a la vida eterna de la Música de las Esferas. ¿Puede escucharse el silencio? Sí, si pudiéramos extender nuestra conciencia hacia el universo y hacia la eternidad, podríamos oír el silencio. A través de la práctica de la contemplación, poco a poco, los músculos y la mente se relajan, y todo el cuerpo se abre para convertirse en un oído. Cuando el yogui indio alcanza un estado de liberación de los sentidos, escucha el anahata, el sonido ‘no pulsado’. Entonces, se alcanza la perfección. El jeroglífico secreto del Universo es revelado. El número se vuelve audible y fluye llenando al receptor con tonos y luz.” 2
Como comprendió Ray Murray Schafer:
“Cuando no hay sonido, la audición se vuelve más alerta: el silencio es, en verdad, una noticia para aquellos que poseen clarividencia auditiva.”
A medida que los sonidos "no pulsados" del Plan Divino resuenan en los planos superiores del ser, ¿podemos abrirnos a ellos como un solo oído, unido y atento? ¿Y podemos entonces sintonizar con la cualidad acústica del Plan Divino de tal manera que amplifiquemos y transmitamos sus ‘tonos sonoros de significado’ hasta lo más profundo de la conciencia humana? Del mismo modo, podemos tratar de generar dentro de nosotros esos sonidos ígneos que puedan elevarse hasta los oídos de la Jerarquía atenta y servir al reino que habitan.
“… el sonido y el fuego están estrechamente aliados … los Maestros [de Sabiduría] reúnen a sus discípulos en sus Ashrams cuando emiten su sonido y el fuego interno ha consumido totalmente las barreras que se interponen entre el alma y la personalidad. Entonces su sonido puede unirse sin peligro al del Ashram, aumentando su volumen, agregando calidad a su tono y otorgando las cualidades creadoras necesarias…” 3
La ciencia del sonido y el fuego es una parte integral del estudio esotérico. Los escritos de Alice Bailey indican que existen veintisiete leyes ocultas del fuego que resumen las leyes básicas del color, la música y el ritmo. Aunque estas leyes del fuego solo se revelan después de la iniciación en la correspondiente etapa de la evolución, se nos dice que gradualmente se permitirá su publicación exotérica en el futuro. Quizás Rudolf Steiner comprendió algo de estas leyes, pues enseñó que el cuerpo humano es un gran instrumento musical, donde las consonantes representan el instrumento y las vocales representan el alma que lo toca:
““Cuando pronunciamos los sonidos vocálicos, pulsamos lo que vive en nuestra alma dentro del cuerpo; y el cuerpo, al añadir el elemento consonántico, no hace más que proporcionar el instrumento musical para que nuestra alma lo utilice. Seguramente tendrán la sensación de que en cada vocal hay algo del alma, inmediato y vivo. La vocal puede tomarse por sí sola. La consonante, en cambio, anhela perpetuamente la vocal, tiende hacia ella. El instrumento plástico del cuerpo es, de hecho, algo muerto hasta que la naturaleza vocálica —el alma— hace sonar sus acordes.” 4
El ejemplo más sobresaliente de esta relación simbólica entre vocal y consonante—alma y personalidad—se encuentra en la Palabra Sagrada:
AUM es la palabra de Gloria; significa el Verbo hecho carne y la manifestación del segundo aspecto de la divinidad en el plano de la materia.5
Los escritos de Alice Bailey consideran que A.U.M. representa algo de lo que la humanidad avanzada busca liberarse, y sostienen que la Palabra Sagrada se representa mejor como O.M. Esto puede ilustrarse mediante el símbolo a continuación, donde la letra M mayúscula representa la materia en la que el alma, simbolizada por la O que la rodea, se encuentra enmarañada. Para los aspirantes y discípulos del mundo, la m minúscula sugiere una dinámica cambiante, en la que la materia se subordina progresivamente a la voluntad del alma. 6
Cuando la Palabra Sagrada se comprende de esta manera, se nos dice que ayuda enormemente a que “el segundo aspecto de la divinidad, o aspecto crístico, brille resplandeciente":
“… Con su uso, la ‘chispa’ se convierte en una luz radiante, la luz se convierte en una llama, y la llama eventualmente se convierte en un sol… La Palabra debe ser pronunciada por el alma… en su propio plano, y la vibración afectará posteriormente a los diversos cuerpos o vehículos que albergan a esa alma… [El aspirante]… en meditación… escucha el sonido (llamado a veces la ‘pequeña y quieta Voz’ o la ‘Voz del Silencio’) ... y en profunda reflexión… asimila los resultados de… [la]… actividad del alma.” 7
Así como el primer sentido en desarrollarse en el alma encarnada es el oído (los bebés tienen la capacidad de escuchar mucho antes de nacer), el toque de los acordes del alma, simbolizado por la Palabra Sagrada, puede detectarse mediante una escucha intensa en la fase contemplativa de la meditación, y todo el ser puede entrar en estado de resonancia con el sonido que emite y el significado que transmite. El organismo humano se convierte entonces en un instrumento musical que transmite constantemente y con ritmo la música del alma y su reino en el ámbito de la acción humana. La música ígnea del alma es un poder organizador que forja líneas armónicas de relación allí donde es interpretada, y en nuestra pequeña pero significativa medida, al convertirnos cada uno en instrumentos del Alma Una, estamos promoviendo lenta pero seguramente la transfiguración de la humanidad en un organismo de sonido ígneo dentro del cuerpo vital del Logos.
Para las organizaciones espirituales de todo el mundo, esta transformación es más importante que nunca a medida que nos acercamos al intervalo superior de 2025, que marcará el fin de una etapa de esfuerzo de la Jerarquía Espiritual del planeta y el comienzo de otra. El ciclo que concluye, técnicamente denominado “La Etapa del Precursor”, tuvo como objetivo establecer un camino de interacción resonante entre el reino del alma y el reino humano, preparando así el primer estadio de la exteriorización de la Jerarquía en la Tierra. Aunque cualquier nueva dinámica tardará muchos años en consolidarse, un nuevo ímpetu puede detectarse en sus primeras fases si logramos modelarnos a nosotros mismos como instrumento colectivo de audición oculta. La sensibilidad a los ritmos acústicos de esta próxima etapa de actividad de la Jerarquía Espiritual y nuestra participación en ella mediante la expresión del fuego espiritual y el sonido es, sin duda, una meta digna de nuestros más ardientes esfuerzos.
A medida que nos acercamos a los tres Festivales Espirituales de 2025, que cada uno de nosotros contribuya a la gran Sinfonía del Plan Divino en la Tierra, para transformarnos en un gran coro de fuegos cantantes.
En el compañerismo del Trabajo Uno.
Lucis Trust
- A.A. Bailey, La Exteriorización de la Jerarquía, pág.152 (ed. ingl.).
- The Soundscape: Our Sonic Environment and the Tuning of the World, pp.109, 389–90 and 393–394, Kindle Edition.
- A.A. Bailey, Discipulado en la Nueva Era, T. II, pág. 553 (ed. ingl.).
- Rudolf Steiner, Speech and Song (“El habla y el canto”), The Rudolf Steiner Archive
- A.A. Bailey, La Luz del Alma, pág. 7 (ed. ingl.).
- A.A. Bailey, Los Rayos y las Iniciaciones, págs.53–55 (ed. ingl.)
- Ídem, p.56, 58 and 60.
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