
Los siguientes comentarios se transmitieron en el Webinar de Triángulos el 7 de agosto de 2017:
Hace dos mil años, Cristo reveló que “Dios es amor”. Probablemente, ésta fue una de las verdades más profundas que se ha dado al mundo y que enriqueció mucho la experiencia humana. Incluso hoy en día nos esforzamos por comprender todas las implicaciones de esta verdad eterna. El Amor, se dice, “pone fin a todo el karma terrenal. El amor induce esa radiación que no sólo invoca y evoca el corazón de Dios, sino también el corazón de la humanidad. El amor es la causa de toda creación y el factor que sostiene todo lo que vive”. (El Discipulado en la Nueva Era, Vol. II, p. 541 ed. inglesa). No obstante, en la dispensación Acuariana, el trabajo de Cristo consistirá en relacionar a la humanidad con “ese centro superior donde se hace contacto con el Padre, se reconoce la filiación y puede conocerse el Propósito divino”. Esto finalmente conducirá a la humanidad hacia una era no soñada hasta hoy, de la que el presente es sólo un pálido e inadecuado reflejo.
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