
En Londres, el seminario comenzó con las observaciones introductorias de Laurence Newey, vicepresidente de Lucis Trust, quien planteó a los participantes una pregunta: dado que el Propósito Divino sólo puede alcanzar sus objetivos por medio de la humanidad, cuando ésta ejerce un “gran poder moral”, ¿cómo puede la humanidad despertar a la visión de la unidad mundial?
El Dr. Debidatta Aurobinda Mahapatra, profesor de Ciencias Políticas en el Florida State College de Jacksonville, inició la exploración centrándose en las ideas del filósofo indio Sri Aurobindo, para quien la Unidad Humana es el resultado de la dinámica evolutiva de la Conciencia Divina. Según Sri Aurobindo, todas las naciones tienen un Alma que encarna esta conciencia y que siente un “anhelo inherente de buscar la unidad más elevada”. El “ego nacional”, sin embargo, está impulsado por la agresión y la dominación. La “mente de los políticos”, al servicio de este ego, sólo puede lograr una especie de “unidad mecánica”, no una unidad del Alma. El Dr. Mahapatra sugirió que a medida que el viejo orden experimente un “colapso moral”, el nuevo orden se desarrollará, continuando así la dinámica evolutiva.
En respuesta a esta aportación, un panel de colaboradores de Buena Voluntad Mundial exploró algunos de los ideales que necesitaría este nuevo orden, empezando por una definición de la Paz como cualidad del Alma, debido a su impulso hacia la voluntad-al-bien. El panel exploró la naturaleza cíclica de los acontecimientos espirituales y cómo la experiencia de las religiones por parte de la humanidad necesita fundamentarse de nuevo en la adopción de una Conciencia Divina, que nos permita invocar lo más elevado dentro de nosotros mismos. Un participante sugirió que quizás el nihilismo generalizado en el mundo actual podría ser la fuerza de oposición que necesita esta dinámica evolutiva.
Daniel Wheatly, profesor adjunto de Relaciones Internacionales en el programa londinense de varias universidades estadounidenses y alto funcionario diplomático de la comunidad Bahá'í del Reino Unido, continuó la ronda de aportaciones sugiriendo que estamos viviendo un “invierno geopolítico” en el que el mundo está recogiendo los frutos de la globalización económica y experimentando el fracaso de las “fuerzas materialistas e impulsadas por el ego”. Las relaciones internacionales necesitan abrazar una nueva dimensión moral que pueda ayudar a la humanidad a construir un consenso a través de la humildad, la esperanza y la resiliencia. Los escritos Bahá'ís ofrecen un mapa para ese viaje al hacer un llamamiento a “una convocatoria mundial como camino hacia un orden mundial justo, una reunión de las opiniones y la sabiduría de la humanidad... que abarque todas (sus) tradiciones y creencias”. Citando a la jurista holandesa Maya Grof, el Sr. Wheatley nos animó a todos a abrazar “la necesidad de esperanza; y con la esperanza, la ambición; y con la ambición, la acción”. Nos instó a “levantarnos y salir a los campos y trabajar juntos” como “un acto de fe”, ya que es “uniendo a las personas de buena voluntad... a través de la acción y el servicio como recibiremos los frutos de esa cosecha”.
El panel reflexionó sobre cómo un movimiento hacia el internacionalismo, si está impulsado por la democracia liberal, corre el riesgo de convertirse en otra etapa del imperialismo. La espiritualidad, centrada en la Buena Voluntad como Amor en acción, puede contrarrestar el “empobrecimiento espiritual” de las sociedades ofreciendo “una visión más amplia”. Esto podría llevarnos hacia una “justicia contributiva” en la que todos podamos identificarnos con el todo y valorar así lo que cada uno puede ofrecer para enriquecer la sociedad y la vida pública.
Un participante pidió al panel un “lema” que describiera la profunda dinámica espiritual y evolutiva que subyace en el progreso de la humanidad hacia la unidad. Y mientras los ponentes y panelistas pensaban en ello, y los participantes escribían sus contribuciones en el chat, escuchamos un discurso de Mia Mottley, primera ministra de Barbados, en el que, en un acto de sincronicidad, respondió a la petición ofreciéndonos la más sintética y poderosa de todas las formas de pensamiento: Ubuntu, yo soy porque tú eres, una invitación para que todos abracemos nuestro “destino compartido”.
Conmovidos por este poderoso discurso, y con un “lema” en la mano, ponentes, panelistas y participantes aunaron fuerzas para la creación de una hoja de ruta que permita a Occidente salir de su proyecto normativo, unilateral y coercitivo, para adentrarse en un nuevo proyecto impulsado por el multilateralismo, la inclusividad, la escucha profunda, la confianza, el verdadero consenso, la igualdad soberana y el diálogo. Se hizo especial hincapié en este último, ya que es el campo en el que puede ser posible una “tensión creativa”, una tensión desde la que podamos ser capaces de invocar lo más elevado que hay en nosotros.
Simon Marlow clausuró el seminario web recordándonos a todos que la unidad humana no significa uniformidad, sino una “diversidad disfrutada”; que no estamos solos en nuestra búsqueda de la Luz para revelar la oscuridad, pues contamos con el poder del grupo; y que cimentamos el Alma en el Servicio. Así, para “ayudar a encender el mundo con el espíritu de relación» e «infundir en la conciencia humana la luz, el amor y el poder que necesita”, nos guió a todos en una meditación de Buena Voluntad.
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