Christine Morgan es Presidenta de Lucis Trust.
En esta era digital, es muy fácil que nuestros ojos se vean atraídos hacia abajo y queden fijos en un estado de "fascinación" por los productos de la tecnología. Ya sea que se trate del mundo virtual de las realidades generadas por computadora o por la adicción más generalizada a los teléfonos inteligentes, la mensajería electrónica y las redes sociales, es necesario restablecer un equilibrio. La tecnología proporciona herramientas maravillosas que pueden mejorar la interacción humana y la tendencia hacia la unidad, aunque también puede atraernos más profundamente a la materia y la división. La expresión "realidad virtual" describe muy bien el engaño y la ilusión que se encuentran a lo largo de este camino.
Todas las cosas comienzan en el reino de la consciencia antes de manifestarse en el exterior, por lo que el papel de la educación es primordial para crear un espacio seguro y ético en un mundo que se ha convertido tan rápidamente en una comunidad digital. Están los problemas insolubles de la información errónea, la desinformación, el uso no regulado de Internet, el uso de algoritmos con sesgos conscientes o inconscientes, y el efecto de la inteligencia artificial en las industrias creativas. La regulación no es fácil, aunque se está empezando a trabajar seriamente en esto, pero quizá la mejor solución sea reconocer la necesidad esencial de abordar estos problemas desde el principio.
La educación consiste en aumentar la luz y la comprensión de quiénes esencialmente somos como seres humanos. Si vivimos en una burbuja de filtros o en una cámara de eco que solo nos permite acceder a los pensamientos de quienes tienen afinidad con nosotros, se nos priva de los desafíos que afirman la vida. Al fomentar el debate abierto en torno a cuestiones complejas, podemos estar mejor informados y ser más inclusivos.
Vídeo y transcripción en: https://bit.ly/3v2UB3q