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LIBRO SEGUNDO LOS PASOS HACIA LA UNION - Parte 2

El trabajo principal del estudiante ocultista consiste en manipular fuerza y penetrar en el mundo donde las fuerzas se ponen activamente en movimiento, produciendo efectos fenoménicos; debe estudiar y comprender, práctica e inteligentemente, la acción de la Ley de Causa y Efecto, sin ocuparse de los efectos, concentrando su atención en las causas que los producen. En lo que a él respecta, llega a comprender que la causa primaria del fenómeno de su existencia objetiva en los tres mundos, es el ego y que las causas secundarias son el conjunto de los impulsos egoicos fundamentales, que han desarrollado en él la capacidad de responder a los contactos sensorios en los tres planos. Estos impulsos han producido efectos, que (estando sujetos a la ley) deben manifestarse objetivamente en el plano físico. Por lo tanto, se le atribuye mucha importancia a la necesidad de establecer contacto egoico directo, por conducto del cordón o sutratma, pues sólo así podrá el aspirante determinar las causas que subyacen en las actuales manifestaciones de su vida, o empezar a ocuparse de las samskaras o simientes, de sus actividades futuras. Estas simientes son kama-manásicas (parcialmente emocionales y mentales), pues el deseo es potente en sus efectos, y lo produce el vehículo físico en sus dos aspectos:

  1. Manas inferior o mente concreta, factor básico en la producción del cuerpo etérico. [i145]
  2. Kama o deseo, principal factor para traer el vehículo físico denso a la existencia.


Ambos son responsables de la existencia manifestada.


Es bien sabido que al árbol de la vida se lo representa con las raíces hacia arriba y las hojas hacia abajo. En el diminuto árbol de la vida del ego rige la misma representación simbólica. Las raíces están en el plano mental, el crecimiento y la fructificación hacia la objetividad se observan en el plano físico. Por lo tanto, es necesario que el aspirante aplique el hacha a la raíz del árbol, es decir, que se ocupe de los pensamientos y deseos que construyen el cuerpo físico. Debe penetrar en el reino subjetivo si quiere ocuparse de aquello que lo mantendrá en la rueda de renacimientos. Cuando las simientes han sido extirpadas, la fructificación ya no es posible. Cuando la raíz ha sido separada de sus exteriorizaciones en cualquiera de los tres planos, la energía de la vida no puede afluir hacia abajo. Las tres palabras, nacimiento, vida y experiencia, compendian la existencia humana, su objetivo, método y meta, y de esto no nos ocuparemos. Este aforismo se ocupa de todo el tema del karma (o Ley de Causa y Efecto), y el tópico es muy vasto para extendernos aquí. Baste decir que, desde el punto de vista de los Aforismos de la Yoga, el karma es de tres tipos:

  1. Karma latente. Simientes y causas que aún no se han desarrollado, están inactivas y deben crecer hasta fructificar en alguna parte de la actual vida o de las vidas subsiguientes.
  2. Karma activo. Simientes y causas [i146] en proceso de fructificación; la vida actual está destinada a proporcionar el suelo necesario para su fructificación.
  3. Karma nuevo. Simientes o causas que se producen en esta vida y que necesariamente deberán regir las circunstancias de una vida futura.


El principiante de la ciencia del yoga puede empezar por ocuparse de su karma activo, interpretando que cada acontecimiento y circunstancia de la vida proporcionan las condiciones por las cuales puede agotar una serie de efectos específicos y esforzarse por vigilar sus pensamientos para no sembrar nueva semilla y ningún karma futuro pueda fructificar en alguna vida posterior.


Al neófito le resulta muy difícil trabajar con las simientes del karma latente, y es aquí donde su Maestro puede ayudarlo, manipulando las circunstancias y ocupándose de lo circundante en los tres mundos, para que este tipo de karma se agote más rápidamente y desaparezca.

14. Las simientes (o samskaras) traen placer o dolor, si las causas que las originaron fueron el bien o el mal.


Se ha de observar que el bien es lo que tiene relación con el principio único, con la realidad que mora en todas las formas, con el espíritu del ser humano, cuando se revela por medio del alma y con el Padre al manifestarse por medio del Hijo. El mal se relaciona con la forma, el vehículo y la materia; en realidad, concierne a la relación del Hijo con su cuerpo de manifestación. Si el Hijo de Dios (cósmico o humano) está [i147] limitado, aprisionado y cegado por su forma, esto constituye el poder que ejerce el mal sobre él. Si es consciente de su yo, sin estar atado por las formas y libre de la esclavitud de la materia, esto constituye el poder que ejerce el bien. La total liberación de la materia causa beatitud o placer –el gozo de la realización. El mal causa dolor, porque, en la medida que el Regente Interno esté limitado por su cuerpo de manifestación, así sufrirá.


15. El ser humano iluminado considera que toda existencia (en los tres mundos) es dolor, debido a las actividades de los gunas. Estas actividades son tres, produciendo consecuencias, ansiedades e impresiones sublimadas.


Las tres "gunas" son las tres cualidades de la materia misma: sattva, raja y tamas, o ritmo, actividad e inercia, inherentes a todas las formas. El estudiante debe recordar que toda forma, en todos los planos, posee esta característica, y ello es aplicable lo mismo a la forma más elevada que a la más baja; la manifestación de estas cualidades es sólo de grado.


Para el ser humano que está alcanzando la perfección, es cada vez más evidente que cada forma, a través de la cual el ser humano espiritual divino se manifiesta, produce limitación y dificultad. El vehículo físico del adepto, aunque construido de sustancia predominantemente sáttvica, equilibrada y rítmica, lo confina al mundo del esfuerzo físico y limita los poderes del verdadero hombre. Hablando en forma general, puede decirse que: [i148]

  1. El atributo inercia caracteriza al yo personal inferior y a las envolturas del triple ser humano inferior.
  2. El atributo actividad es la característica principal del alma y la cualidad que causa la intensa actividad y labor constante del ser humano, al buscar experiencia y, más tarde, al tratar de servir.
  3. El atributo ritmo o equilibrio, es la cualidad del espíritu o mónada, y también la tendencia a la perfección, causa de la evolución del ser humano, en tiempo y espacio, y el factor que lleva la vida a través de todas las formas hasta la consumación. Sin embargo, debemos tener en cuenta que las tres son cualidades de la sustancia, por la cual el triple espíritu se manifiesta en este sistema solar. No se conoce aún la naturaleza del espíritu, por cuanto no podemos pensar más que en términos de forma, por trascendentales que estas formas sean. Únicamente las almas que han alcanzado la iniciación más elevada y pueden trasponer nuestro círculo infranqueable solar, conocen algo de la naturaleza esencial de lo que llamamos espíritu.


Volviendo a la manifestación práctica de los tres gunas en los tres mundos (en relación con el ser humano), se puede observar que:

  1. El atributo de equilibrio o ritmo caracteriza al vehículo mental. Una vez que el cuerpo mental está organizado y el hombre es dirigido por su mente, su vida también se estabiliza y organiza, y la orientación de sus asuntos prosigue en forma equilibrada.
  2. La cualidad de actividad o movilidad [i149] caracteriza a la naturaleza emocional o astral; cuando ésta predomina, la vida es caótica, violenta, emocional y está sujeta a todo capricho y sentimiento. Es principalmente la cualidad de la vida de deseo.
  3. La cualidad de inercia domina al cuerpo físico; el objetivo del ego es quebrar esta inercia e impulsar a su vehículo inferior a la actividad, lo cual traerá los fines deseados. De allí que en las primeras etapas del esfuerzo sea necesario emplear el guna de movilidad y la plena actuación de la naturaleza emocional o de deseos.


El dolor es el producto de las actividades de la forma, pues dolor es el resultado de la diferencia inherente entre los pares de opuestos, espíritu y materia. Ambos factores se mantienen esencialmente “en paz" hasta que entran en conjunción y se resisten mutuamente produciendo fricción y sufrimiento, cuando se unen en tiempo y espacio.


Patanjali señala que este dolor es abarcante, pues comprende el pasado, el presente y el futuro.

  1. Consecuencias. El dolor es producto de la actividad del pasado y del agotamiento del karma cuando se manifiesta al corregir los equívocos y pagar el precio de los errores cometidos. El cumplimiento de obligaciones y deudas pasadas es siempre un proceso doloroso. Ciertas ocurrencias del pasado hacen necesarias la actual condición heredada, el medio ambiente, el tipo de cuerpo y de forma, el vehículo y las relaciones grupales, siendo doloroso para el alma confinada en ello.
  2. Ansiedades. Conciernen al presente y [i150] a veces se convierten en aprensiones. Si se analiza este término se observará que no sólo abarca el temor al sufrimiento, sino al fracaso del cuerpo espiritual al prestar servicio. Estos temores producen también dolor y malestar y van paralelos al despertar del ser humano real que descubre su herencia.
  3. Impresiones sublimadas. Se relacionan con el futuro y conciernen a las premoniciones de muerte, sufrimiento, necesidad, que dominan a tantos hijos de los hombres. Es el temor a lo desconocido y a lo que puede ocurrirnos, a nosotros o a otros, y a su vez produce dolor.


16. El dolor puede ser evitado antes de producirse.


Las palabras en sánscrito de este aforismo encierran una doble idea. Se infiere, en primer lugar, que ciertos tipos de "malestar" (según algunas traducciones) pueden evitarse por un correcto reajuste de las energías del hombre, de manera que por un cambio en la actitud mental no son posibles las reacciones dolorosas, y por la transmutación de sus deseos desaparecen los antiguos "dolores”. En segundo lugar se infiere que la vida será vivida en el presente, de manera de no iniciar causas que tengan efectos dolorosos. Esta doble inferencia hará que el yogui adopte en su vida una disciplina dual, que involucra la firme determinación de practicar el desapego y constante disciplina de la naturaleza inferior. Esto traerá por resultado una actividad mental de tal naturaleza que las antiguas tendencias, anhelos y deseos, ya no [i151] atraerán, ni se emprenderá actividad alguna que produzca karma o resultados posteriores.


El karma del pasado puede ser agotado únicamente ahora, y ese tipo de karma que trae dolor, tristezas y malestar, debe seguir su curso. El karma actual o esa precipitación de efectos que el ego tiene intención de agotar en el presente ciclo de vida, debe desempeñar igualmente su parte en la emancipación del alma. Sin embargo, el hombre espiritual puede regir en tal forma al ser humano inferior, que los acontecimientos del karma (o los efectos que se manifiestan en el mundo físico objetivo) no causen angustia ni dolor, pues serán vistos y enfrentados por el yogui carente de apegos. Tampoco le permitirá iniciar esas causas que produzcan dolor.


17. La ilusión de que el Perceptor y lo percibido son una y la misma cosa, es la causa (de los efectos que producen dolor) que debe evitarse.


Este aforismo nos lleva nuevamente a la gran dualidad básica de la manifestación, la unión espíritu materia. Su interacción causa todas las modificaciones o actividades en los diversos planos que producen la forma, siendo también la causa de las limitaciones que la conciencia pura se ha impuesto a sí misma. En un breve comentario como éste es imposible dilucidar plenamente este tópico. Lo único que puede hacerse es tratar el tema en lo que afecta al hombre, pudiendo resumirse de la manera siguiente: todo dolor y [i152] tristeza son ocasionados por el ser humano espiritual cuando se identifica con las formas objetivas en los tres mundos y con el reino fenoménico, donde dichas formas desarrollan sus actividades. Cuando él es capaz de desprenderse del reino de los sentidos y reconocer "que él no es lo que se ve, se toca y se oye", entonces puede liberarse de todas las limitaciones de la forma y permanecer separado como perceptor y actor divino. Utilizará las formas como quiera a fin de alcanzar ciertos fines específicos, pero no caerá en el engaño de considerarlas como si fueran él mismo. El estudiante haría bien en aprender a ser consciente de que, en los tres mundos (que conciernen únicamente al aspirante en esta etapa), él es el factor más elevado de las tan conocidas triplicidades:

Preceptor ..............................           Percepción ....................  Lo percibido.

Pensador ...............................           Pensamiento .................  Formas mentales.

Conocedor ............................          Conocimiento ...............  El campo del conocimiento.

Vidente  ................................           Vista  .............................  Lo visto.

Observador  ..........................          Observación ..................  Lo observado.

Espectador  ...........................          Visión ............................  El espectáculo.

y otras muy conocidas.

El gran objetivo de Raja Yoga es liberar al pensador de las modificaciones del principio pensante, a fin de no sumergirse ya en el gran mundo de ilusiones mentales ni identificarse con lo puramente fenoménico. Se mantiene libre y desapegado, y utiliza el mundo de los sentidos como campo para desarrollar sus actividades inteligentes y no como campo de experimentación y esfuerzo, donde adquirir experiencia. [i153]

Debe recordar que los medios de percepción son los seis sentidos: oído, tacto, vista, gusto, olfato y mente, y han de ser trascendidos y reconocidos por lo que son. Los medios de percepción revelan el gran maya o mundo de ilusión, compuesto de formas de todo tipo, construidas de sustancia que debe ser estudiada en su constitución atómica y molecular y sus elementos básicos que dan a tal sustancia sus diferenciaciones y cualidades específicas. Para fines de estudio, debería recordarse que es necesario investigar la naturaleza de los siguientes factores existentes en el polo opuesto del espíritu, denominado materia:

  1. Los átomos.
  2. La materia molecular.
  3. Los elementos.
  4. Los tres gunas o cualidades.
  5. Los tattvas, o diferenciaciones de la fuerza, en sus siete tipos.


Mediante la comprensión de la naturaleza y las diferenciaciones de la materia se llega a comprender el mundo de la forma, que durante tanto tiempo ha mantenido prisionero al espíritu. Esto lo indica Pantajali en el siguiente aforismo.


18. Lo que se percibe tiene tres cualidades: sattva, raja y tamas (ritmo, movimiento e inercia), y está compuesto de elementos y órganos sensorios. Su empleo produce experiencia y eventualmente liberación.


Éste es uno de los aforismos más importantes del libro, porque en pocas y concisas palabras resume [i154] la naturaleza de la sustancia, así como su constitución, finalidad y razón de ser.

Cada una de las frases merece una extensa consideración, pues las palabras: "cualidades", "elementos", "sentidos", "evolución" y "liberación" expresan la totalidad de los factores involucrados en el crecimiento del ser humano, y son los que más conciernen a la unidad humana, y abarca su trayectoria desde el momento en que encarnó por primera vez, en el transcurso del largo ciclo de vidas, hasta que pasa por los diversos portales de la iniciación a la vida mayor del cosmos.

Lo primero que caracteriza al ser humano es la inercia, siendo de índole tan pesada y densa que se requieren muchos y violentos contactos para darse cuenta de lo que lo rodea y que valorará más tarde inteligentemente. Los grandes elementos tierra, agua, fuego y aire, desempeñan su parte en la construcción de sus formas y se incorporan en su ser. Los diversos órganos de los sentidos entran en actividad paulatinamente; primero, los cinco sentidos; luego, una vez que la segunda cualidad de rajas o actividad se establece firmemente, empieza a desarrollarse también el sexto sentido, la mente. Más tarde comienza a percibir todo lo que circunda en el mundo fenoménico, las mismas cualidades y elementos que existen en sí mismo y acrecientan rápidamente su conocimiento. De allí pasa a establecer la diferencia entre él como Perceptor y lo que percibe como sus formas y el mundo en que éstas existen. El sexto sentido acrecienta su predominio, pero con el tiempo es controlado por el verdadero ser humano, quien pasa al estado sáttvico, donde se armoniza consigo mismo y, en consecuencia, [i155] con todo cuanto lo rodea. Su manifestación es rítmica y a tono con la gran totalidad. Contempla el espectáculo y procura que las formas, por medio de las cuales actúa en el mundo fenoménico, estén debidamente controladas, y que todas sus actividades se desarrollen en armonía con el gran plan.


Cuando esto ha tenido lugar, forma parte del todo, sin embargo está libre y liberado del control que ejerce el mundo de la forma, de los elementos y de los sentidos, y los utiliza sin ser utilizado por ellos.


19. La división de los gunas (o cualidades de la materia) son cuatro: lo específico, lo no específico, lo insinuado y lo intocable.


Es interesante observar que los gunas o cualidades (suma total de los atributos o aspectos de la sustancia de nuestro sistema solar) son cuatro. En la siguiente séptuple clasificación tenemos la analogía de los septenarios existentes en nuestro universo manifestado. Los tres aspectos mayores de la sustancia mental son:

1.     Sustancia sáttvica  .....................         ritmo, equilibrio, armonía.

2.     Sustancia rajásica  .....................         movilidad, actividad.

3.     Sustancia tamásica  ...................         inercia, estabilidad.


Los tres se dividen en:

1.   Lo específico  .....................  los elementos manifestados, forma.

2.   Lo no específico  ................  los sentidos, las reacciones de la fuerza, los tanmatras.

3.   Lo insinuado  ......................  la sustancia primaria, los tattvas, la materia atómica. [i156]

4.   Lo intocable  .......................  la gran Existencia, la suma total de todos ellos.

Este aforismo tiene por objeto abarcar los tecnicismos del aspecto forma de la manifestación, ya se refiera a la manifestación de un átomo humano o de una deidad solar; indica simplemente la triplicidad natural de la sustancia, la naturaleza septenaria de la misma y sus diversas mutaciones. Expresa la naturaleza de ese aspecto de la vida divina que los hindúes denominan Brahma y los cristianos Espíritu Santo. Es el tercer aspecto de Trimurti o Trinidad, el aspecto materia inteligente activa, con la cual se ha de construir el cuerpo de Vishnu o del Cristo Cósmico, a fin de que Shiva, el Padre o Espíritu, tenga un medio de revelación. Por lo tanto, será de valor indicar la naturaleza de las cuatro divisiones de los tres gunas, después de dar también los sinónimos.


Los tres gunas:

  1. Las cualidades de la materia.
  2. Los aspectos de la sustancia pensante, o de la mente universal.
  3. Los atributos de la fuerza-materia.
  4. Las tres potestades.


Estas triplicidades deben ser estudiadas cuidadosamente, pues por su intermedio será posible obtener los diversos grados de conciencia. Esto se refiere a las grandes formas ilusorias, con las que se identifica el Ser Humano Real (con el consiguiente dolor y sufrimiento) durante el transcurso del largo ciclo de manifestación, del cual debe liberarse con el tiempo. [i157] Involucra una idea aún más amplia, el aprisionamiento de la vida de un Logos solar en la forma de un sistema solar, su desarrollo evolutivo por medio de dicha forma, y la perfección y liberación eventuales de esa vida al terminar el gran ciclo solar. El ciclo menor del ser humano está contenido en el mayor, y sus realizaciones y la naturaleza de su liberación sólo son relativas al todo mayor.

  1. Clasificación específica de los gunas.


Esta clasificación específica o detallada de los gunas consta de dieciséis partes, que se refieren principalmente a la reacción del ser humano al mundo objetivo tangible:

  1. Los cinco elementos: éter, aire, fuego, agua y tierra, efectos directamente involucrados en un sonido o palabra subjetiva o no específica.
  2. Los cinco órganos de los sentidos: oído, piel, ojo, lengua y nariz. Los órganos físicos o canales, por medio de los cuales se hace posible la identificación con el mundo tangible.
  3. Los cinco órganos de acción: voz, manos, pies, órganos de excreción y órganos genitales.
  4. La mente, el sexto sentido; el órgano que sintetiza a los otros órganos sensorios y oportunamente los suplantará.


Estos dieciséis medios de percepción y actividad en el mundo fenoménico, constituyen los canales para el verdadero hombre pensante; ponen de manifiesto su activa realidad, siendo la suma total de los hechos físicos que conciernen a todo Hijo de Dios encarnado. Similarmente, [i158] en su significado cósmico, constituyen la totalidad de los hechos que demuestran la realidad de una encarnación cósmica. "El Verbo se hace carne", tanto en sentido individual como cósmico.

  1. Clasificación no específica de los gunas.

Consta de seis partes y concierne a lo que está detrás de lo específico; se refiere a lo subjetivo e intangible y al despliegue de la fuerza productora de formas específicas.


En los libros hindúes se los denomina técnicamente tanmatras. Tienen que ver con la conciencia más que con la forma; son las "modificaciones especiales" de budi o conciencia (Ganganatha Jha):

  1. El elemento que nos hace oír o lo que la oreja produce; el oír rudimentario.
  2. El elemento que nos hace tocar, o lo que el mecanismo del tacto, la piel, etc., produce; el tacto rudimentario.
  3. El elemento que nos hace ver, o lo que el ojo produce.
  4. El elemento que nos hace gustar, o lo que el mecanismo del gusto produce.
  5. El elemento que nos hace oler, o lo que el mecanismo del olfato produce.


Detrás de estos cinco elementos se halla el sexto tanmatra o modificación del principio conciencia, el denominado "sentido de la personalidad", la conciencia "yo soy yo", el principio ahamkara, el cual produce el sentido de la realidad personal y de que cada uno de nosotros es una unidad separada de conciencia. Constituye la base de la "gran herejía de [159] la separatividad" y la causa de que el ser humano real o espiritual sea atraído por la gran ilusión, que obliga al ser humano, durante largos eones, a identificarse con las cosas de los sentidos, llevándolo con el tiempo a la etapa donde busca la liberación.

  1. Lo insinuado

Detrás de las dieciséis divisiones específicas y de las seis no específicas, subyace la causa de todas ellas; los libros hindúes la llaman budi o razón pura; el intelecto, separado de la mente inferior, algunas veces denominado intuición, cuya naturaleza es amor-sabiduría. Es la vida o principio crístico que, en el proceso de encarnar o de tomar una forma, tal como la conocemos, se manifiesta como lo específico y lo no específico. Para la mayoría sólo está "insinuado". Se supone que está ahí. El trabajo de Raja Yoga consiste en llevar a su pleno conocimiento esta vaga suposición, para que la teoría se transforme en realidad y lo que está latente y creemos existe, sea reconocido y conocido por lo que es.

  1. Lo intocable.


Llegamos finalmente a la cuarta clasificación de los gunas o aspectos, aquello "en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser", el Dios intocable o desconocido. Es la gran forma de existencia en la que nuestras pequeñas formas existen; la suma total de sustancia pensante, de la cual nuestras pequeñas mentes son parte; la total manifestación de Dios por medio del Cristo cósmico, de quien cada pequeño hijo de Dios forma parte. [i160] La mente del hombre no puede concebir todavía este algo intocable y desconocido.

20. El vidente es conocimiento puro (gnosis). Aunque puro, observa la idea presentada, valiéndose de la mente.

Ya se ha hecho referencia a la excelente traducción de este aforismo dada por Johnston, que dice: "El vidente es visión pura. Aunque pura, observa a través de la vestidura de la mente". Ganganatha Jha proyecta mayor luz al expresar: "El espectador es sensibilidad absoluta y, aunque pura, todavía contempla ideas intelectualizadas". La idea sugerida es que el hombre verdadero, el espectador, perceptor o pensador, es la suma total de todas las percepciones, ya sean percibidas por medio de los sentidos o de la mente inferior; es en sí mismo conocimiento, clara visión o verdadera percepción. Todo cuanto existe en los tres mundos existe por él y para él; es la causa de su existencia, y cuando ya no lo busca ni se esfuerza por visualizarlo, deja de existir para él. Este aforismo es uno de los versículos clave del libro, y proporciona la llave para la ciencia del yoga. Su formulación oculta ciertas ideas que abarcan la totalidad de esta ciencia; los estudiantes deberían prestarle mucha atención. Si se enuncia como una afirmación produce un efecto mántrico y si el aspirante lo emplea constantemente, le demostrará, con el tiempo, la verdad de la afirmación de que: "como el hombre piensa, así es él".


"Yo soy el conocimiento puro, contemplo [i161] las ideas presentadas valiéndome de la mente".


Tenemos en esta afirmación:


1. El vidente o quien contempla y considera (desde su punto de vista divino) este mundo de efectos, este gran maya de ilusión.


2. La idea presentada. La idea que imparte es que todo tipo de forma que pasa ante el espectador en el gran panorama de la vida en los tres mundos, es "una idea-presentada", por lo tanto, son pensamientos corporificados y deben ser considerados como tales. La tarea del ocultista consiste en trabajar con la fuerza subyacente en todas las formas y no tanto con la forma, que es sólo el efecto de alguna causa. Este método de trabajo puede desarrollarse únicamente de manera gradual. El espectador observa sucesivamente, en su medio ambiente inmediato y en su propio y pequeño mundo, las formas, su significado verdadero y las diversas formas del proceso mundial, hasta que le es revelado el mundo de las causas, y el mundo de los efectos asume una posición secundaria.


Primeramente percibe las formas en los tres mundos. Gradualmente se da cuenta de aquello que las causa y del tipo de fuerza que las ha traído a la existencia. Más tarde descubre la idea que ellas corporifican y al seguir progresivamente su trayectoria, hacia adelante o hacia atrás, hasta su fuente de origen, entra en contacto con las grandes vidas, causa de la manifestación. Así sale de la esfera de la objetividad, de los mundos mental, emocional y físico y entra [i162] en el reino del alma o causa subjetiva de esta triple manifestación. Éste es el mundo de las ideas y, por lo tanto, del conocimiento puro, de la razón pura y de la mente divina. Más tarde, en una etapa muy avanzada, se pone en contacto con esa Vida una que sintetiza las muchas vidas, con el Propósito uno que fusiona las muchas ideas en un sólo plan homogéneo.


3. La mente. Instrumento que emplea el vidente a fin de percibir las ideas presentadas o formas mentales. Para mayor claridad, se debe tener en cuenta que las ideas presentadas se dividen en cinco grupos de formas mentales:

  1. Las formas objetivas tangibles del mundo físico del diario vivir, con las cuales se ha identificado el vidente durante largo tiempo, en las épocas primitivas y salvajes de la existencia humana.
  2. Los estados de ánimo, sentimientos y deseos, que adquieren forma en el mundo astral, el mundo de las emociones.
  3. Las formas mentales, en su infinidad de variaciones, que colman el mundo mental.
    Por medio de las "ideas presentadas” el vidente llega a conocer el no-yo.
  4. Las formas mentales que el hombre crea cuando ha aprendido a controlar su instrumento mental y puede discriminar entre el mundo ilusorio de las ideas presentadas, y esas realidades que constituyen el mundo del espíritu.

    Por medio de este proceso el hombre llega a conocerse a sí mismo. Durante toda la gran experiencia de conocer el no-yo y conocerse a sí mismo, emplea la mente como medio de investigación, explicación e interpretación, pues los sentidos y [i163] todos sus canales de contacto envían constantemente información y reacciones a la mente, mediante el instrumento inferior del cerebro. Habiendo alcanzado esta etapa, el vidente puede entonces emplear la mente en sentido inverso. En vez de dirigir su atención al no-yo o al mundo ilusorio de efectos y estudiar su propia naturaleza inferior, puede ahora, gracias al control mental logrado, alcanzar la quinta etapa:
  5. Las ideas presentadas por el mundo de la vida espiritual, el reino del conocimiento espiritual y en sentido más real, el reino de Dios.


Por este medio, el vidente llega a conocer a Dios tal cual es y a comprender la naturaleza del espíritu. La mente cumple entonces tres propósitos:

  1. El vidente contempla a través de ella el reino de las causas, el espiritual.
  2. Por su intermedio puede interpretar el mundo de las causas en términos del intelecto.
  3. Empleándola correctamente, el vidente puede trasmitir al cerebro físico del yo personal inferior (reflejo del hombre verdadero en el mundo de los efectos) lo que el alma ve y conoce. Entonces se forma y entra en actividad efectiva el siguiente triángulo: el vidente u ser humano espiritual, la mente, que construye su medio de investigación o la ventana a través de la cual observa (ya sea el mundo de los efectos, a sí mismo o el mundo de las causas), y el cerebro, la placa receptora, en la cual el vidente puede plasmar su "conocimiento puro", empleando la mente como intérprete y agente transmisor. [i164]


21. Todo lo que es, existe para bien del alma.


El hombre, en su vanidad, no debe considerar el significado de este aforismo como que todo lo creado existe para él. Su sentido es mucho más amplio. El alma a que se refiere es la del Ser supremo, de la cual el alma del hombre es parte infinitesimal. El minúsculo mundo del ser humano, su pequeño medio ambiente y de contacto, existe en virtud de la experiencia que le proporciona y de la liberación final que produce; es la causa de su manifestación y el resultado de su propio poder mental. Pero a su alrededor y compenetrándolo existe un algo más grande, de lo cual él forma parte, y todo el vasto universo planetario y solar existe para bien de la Vida más vasta, de cuyo cuerpo él no es más que un átomo. El entero mundo de las formas es producto de la actividad mental de alguna vida; el entero universo de la materia es el campo de experiencia de alguna existencia.


22. Para el ser humano que ha alcanzado el yoga (o unión), ya no existe el universo objetivo. No obstante, sigue existiendo para quienes aún no se han liberado.


Este aforismo encierra el germen de toda la ciencia mental. Su premisa está fundada en la comprensión de que todo cuanto observamos son modificaciones de la sustancia mental y de que el pensador crea su propio mundo, ya sea un Dios o un ser humano. Cuando el individuo, por medio de la ciencia del Yoga (ciencia que se ocupa de "suprimir las actividades [i165] del principio pensante", o el control de la mente) ejerce pleno poder sobre la mente y la sustancia mental o materia pensante, queda liberado del control de esas formas que mantienen a la mayoría de los seres humanos cautivos en los tres mundos.

Entonces se aleja de la gran ilusión; ya no lo sujetan los cuerpos que hasta ese momento lo habían retenido; las grandes corrientes de ideas, de pensamientos y de deseos que se originan mediante las "modificaciones del principio pensante", de los seres humanos aprisionados en los tres mundos, no lo atraen ni lo afectan; las miríadas de formas mentales, resultantes de estas corrientes en los mundos mental, astral y físico, ya no lo apartan de las realidades o del verdadero mundo subjetivo de las causas y de las emanaciones de fuerza. Ya no se deja engañar; es capaz de discernir entre lo real y lo irreal, lo verdadero y lo falso, la vida del espíritu y el mundo fenoménico. Entonces está sujeto a las corrientes de pensamiento y al mundo de ideas que provienen de grandes entidades y vidas espirituales, de manera que el gran plan del Arquitecto del Universo puede desplegarse ante él. Se libera y emancipa, quedando sujeto únicamente a las nuevas condiciones de vida de quienes han alcanzado la gran unificación. Las leyes de los tres mundos no son reemplazadas sino trascendidas, porque lo mayor siempre incluye lo menor. Aunque, para fines de servicio, el hombre puede elegir limitarse a sí mismo a la aparente vida tridimensional, sin embargo penetra a voluntad en un mundo de dimensiones superiores, [i166] siempre que sea necesario para la expansión del reino de Dios.


El objetivo de la ciencia del yoga consiste en revelar al ser humano cómo lograr esta liberación y obtenerla por sí mismo. Por eso la tendencia de la enseñanza impartida por Patanjali, hasta este punto, ha sido indicar el lugar que ocupa el ser humano en el esquema; señalar la causa básica de su inquietud y anhelo por realizar determinada actividad; demostrar la razón de la existencia del gran mundo de los efectos e intentar que el aspirante investigue el mundo de las causas y así demostrar la necesidad de un mayor desenvolvimiento y la naturaleza de los obstáculos, para ese desenvolvimiento, que hará exclamar al ser humano: "Si esto es así ¿por qué me dios se puede efectuar esta unión con lo real y desvanecer la gran ilusión?". Este Libro Segundo presenta los ocho grandes métodos del yoga, proporcionándonos un delineamiento claro y conciso de los pasos precisos a dar para la regulación requerida de la vida física, psíquica y mental.


23. La asociación del alma con la mente y con todo cuanto la mente percibe, produce la comprensión de la naturaleza de lo percibido y también la del Perceptor.


Este aforismo llama la atención del estudiante sobre la primordial cualidad que debe desarrollar: la discriminación. Por lo tanto el significado es bien claro. Los pares de opuestos, espíritu y materia, purusha y prakriti, se [i167] asocian íntimamente, y tal unión debe ser reconocida por el alma, la conciencia perceptora. Mediante el proceso de fusionar las dualidades, el alma, el pensador, llega a comprender su propia naturaleza, la naturaleza espiritual y la naturaleza del mundo fenoménico que él percibe, hace contacto y utiliza. El órgano de percepción es la mente y los cinco sentidos, y desde el punto de vista del alma constituyen un sólo instrumento. Durante largo tiempo y en el transcurso de muchas encarnaciones, el alma o pensador, se identifica con este órgano de percepción y, al emplearlo en las primeras etapas, también se identifica con lo que percibe. Considera al cuerpo fenoménico, el cuerpo físico que utiliza, como si fuera él mismo; así como lo indica la expresión “estoy cansado" o "tengo hambre". Se identifica con su cuerpo de sentimiento o deseo, al decir: "estoy disgustado" o "necesito dinero", y también con su vehículo mental, cuando considera: "pienso esto o aquello". De estas identificaciones surgen las diferencias teológicas y las diversidades doctrinarias y sectarias, aparecidas en todas partes. En esta quinta raza raíz, especialmente en la quinta subraza, tal identificación alcanza su apoteosis. Es la era del yo personal, no la del yo espiritual. Esta comprensión de la naturaleza inferior es parte del gran proceso evolutivo; pero debe ir seguida de la comprensión del polo opuesto, el Yo espiritual. Esto lo lleva a cabo el alma que empieza a practicar la discriminación, al principio teórica e intelectualmente (de allí el gran valor [i168] de la actual época de crítica, discusiones y polémicas, pues forma parte del proceso discriminador planetario) y más tarde experimentalmente. Esta discriminación lleva, con el tiempo, a tres cosas:

  1. A la comprensión de la diferencia entre espíritu y materia.
  2. A la comprensión de la naturaleza del alma, producto de esta unión que es el hijo, producto de la unión del padre-espíritu y la madre-materia.
  3. Al desarrollo, por el cual el alma empieza a identificarse con el aspecto espiritual y no con el mundo fenoménico de las formas. Esta última etapa es grandemente ayudada y acelerada por la práctica de Raja Yoga, de allí la determinación de la Jerarquía de proporcionar esta ciencia al Occidente para su espíritu discriminador y de crítica. Debe tenerse en cuenta que en este proceso unificador el alma pasa por grandes etapas, y que la palabra yoga abarca el desenvolvimiento evolutivo de la mónada humana.

Dichas etapas son:

  1. La unión del alma con la forma, y su identificación con el aspecto materia.
  2. La unión del ser humano pensador (o reflejo autoconciente en los tres mundos) con el ser humano espiritual, en su propio plano.
  3. La unión del ser humano espiritual o pensador divino con su Padre en el Cielo, la Mónada o aspecto espíritu. La primera etapa abarca el período desde la primera encarnación hasta la entrada en el sendero de probación; la segunda etapa abarca el período del sendero de probación hasta la tercera iniciación, [i169] en el sendero del discipulado; la tercera, abarca las etapas finales del sendero de iniciación


24. La causa de esta asociación es ignorancia o avidya, y esto debe ser superado.


La ignorancia de la naturaleza real del alma y el impulso de descubrir su propia naturaleza y poderes, es la causa de que se identifique con los órganos de percepción y con lo que éstos perciben o llevan a la conciencia del alma. Cuando, por esta ignorancia y sus consecuencias, el alma no encuentra lo que busca, viene la etapa en que la búsqueda asume una forma distinta y el alma misma busca la realidad. Esto puede ser expresado como:

Identificación con el mundo fenoménico y empleo de los órganos externos de percepción; abarca el período en que el verdadero hombre está en lo que se denomina Aula de la Ignorancia. La saciedad, inquietud y búsqueda del conocimiento del yo o alma, caracterizan el período dedicado al Aula del Aprendizaje. La realización, expansión de conciencia e identificación con el hombre espiritual, abarcan el período transcurrido en el Aula de Sabiduría. Los términos vida humana, vida mística y vida esotérica son aplicables a estas tres etapas.


25. Cuando la ignorancia llega a su término, debido a la no asociación con las cosas percibidas, se obtiene la gran liberación.


Durante el proceso de encarnación, el vidente o alma, está sumergido en la gran ilusión o maya, y es prisionero de sus propias formas y [i170] creaciones mentales y también de las de los tres mundos. Se considera a sí mismo como parte del mundo fenoménico. Cuando por medio de la experiencia y discriminación es capaz de discernir entre sí mismo y dichas formas, puede proseguir el proceso de liberación y, oportunamente, culminar en la gran renunciación, la cual, de una vez por todas, libera al hombre de los tres mundos.

Este proceso es progresivo y no puede llevarse a cabo de una sola vez. Abarca dos etapas:

  1. La de probación o, expresado en términos cristianos, el sendero de purificación.
  2. La del discipulado que tiene también dos partes:
    1. El discipulado en sí, o el entrenamiento y la disciplina constante a que el alma, dirigida por su Guru o Maestro, somete al yo personal inferior.
    2. La iniciación, o las expansiones progresivas de conciencia por las cuales pasa el discípulo, guiado por el Maestro.


Ciertas palabras describen este proceso dual:

  1. Aspiración.
  2. Disciplina.
  3. Purificación.
  4. La práctica de los métodos de yoga o unión.
  5. Iniciación.
  6. Comprensión.
  7. Unión.


26. El estado de esclavitud se supera manteniendo una perfecta discriminación.


Aquí serán de valor unas palabras acerca de la discriminación, pues es el primer gran método para lograr la liberación [i171] o emancipación de los tres mundos. Debido a que tiene su fundamento en la comprensión de la dualidad esencial de la naturaleza, y a que se la considera como resultado de la unión de los dos polos del Todo Absoluto, espíritu y materia, al principio la discriminación es una actitud mental que debe cultivarse asiduamente. Se acepta la premisa de la dualidad como base lógica para el trabajo posterior, y la teoría se comprueba en forma práctica al realizarse el esfuerzo para comprobar la verdad, entonces el aspirante asume definidamente la posición del polo superior (la del espíritu manifestándose como alma o regente interno) y procura discriminar en los acontecimientos diarios entre la forma y la vida, el alma y el cuerpo, la entera manifestación inferior (el hombre físico, astral y mental) y el verdadero yo, causa de la manifestación inferior. Además, procura cultivar durante los asuntos de la vida diaria, la conciencia de lo real y el rechazo de lo irreal y aplica esta actitud a todas sus relaciones y asuntos. Se habitúa, mediante la práctica persistente e ininterrumpida, a discernir entre el yo y el no-yo, a ocuparse de las cosas del espíritu y no del gran maya o mundo de formas. Al principio este discernimiento es teórico, luego intelectual, pero más tarde asume mayor realidad y penetra en los acontecimientos del mundo emocional y físico. Finalmente, el mantenimiento de este método hace que el aspirante penetre en una dimensión totalmente nueva, y que se identifique con una vida y un mundo del ser no asociado a los tres mundos de la actividad humana. [i172]

Cuando esto sucede se familiariza con el medio ambiente, y no sólo conoce la forma sino también la realidad subjetiva, que produce o causa la existencia de las formas.


Luego pasa a cultivar la siguiente gran cualidad: el desapasionamiento o ausencia de deseos. El ser humano es capaz de distinguir entre lo real y lo verdadero, entre la sustancia y la vida que la anima, no obstante desea o quiere ir hacia la existencia de la forma. Este deseo también debe ser superado para alcanzar la liberación, la emancipación o la libertad perfectas. En uno de los antiguos comentarios de los archivos de la Logia de Maestros se encuentran las siguientes palabras:


"No basta conocer el camino ni sentir la fuerza que extrae la vida de las formas de maya. Debe tener lugar un momento grandioso y portentoso donde el chela rompe, por un acto y palabra de poder, el sutratma ilusorio que lo liga a la forma.


Así como la araña recoge en sí misma el hilo por el cual se aventura por regiones desconocidas, también el chela se retrae en sí mismo, retirándose de todas las formas, en los tres reinos del ser, que hasta ahora lo han seducido".


Lo que antecede merece detenida consideración, y puede vincularse con la idea contenida en la siguiente frase esotérica: "Antes que el ser humano pueda hollar el sendero debe convertirse en el sendero mismo".


27. El conocimiento (o iluminación) alcanzado es séptuple y se obtiene progresivamente.

La enseñanza hinduista sostiene que los estados de mente-conciencia son siete. El [i173] sexto sentido y su utilización producen siete modos de pensar o, para exponerlo más técnicamente, siete modificaciones del principio pensante y son:


1. Deseo de conocimiento. Es lo que impulsa al hijo pródigo, el alma, a los tres mundos de ilusión, o (retrotrayendo aún más la metáfora) impulsa a la mónada o espíritu a la encarnación. Tal deseo básico es la causa de toda experiencia.