Educación, Ciudadanía y Democracia - 2025#1


La relación entre la educación y la democracia se enfrenta a una presión renovada en todo el mundo. El auge del populismo autoritario, la desinformación en línea, la polarización política y los ataques a la libertad académica desafían la función democrática de la educación. La educación cívica está siendo reducida o politizada en muchos países. Por otra parte, la creciente comercialización de la educación, que la trata como una mercancía en lugar de un bien público, cambia el  enfoque  de  la  ciudadanía a la productividad. Este  marco  económico  margina  la misión democrática de la educación y corre el riesgo de  producir individuos apolíticos y desconectados, centrados únicamente en el beneficio privado.

Alice Bailey escribe que: La verdadera democracia “será posible por el correcto empleo de los sistemas de educación y el constante entrenamiento del pueblo para reconocer los valores sutiles, el punto de vista más correcto, el idealismo más elevado y el espíritu de síntesis y de unidad cooperadora. La unidad cooperadora, donde el espíritu subjetivo y la forma objetiva se encaminan hacia un fin reconocido, difiere de la  unidad obligatoria”. [La Exteriorización de la Jerarquía, p. 52 ed. ingl.]

El papel de la educación en esta época de grandes transiciones es crucial. Poniendo el listón muy alto, podríamos decir que debería cerrar la brecha entre el intelecto y la in- tuición,  entre la ciudadanía y el discipulado. Debe preparar a las personas no sólo para el empleo o el voto, sino también para el ser- vicio, la cooperación, y la reconstrucción de los valores humanos a escala planetaria. Sin embargo, no olvidemos que los Informes de  la UNESCO dicen que, a pesar de los lentos progresos realizados durante varias décadas, unos 251 millones de niños en todo el mundo siguen sin escolarizar. Desde un punto de vista puramente cívico, la desigualdad edu- cativa socava la democracia. Desde un punto de vista esotérico, también obstruye el viaje evolutivo del Yo espiritual, el alma. Cuando no se tiene acceso a una educación de calidad, se impide tanto la libre participación en el proceso democrático como el despertar interior. La injusticia educativa no es solo un fracaso de la política; es una emergencia espiritual. Ignorar el desarrollo de los procesos educativos en cualquier grupo de personas viola el principio de las correctas relaciones humanas.   Abordar  esto requiere  más  que una  reforma:   exige  una  re-sacralización de la educación y un renovado sentido de propósito.

Sin entrar en los detalles de los diferentes países o regiones, es justo decir que la educación en todo el mundo, en gran medida todavía se centra en la acumulación de información, la competencia y el éxito económico en lugar de los valores más sutiles. Esto se refleja en el hecho de que la mayoría de la gente todavía ve el mundo como algo material en lugar de espiritual. Gran parte del trabajo de la UNESCO para garantizar la educación en todo el mundo, sin dejar a nadie atrás, no es la excepción.

La educación desempeña un papel fundamental en la formación del ciudadano. No solo proporciona a las personas el conocimiento de sus derechos y responsabilidades, sino que también fomenta el pensamiento crítico y fomenta la participación en la vida pública. John Dewey, un destacado filósofo de la educación del siglo pasado, argumentó en Democracia y educación que la democracia debe renacer en cada generación y que la educación es su partera. La democracia no es algo que se haya logrado de forma definitiva: es un proceso que hay que nutrir constantemente. Sin un acceso generalizado a una educación de calidad, la ciudadanía no puede participar de manera significativa en los procesos democráticos. Gert Biestra es un pensador educativo moderno cuyas ideas han sido influyentes, e incluso se han implementado en el Currículo Nacional Finlandés para la Educación. En Aprender la democracia en la escuela y en la sociedad argumenta que, en la formación de los ciudadanos, la educación debe abordar tres temas:  la capacitación, la socialización y la subjetivación. La capacitación consiste en dotar a los estudiantes de la preparación necesaria para funcionar como parte de la fuerza laboral y, en general, como miembros capacitados de la sociedad. La socialización implica la transmisión de valores y comportamientos sociales, políticos y culturales destinados a preservar la sociedad. La función socializadora de la escuela es (re)producir la cultura existente mediante la transmisión de normas y tradiciones culturales. La subjetivación consiste en que los estudiantes se conviertan en sujetos y se den cuenta de que tienen la libertad de actuar, o no actuar, de maneras particulares en cada situación de la vida. La subjetivación es un concepto desafiante; implica el desarrollo de habilidades, por ejemplo, para tramitar las tensiones entre los ideales y la realidad. Se da  un  enfoque  ético y  empático  al  manejo  de estas tensiones cuando se alienta a los estudiantes a refinar y defender  su comprensión de lo que es correcto y bueno para ellos mismos, así como para las personas y el mundo que los rodea.

Históricamente, varios sistemas educativos alternativos evolucionaron y siguen evolucionando y prosperando hoy en día: las escuelas Waldorf, Montessori, y Reggio Emilla, por ejemplo. Hay muchas iniciativas que se basan en estos conceptos, especialmente en los países escandinavos y en otros países desarrollados. Un ejemplo es la Escuela de Paz, una escuela primaria en los Países Bajos que hizo una presentación en el marco de la reciente celebración de la Día Internacional de la Conciencia en Ginebra. En la educación superior, la paz y la educación para la paz también están desempeñando un papel más destacado. Tal vez no sea una coincidencia que el Instituto de Estudios Superiores de Ginebra tenga su sede en la Maison de la Paix (La Casa de la Paz). El Graduate Institute es una universidad de investigación de posgrado en Ginebra, dedicada a producir “conocimientos y experiencia sobre relaciones internacionales, temas de desarrollo, desafíos globales y gobernanza”. A medida que los desafíos mundiales y el clima político se tornan más complejos, la colaboración entre las entidades de las Naciones Unidas es más esencial que nunca. Con este fin, la Universidad para la Paz (UPEACE) y el Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional e Investigaciones (UNITAR) están colaborando para ofrecer programas conjuntos de maestría y certificación.

Democrat, financiado por la Unión Europea, ofrece una gran cantidad de recursos sobre Educación para la Democracia.  El proyecto Blog Horizonte Demócrata ofrece perspectivas de varios países europeos. Un ejemplo del Blog es el proyecto AKA (Conciencia, Conocimiento, Acción), que promueve:

El poder transformador de la Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM) como base para la participación democrática. Los jóvenes que participan en la CME desarrollan competencias esenciales como:

  • Pensamiento crítico: Mejorar la capacidad de analizar, cuestionar y comprender problemas sociales complejos. 
  • Empatía y conciencia social: Fomentar la sensibilidad hacia la diversidad, la tolerancia y la solidaridad intergeneracional. 
  • Habilidades de ciudadanía activa: Fomentar la participación en los procesos democráticos, la defensa y las iniciativas impulsadas por la comunidad.
  • Responsabilidad ambiental y social: Promover la justicia climática, los modelos económicos sostenibles y la igualdad de género como parte integral del compromiso cívico.

En lugar de ser simplemente un sistema político, la democracia puede considerarse como una forma de transición que allana el camino hacia un gobierno planetario más unificado basado en principios espirituales. Porque si la democracia ha de evolucionar, los ciudadanos necesitan expandir su identidad más allá de la raza, la nación o la clase para abrazar la “Humanidad Una”.

Esto exige un nuevo tipo de ciudadano del mundo guiado por:

  • Autoconciencia interna
  • Un compromiso con la justicia, no solo con la legalidad
  • Responsabilidad hacia la humanidad en su conjunto
  • Disposición para servir, no para dominar.
     

Los sistemas educativos tradicionales, centrados en la competencia y el éxito individual, a menudo suprimen esta identidad más amplia. Sin embargo, la conciencia grupal, el amor inteligente y la comprensión intuitiva son cualidades esenciales para una futura democracia funcional basada en principios espirituales.

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