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041-043

[41] Dios,
[42] Dirigentes,
[43] Disciplina Física

[41]

DIOS

(1). Dios, Mente Universal, Energía, Fuerza, lo Absoluto, lo Desconocido. Estos y muchos otros términos son los pronunciados por aquellos que, por medio del aspecto forma, buscan al Morador de la forma que no han podido hallar aún. Este fracaso se debe a limitaciones del cerebro físico y a la falta de desarrollo del mecanismo por el cual se puede conocer lo espiritual y oportunamente establecer contacto con el Morador. (3 - 215)

(2). Lo que el científico denomina energía, el religioso lo llama Dios, siendo ambos lo mismo, el propósito manifestado en materia física de esa gran Entidad externa al sistema. La naturaleza constituye la aparición del cuerpo físico del Logos, y las leyes de la naturaleza rigen los procesos naturales de ese cuerpo. La Vida de Dios, Su energía y vitalidad se encuentran en cada átomo manifestado; Su esencia mora en todas las formas. A esto lo llamamos Espíritu, aunque El en Sí es distinto a esas formas, así como el hombre sabe que él no es sus cuerpos. Sabe que es voluntad y propósito, y a medida que evoluciona, ese propósito y voluntad se hacen más conscientemente defini­dos. Lo mismo le ocurre al Logos planetario y al Logos solar. Habitan dentro, pero se encuentran fuera del esquema planetario o del sistema solar. (3 - 889)

(3). Sólo cuando el hombre se comprende a sí mismo, puede llegar a comprender el summum denominado Dios. (4 - 34)

(4). Dios Trascendente existe eternamente aunque sólo pueda ser visto, conocido y encarado correctamente por Dios Inmanente ‑ inmanente en el individuo, en los grupos y en las naciones, en las organizaciones y en la religión, en toda la humanidad y en la Vida planetaria misma. (10 - 128)

(5). Al tratar de describir al "Ser Puro" o Dios, y en el esfuerzo por llegar a comprender la naturaleza de la divinidad, se haya desarrollado la fórmula de la negación. Dios no es eso; Dios no es aquello; Dios no es nada; Dios no es ni tiempo ni espacio; Dios no es sensación o pensamiento; Dios no es forma ni sustancia. Dios simplemente ES. (10 - 186)

(6). EL PROBLEMA DE DIOS: Se establecerá la realidad de Dios y terminarán las dudas de los hombres respecto a esto. Dios no será un Dios nacional o racial, ni cristiano, hindú o budhista, tampoco una ficción de la imaginación creadora del hombre o una extensión de su propia conciencia, sino una Deidad con vida esencial, suma total de todas las energías.

Un Dios verdaderamente trascendente y, al mismo tiempo, realmente inmanente; un Dios tan grandioso que los cielos lo proclaman, y tan íntimo que hasta el niño más humilde puede reconocerlo.

Dios puede ser visto y conocido por medio del ojo interno de la visión, sin embargo, Dios puede ser visto aunque el hombre ocupe un cuerpo. La Deidad no puede ser vista con el ojo físico, aunque en todas partes existen señales de la divinidad. Podemos desarrollar y utilizar el ojo que permitirá a su poseedor ver a Dios actuando en el aspecto interno de la vida, dentro de sí mismo y de todas las formas, porque "cuando tu ojo es uno, todo tu cuerpo está lleno de luz". En esa luz veremos la Luz y así veremos a Dios. (15 - 154/5)

(7). Explicar adecuadamente el maravilloso destino del reino humano está más allá de mi poder o de la capacidad de cualquier pluma humana, no importa cuán grande sea la realización del hombre y su respuesta a la belleza del mundo de Dios; la divinidad tiene que ser vivida, expresada y manifestada para poder ser comprendida. Dios tiene que ser amado, conocido y revelado dentro del corazón y el cerebro humanos, para poder ser captado intelectual­mente. (14 - 248)

(8). Hemos hablado de Dios en término de Persona y hemos empleado los pronombres Él y el posesivo. ¿Debemos inferir de esto que nos referimos a una prodigiosa Personalidad denominada Dios y, por lo tanto, pertenecemos a esa escuela de pensamiento llamada antropomórfica? La enseñanza bud­hista no reconoce a un Dios ni a una Persona. Por consiguiente, desde nuestro punto de vista y acercamiento, ¿es erróneo o correcto? Únicamente cuando se comprenda al hombre como una expresión divina, en tiempo y espacio, podrá ser revelado este misterio.

Ambas escuelas de pensamiento son correctas y de ninguna manera se contradicen. En su síntesis y fusión, la verdad, tal como realmente es, puede comenzar ‑aunque en forma tenue ‑ a aparecer. Existe un Dios Trascen­dente que "habiendo compenetrado todo el universo con un fragmento de Sí Mismo" puede todavía decir: "Yo permanezco". Existe un Dios Inmanente cuya vida es el origen de toda actividad, inteligencia, crecimiento y atracción de todas las formas en todos los reinos de la naturaleza. Similarmente, existe en cada ser humano un alma trascendente que, cuando ha iniciado y termi­nado su ciclo de vida en la tierra y ha ocurrido el período de manifestación, se convierte nuevamente lo inmanifestado y en lo amorfo, y también puede decir: "Yo permanezco". Cuando se manifiesta y toma forma, la única manera que la mente y el cerebro humanos pueden expresar su reconocimiento de la vida divina condicionante, es hablar en términos de Persona y de Individua­lidad. Por eso hablamos de Dios como una Persona, de Su voluntad, de Su naturaleza y Su forma.

Sin embargo, detrás del universo manifestado permanece el sin forma, Aquel que no es un individuo ni está limitado por existencia individualizada. Por lo tanto, el budhista tiene tazón cuando acentúa la naturaleza no individualizada de la Deidad y se niega a personalizar a la Divinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de la teología cristiana, personificando, como lo hacen en las triplicidades de todas las teologías, se convierten también en el Uno cuando ha terminado el período de manifestación. Permanecen como Uno, con la cualidad y vida intactas e indiferenciadas, tal como son en la manifestación.

La analogía de esto la tenemos cuando muere un hombre. Aparecen sus tres aspectos ‑ mente o voluntad, emoción o amor, apariencia física. Enton­ces la persona no existe. Sin embargo, se acepta el hecho de la inmortalidad, el ser consciente permanece; su cualidad, propósito y vida están unidos con su alma mortal. La forma externa, con sus diferenciaciones en una trinidad manifestada, ha desaparecido ‑ nunca volverá exactamente en la misma forma o expresión, en tiempo y espacio.

La interacción del alma y de la mente produce el universo manifestado, con todo lo que contiene. Cuando persiste esa interacción, ya sea en Dios o en el hombre, empleando términos de origen humano (¿de qué otra manera se podría hablar con propiedad?) que, por lo tanto, limitan, porque tal es nuestra actual etapa de iluminación ‑ o ¿debería decirse etapa de oscuridad? Así desarrolla la idea de la individualidad, de la personalidad y de la forma. Cuando cesa la interacción y termina la manifestación, sus términos ya no son apropiados ni tienen significado. Sin embargo, persiste el ser imperecedero, sea Dios u Hombre.

Por eso la mente humana mantiene el concepto sustentado por el gran Maestro de Oriente, el Buddha, el de la Deidad trascendente, separada de la triplicidad, dualidad y multiplicidad de la manifestación. Sólo existe vida amorfa, sin individualidad y desconocida. En la enseñanza occidental que ha formulado y conservado el Cristo, persiste el concepto de Dios inmanente ‑ ‑Dios en otro y en todas las formas. En la síntesis de las enseñanzas de Oriente y Occidente y en la fusión de estas dos grandes escuelas de pensa­miento, puede presentirse algo de este Todo superlativo, meramente presen­tido, pero no conocido. (15 - 184/5)

(9). Una de las cosas más difíciles de ser comprendidas e interpretadas por el hombre común reflexivo, son los procesos destructivos de lo que él (a falta de mejor término) llama 1a voluntad de Dios". Este es uno de los resultados (y sólo uno) de una civilización puramente materialista, que ha puesto todo su énfasis sobre la experiencia del aspecto forma y considera al bienestar físico y la comodidad física, más las posesiones materiales, como la verdadera meta de todo esfuerzo humano. Sobre estas ampliamente difundidas actitu­des y reacciones, se concentrará la nueva y entrante luz; a medida que la luz revela la realidad, el mundo de los fenómenos y el mundo de los valores espirituales entrarán en una directa y mejor relación. (18 - 532)

(10). Los credos orientales han puesto de relieve siempre a Dios Inmanente, radicado en lo más profundo del corazón humano "más cerca que las manos y los pies", el Yo, el Uno, el Atma; más pequeño que lo pequeño y, sin embargo, omniabarcante. Los occidentales han presentado a Dios trascen­dente, fuera de Su universo, como observador. Dios Trascendente condicionó ante todo el concepto humano de la Deidad, pues la acción de este Dios Trascendente apareció en los procesos de la naturaleza. Luego, en la dispen­sación judía, Dios apareció como el Jehová tribal, como el alma (más bien desagradable) de una nación. Después Dios fue considerado como el hombre perfecto, el divino hombre‑Dios que caminó sobre la tierra en la Persona del Cristo. Hoy se pone el énfasis sobre el Dios Inmanente en todo ser humano y en toda forma creada. En la actualidad la iglesia tendrá que exponer una síntesis de estas dos ideas que han sido resumidas por Shri Krishna en El Bhagavad Gita: "Habiendo compenetrado el entero universo con un frag­mento de Mí Mismo, Yo permanezco". Dios más grande que todo lo creado y, sin embargo, Dios presente en la parte; Dios Trascendente garantiza el plan de nuestro mundo y constituye el propósito que condiciona todas las vidas, desde el más diminuto átomo, pasando por todos los reinos de la naturaleza, hasta llegar al hombre. (8 - 125/6)

(11). Lentamente va despertando la incipiente conciencia de la humanidad a la gran verdad paralela de Dios Inmanente ‑ que divinamente compenetra todas las formas e internamente condiciona todos los reinos de la naturaleza, expresa la divinidad ingénita a través de los seres humanos.

Existe una creciente y progresiva creencia de que Cristo está en nosotros, como lo estuvo en el Maestro Jesús, creencia que alterará los asuntos del mundo y la actitud del género humano hacia la vida. (13 - 489)

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DIRIGENTES

Los dirigentes deben aprender a permanecer solos, y lo logran si aman lo suficiente.

¿Cuáles son las lecciones que deben aprender los verdaderos dirigentes?.

La primera es la lección de la visión. ¿Qué metas se ha fijado usted? ¿Cuál es el incentivo espiritual suficientemente fuerte, para mantenerlo con firme propósito y fiel al objetivo? Nadie puede formular la visión por usted. Ese es el problema de su propia personalidad, y gran parte de lo que haga y llegue a ser dependerá de la fuerza de la visión y de la belleza de la imagen creada por su imaginación.

La segunda es la lección del desarrollo de un correcto sentido de la propor­ción. Una vez que haya desarrollado y aplicado correctamente este sentido, le permitirá recorrer humildemente el Camino. Todo verdadero dirigente debe ser humilde, porque comprende la magnitud de su tarea; si quiere contribuir adecuadamente debe darse cuenta de su limitada contribución (a la luz de la visión) y de la necesidad de continuar el autodesarrollo y cultivar un constante e interno aprendizaje espiritual. Por lo tanto siga aprendiendo, no se sienta satisfecho consigo mismo ni con lo realizado, pero no con un sentido morboso, sino fomentando el principio de arremeter adelante y hacia arriba. Con nuestro propio esfuerzo ayudamos a otros a lograr la realización, lo cual significa pensar con claridad, ser humilde y adaptarse constantemente.

La tercera lección es el desarrollo del espíritu de lasíntesis. Esto le permite incluir todo lo que está al alcance de su influencia y ser incluido dentro del alcance de la influencia de los que están más evolucionados. Así se establece la cadena jerárquica.

Otra lección, que en realidad deriva de la que antecede, consiste en evitar el espíritu de crítica, porque la crítica conduce a erigir barreras y a perder tiempo. Aprenda a diferenciar el espíritu de crítica de la capacidad de analizar y de aplicarlo prácticamente. Aprenda a analizar la vida, las circuns­tancias y las personas, desde el ángulo del trabajo y no desde el punto de vista de su personalidad y también del Ashrama, y no del ejecutivo o del maestro de escuela en el plano físico.

¿Puede imaginarse su reacción cuando ‑como dirigente ‑ debe cargar con la culpa de todo fracaso, aunque personalmente no sea responsable; aceptar sin represalias las acometidas de aquellos a quienes está tratando de ayudar, que esperan demasiado de usted y lo obligan a vivir en el resplandor de la opinión pública?, ¿qué hará cuando los colaboradores que ha elegido sean incomprensivos, desleales, critiquen injustamente y enfrenten su ambi­ción a la suya, se nieguen a ver su punto de vista deliberadamente y hablen de usted con otras personas, para despertar resentimientos, resentimientos probablemente sin base alguna? Estas son cosas que su personalidad no acepta fácilmente, y será mejor que su imaginación creadora empiece a ocuparse de esos problemas, a fin de que los emergentes principios del comportamiento aparezcan con toda claridad. ¿Posee en su corazón la virtud interna de aceptar los errores y debilidades o admitir que se equivocó en la técnica o método de acercamiento, al juzgar o al hablar, en el caso de que fuera necesario evitar una ruptura o en bien del trabajo? (6 - 600/4)

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[43]

DISCIPLINA FÍSICA

(1). Mago discreto es aquel que cuida la preparación de su vehículo inferior a fin de llevar consigo el fuego con el cual trabaja, y esto lo alcanza mediante la disciplina y la pureza total. (3 - 798)

(2). Si los estudiantes de ocultismo disciplinaran su vida más inteligentemen­te, estudiaran con más cuidado el problema de la alimentación y durmieran las horas necesarias con más determinación, y si trabajaran con precavida parsimonia y menos impulsivamente (no importa cuán elevada sea la aspira­ción), obtendrían mejores resultados, y los Grandes Seres podrían contar con auxiliares más eficientes en la tarea de servir al mundo. (2 - 86)

(3). Drásticas disciplinas físicas a menudo son aplicadas hoy por los aspiran­tes bien intencionados; practican el celibato, el estricto vegetarianismo, ejercicios de relajamiento y muchos tipos de ejercicios físicos, con la espe­ranza de controlar el cuerpo. Estos tipos de disciplinas serán muy buenas para el ser humano no evolucionado y del tipo más inferior, pero no son métodos que debe emplear el hombre común o el aspirante practicante. La concen­tración en el cuerpo físico sólo sirve para aumentar su potencia, nutrir sus apetitos y hacer salir a la superficie de la conciencia aquello que debería estar firmemente recluido bajo el umbral de la conciencia. El verdadero aspirante debería ocuparse del control emocional y no del control físico, y hacer el esfuerzo para enfocarse en el plano mental antes de lograr un contacto estable con el alma. (17 - 423/4)

(4). La regla para los aspirantes concierne a su capacidad de aceptar y adherirse a una disciplina autoimpuesta. Por medio de esa disciplina el aspirantes se demuestra a sí mismo el control de las naturalezas física y astral, y su efecto le revelará ciertas fallas inevitables y básicas, como ser el control ejercido por la naturaleza animal, la poderosa imposición del deseo, el sentido de superioridad, orgullo y separatividad. Su capacidad en mantener la disciplina y su propia estimación por haberlo realizado, además de su sentido de superioridad demostrado hacia quien no se disciplina, todo indica fallas esenciales. Su fanatismo latente es expresado, emerge con claridad en su conciencia, y ‑cuando es sincero‑ es consciente de haber logrado alguna medida de pureza física, pero al mismo tiempo se da cuenta que quizás comenzó por lo externo y evidente, cuando debió hacerlo por lo interno y por aquello que no es tan fácil hacer contacto o expresar. Esta es una grande y muy importante lección.

Lo antedicho constituye también una interesante ilustración de la técnica que emplean los Maestros, por la cual Ellos permiten que una falla no sea corregida (pues fue originada por el discípulo y sólo él debe eliminarla) y se use un lenguaje que imparte una impresión errónea. Con tal método, el que emplea dicho lenguaje descubre oportunamente su erróneo acercamiento a la verdad.

El verdadero discípulo no necesita del vegetarismo ni de disciplina física, por la razón de que ningún apetito de la carne lo domina. Su problema reside en otra parte, constituyendo pérdida de tiempo y de energía, dedicar la atención en "hacer las cosas básicamente correctas", porque lo hace automá­ticamente y porque sus hábitos espirituales contrarrestan las tendencias físicas inferiores; la adquisición de dichos hábitos le permite vencer automá­ticamente el llamado de esos deseos que dan por resultado la satisfacción del deseo inferior. Nadie es aceptado en el círculo del ashrama (nombre técnico aplicado a la categoría correspondiente a quienes están en vísperas de recibir la iniciación o son preparados para la misma) si existe peligro de ser domi­nado por los apetitos físicos. Esta es una afirmación verídica. Atañe particular y específicamente a los que se preparan para la primera iniciación. (18 - 113/4)

(5). Numerosos devotos sinceros y aspirantes promisorios se preocupan tanto por la forma y su disciplina, que no tienen tiempo para dedicarse a la expansión del alma. Es tan intenso el interés por sus reacciones a la disciplina autoimpuesta y su capacidad para ajustarse o no a ella, que las verdades espirituales, que tratan de penetrar en sus corazones, no pueden hacerlo. La moderación en todas las cosas, el inteligente empleo de las formas sustenta­doras y el olvido de sí mismo, son las características del discípulo, pero no del principiante. Actualmente existen numerosos discípulos que deberían estar actuando en el Aula de la Sabiduría; están trabajando fanáticamente en el Aula del Conocimiento y tan absorbidos por las disciplinas físicas que ignoran las del alma. Les pido que reflexionen sobre esto.

Reiteraré: las disciplinas físicas tiene su valor en las primeras etapas e imparten un sentido de proporción y percepción de defectos y limitaciones. Tienen su lugar en tiempo y espacio, eso es todo. Una vez que el discípulo ha penetrado en el mundo del alma, emplea todas sus formas con inteligencia, comprende su propósito, no comete excesos ni se preocupa ni siente mayor interés por ellas. Aparta sus ojos de sí mismo y los dirige al mundo de los verdaderos valores. No guarda ningún sentimiento autointeresado, porque la percepción grupal va reemplazando rápidamente su conciencia individual. (18 - 114/5)

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