Elissawa Carpazio trabaja en aplicaciones empresariales de TI. Ha sido jefa de departamento en varias empresas internacionales. También es estudiante de psicoterapia, duelo y cuidados al final de la vida, y voluntaria en un hospicio.
Podemos sentir el entusiasmo de los científicos cuando hablan de avances tecnológicos. Nos muestran el potencial que quieren desarrollar para ayudar y hacer avanzar a la humanidad. Los anima una buena voluntad que les empuja a poner de su parte para mejorar las condiciones de vida. Sus presentaciones son fascinantes y tentadoras.
El miedo a lo nuevo conduce a la petrificación. Mantener todo igual significa congelarlo todo. La semilla del espíritu necesita libertad para expresarse y empieza a rebelarse cuando se ve aprisionada por normas artificiales creadas por el miedo y diseñadas para que todo siga igual. La evolución avanza. Se necesitan nuevos desarrollos. Y, sin embargo, querer ayudar a la humanidad mediante logros técnicos es caminar por la cuerda floja. Es muy fácil quedar atrapado en espirales diabólicas y perder de vista el verdadero objetivo, la realización espiritual. Debido a la fragmentación del complejo mundo, se pierde la visión de conjunto, y a menudo acabamos con pseudosoluciones que van en contra de la intención real.
Especialmente en esta época de innovaciones que muestran posibilidades tentadoras, es importante desarrollar la discriminación para distinguir lo real de lo irreal. Encontramos engaño y manipulación por todas partes. Es fascinante ver las posibilidades técnicas disponibles. Sin embargo, es difícil decidir qué está moralmente justificado y qué no. La ciencia no es la verdad, sino una estructuración del conocimiento, y el conocimiento está siempre en el campo en el que se busca. Como todo, la ciencia también forma parte del sistema, atrapada en una red de obligaciones, responsabilidades e intereses.
Los debates éticos que lleva a cabo la ciencia son muy profundos y se intenta prever y sopesar todos los efectos posibles, pero los puntos de vista que se mantienen y los efectos a los que se presta atención dependen siempre de la propia visión del mundo. Dado que la cosmovisión imperante es materialista, la moral por sí sola no nos llevará a ninguna parte, porque toda lógica de argumentación se mueve dentro de esta cosmovisión y busca en ella la legitimación moral de las acciones.
La forma exterior, el cuerpo, debe verse como lo que es, un medio para un fin. Debemos utilizar la forma para expresar la naturaleza divina. Hemos hecho grandes avances en la ciencia, pero seguimos operando en el plano físico. En una época de transformación, lo que hay que transformar es la visión del mundo. Necesitamos incorporar la idea del mundo espiritual a nuestra visión y a los debates.
Vídeo y transcripciones en: https://bit.ly/3Tt2vgx